Lagañas en los ojos, qué significan ?

mayo 25, 2014

¿Qué son y por que se forman las Lagañas o Legañas?

LagañasTal vez por la mañana te despiertas, y es probable que tus ojos tengan algo, de un lado, o que sea difícil abrir tus ojos cuando despiertas por las famosas lagaña (legaña).

Lagaña o conocido en algunos países como Legaña, en México también es popular llamarles “Chinguiñas“.

Las lagañas son una secreción como de tipo moco, que aparece en la comisuras de los parpados al momento de despertar en las mañanas.

¿Por qué se forman?

Simple el ojo, también tiene medios de protección contra el polvo, se forma debido a que se atrapan células epiteliales muertas de las pestañas, polvo y otras partículas, así protegiendo y evitando llegar al ojo.

Esto aparece en los bebes, y sigue en la Niñez, avanzando a los Adultos, por lo regular se quita frotando el ojo con los dedos, pero en casos severos debe ser con agua.


Papamanía

marzo 24, 2013

Papamanía

 Por Horacio Verbitsky

24–03–2013 / El campeonato mundial de fútbol y la invasión a las Malvinas ocurrieron durante la última dictadura, que los manipuló con su propaganda abrumadora. Hoy, en cambio, existen un gobierno legítimo y una oposición activa, funcionan el Congreso y la Justicia y la prensa es libre de publicar lo que le plazca.

Pese a ello, la Papamanía de la última semana pertenece al mismo orden de cosas de aquellos episodios de hace tres décadas. Hasta se dispararon las ventas de remeras y bijouterie con cruces.

Tanto el gobierno como la oposición coinciden en cortejar al nuevo obispo de Roma, de un modo tan desembozado que ayuda a entender por qué en otros períodos de la historia la Iglesia se sintió con derecho a intervenir en la vida política del país.

Para unos será el líder espiritual que respalde las políticas de lucha contra la pobreza que lleva adelante; los otros se ilusionan con que fulmine al kirchnerismo con el mismo anatema que Perón lanzó en 1974 contra la tendencia revolucionaria.

Son razonamientos tan ingenuos y prepolíticos como los de quienes imaginaban que el color de la piel de Obama cambiaria las políticas de Estados Unidos. Así avalan, aunque no se lo propongan, la concepción integrista de la religión, que debe manifestarse en todos los aspectos de la vida, tanto privada como pública.

Cuando las olas del tsunami se retiren, llegará el momento de ver qué zonas fueron las más dañadas. Los grandes medios transmitieron en cadena durante varios días y no se cansaron de publicar semblanzas apologéticas del nuevo pontífice.

En cambio, sólo se ocuparon de los antecedentes del ex jesuita para desacreditar a quienes los investigaron, con las mismas falsas acusaciones personales a las que recurrió el menemismo hace veinte años por las publicaciones sobre la corrupción en su gobierno.

El torneo de adjetivos descalificatorios brinda un triste panorama del estado del arte aquí y ahora. También dejaron involuntarias constataciones de aquello mismo que intentaban negar.

En Clarín, Sergio Rubin, amigo de Bergoglio y coautor de su autobiografía, entrevistó al presidente de la Comisión de Comunicación Social del Vaticano, monseñor Claudio Celli, quien se explayó sobre las virtudes de su nuevo jefe. Celli pasó muchos años en la Argentina, como secretario de Pío Laghi en la Nunciatura Apostólica.

Allí recibió a las Abuelas de Plaza de Mayo, que le llevaron su reclamo por los nietos detenidos-desaparecidos. Les dijo que no se preocuparan, ya que se habían pagado cuatro mil pesos por cada uno, 1 lo cual demostraba que estaban con gente de muchos recursos.

Así, “los chiquitos jamás padecerán las privaciones que impone la pobreza. Tienen el futuro asegurado”. 2

No es de asombrar. En aquella época Rubin actuaba como vocero paralelo de Primatesta y escribía en la revista Esquiú, donde se afirmó que las desapariciones eran simuladas en la arquidiócesis de París. 3

En cambio, la prensa internacional ahondó en el caso, con investigaciones propias. Para el New York Times, Francisco comenzó su papado con “ecos de la guerra sucia”, y reprodujo fragmentos de la carta de Orlando Yorio al Prepósito General jesuita, en la que pone en duda la honestidad de Bergoglio.

En la revista Newyorker, Jon Lee Anderson escribe sobre “El Papa Francisco y la guerra sucia”, que “el Papa de los humildes, como le gustaría ser conocido, es un argentino de turbio pasado”.

Después de contar su historia, concluye que “tiene mucho que aclarar sobre cómo pensaba, cuál fue su comportamiento y qué hizo durante la guerra sucia”.

El sitio progresivo Salon.com se pregunta desde el título si el papa Francisco es un fraude y responde que su atractiva personalidad se ensombrece por su relación con la dictadura militar y por actitudes sobre la homosexualidad, que bordean el discurso del odio.

La familia de Jalics le dijo al diario conservador alemán Frankfurter Allgemeine que Bergoglio era el superior contra el que Franz sentía impotencia e ira porque “había prestado falso testimonio sobre nosotros”.

El hermano de Jalics dijo que Ferenc (que es el nombre húngaro de su bautismo) “estaba convencido de que Bergoglio los había delatado a él y a Yorio a la junta militar al indicar que en el Bajo Flores se escondían guerrilleros. Esa acusación la pronunció varias veces en el círculo familiar”.

El hermano le escribió al nuncio apostólico y a Bergoglio: “He oído que usted y mi hermano habrían tenido diferencias de opinión en materia religiosa, social y política. Eso es normal. Pero no puedo imaginarme que como hijo de San Ignacio no vaya a intentarlo todo para liberarlo. Inténtelo una y otra vez”.

Bergoglio le respondió en latín, el 15 de setiembre de 1976, que “las dificultades que su hermano y yo hemos tenido a lo largo de la vida religiosa no tienen nada que ver”, que lo amaba como a un hermano y que estaba haciendo gestiones para que fuera liberado.

Según la periodista Marie Katarina Wagner, luego de un encuentro en el que Bergoglio le pidió disculpas, “Jalics quemó todos los documentos de la época”.

El Washington Post tituló su nota “Por qué algunos argentinos son escépticos sobre el rol del papa Francisco en la guerra sucia”.

En el diario italiano Il Manifesto, el profesor de Sociología Claudio Tognonatto constató que

de repente, no se puede decir, por ejemplo, que Bergoglio (que ya no es él, sino el papa Francisco), miente acerca de su pasado. Existen principios en la realidad que hay que respetar y por principio el papa no miente.

Magia. Cuando un hecho histórico no nos gusta, lo eliminamos. Magia, solo magia porque por desgracia, los testimonios de las víctimas existen y también los documentos.

No se trata de a favor o en contra, de hacer un discurso equilibrado, ecuánime, para describir una figura. Cada uno tiene un pasado, una biografía, y es responsable, ésta es la modernidad. Los hechos nos atan a lo real. Desgraciadamente los testimonios, las torturas y los desaparecidos son reales.

Demasiado reales. Los militares pendientes de proceso por crímenes contra la humanidad, que se han presentado al tribunal con los colores del vaticano en el pecho para celebrar el nombramiento de su amigo, lo confirman. La realidad es una construcción social, pero la historia no está hecha de ficciones”.

El hermano de Yorio, Rodolfo, le dijo a la revista alemana Spiegel:

Conozco gente a la que ayudó. Eso es lo que revela sus dos caras y su proximidad con el poder militar. Era un maestro de la ambigüedad. Cuando el Ejército mataba a alguien, Bergoglio se lo sacaba de encima, cuando se salvaba alguien, era él quien lo había salvado. Por eso hay gente que lo ve como un santo y otra que le teme”.

En su blog, que escribe en París, Marie-Monique Robin (autora de Escuadrones de la Muerte y de El mundo según Monsanto), transcribió fragmentos de la última entrevista concedida por Yorio antes de su muerte: cuenta que Bergoglio los presionó para que renunciaran voluntariamente a la Compañía, porque no quería asumir la responsabilidad de darles la orden de hacerlo.

Yorio firmó el pedido, pero nunca obtuvo respuesta, así como no consiguió un obispo que lo recibiera. Allí donde iban, les decían que había graves acusaciones secretas contra ellos y cuando preguntaban cuáles eran “nos decían que habláramos con el provincial de la Orden”.

En Roma, adonde viajó luego de cinco meses de cautiverio y torturas, el secretario del General de los Jesuitas “me abrió los ojos”. Ese jesuita colombiano, el padre Cándido Gaviña,

me informó que yo había sido expulsado de la Compañía. También me contó que el embajador argentino en el Vaticano le informó que el gobierno decía que habíamos sido capturados por las Fuerzas Armadas porque nuestros superiores eclesiásticos habían informado al gobierno que al menos uno de nosotros era guerrillero. Gavigna le pidio que lo confirmara por escrito, y el embajador lo hizo”.

1 María Isabel Chorobik de Mariani, testimonio ante la Cámara Federal de La Plata en el Juicio por la Verdad, 7 de abril de 1999.
2 Historia de las Abuelas de Plaza de Mayo, pp. 3233.
3 “Una misa inoportuna”, Esquiú, 26 de febrero de 1978.


2012 in review

diciembre 31, 2012

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Fenomenal discurso del presidente uruguayo Pepe Mujica en Rio+20

diciembre 29, 2012

Texto del discurso pronunciado por José Mujica, Presidente de la República Oriental del Uruguay, en la cumbre Río+20

Conferencia de Naciones Unidas por el desarrollo sustentable

20 de junio de 2012

Autoridades presentes de todas la latitudes y organismos, muchas gracias. Muchas gracias al pueblo de Brasil y a su Sra. Presidenta, Dilma Rousseff. Muchas gracias a la buena fe que, seguramente, han manifestado todos los oradores que me precedieron. Expresamos la íntima voluntad como gobernantes de acompañar todos los acuerdos que, esta, nuestra pobre humanidad, pueda suscribir.

Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza.

¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas?

¿El modelo de desarrollo y de consumo, que es el actual de las sociedades ricas?

Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes?

¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?

Más claro:

¿Tiene el mundo hoy los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos algún día, otro tipo de discusión?

Porque hemos creado esta civilización en la que estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, que significa mirar por todo el planeta.

¿Estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros?

¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía basada en la competencia despiadada?

¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es política.

El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. Porque no venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general.

Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es lo elemental.

Pero si la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor, – porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros – pero ese hiper consumo es el que está agrediendo al planeta.

Y tienen que generar ese hiper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida.

¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas encendidas! Pero esas no se pueden hacer porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del “úselo y tírelo”, y así estamos en un círculo vicioso.

Estos son problemas de carácter político que nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura.

No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”. Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado.

Por ello digo, en mi humilde manera de pensar, que el problema que tenemos es de carácter político. Los viejos pensadoresEpicúreo, Séneca o incluso los Aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho, y desea más y más”. Esta es una clave de carácter cultural.

Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hacen. Y los voy acompañar, como gobernante. Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo, “rechinan”. Pero tenemos que darnos cuenta que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa.

La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.

Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay poco más de 3 millones de habitantes. Pero hay unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos 8 o 10 millones de estupendas ovejas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura y casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué?

Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la moto, el auto, y pague cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo reumático –como yo- al que se le fue la vida.

Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor arriba de la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental.

Precisamente, porque ese es el tesoro más importante que tenemos, la felicidad. Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama felicidad humana.

Gracias.


8N, 20N y apareció el viejito Griesa. Mes movidito noviembre

noviembre 26, 2012

Buitres varios

 Por Eduardo Aliverti

26–11–2012 / Uno pensaba, tranquilamente o poco menos, que el paro del martes era suficiente como “comida” de sus reflexiones semanales. Y en eso llegó el juez Griesa, con su fallo extravagante a favor de los buitres.

El paro del martes quedó, entonces, como una anécdota insustancial. Nadie volvió a hablar de él. Veamos eso porque es una vía de análisis muy interesante, a dos puntas.

La primera es que –por lo general– si un hecho puede desaparecer mediáticamente de la noche a la mañana, con pinta de no retornar, quiere decir que no le da el volumen para ser un gran hecho. O que no interesa que lo sea.

Descartemos, incluso, la polémica en torno de cómo medir los alcances del martes pasado. Es muy tentadora la oferta de haberse constatado que ese paro no se sintió en el interior del país, ni tampoco hacia el adentro bonaerense.

Y que las fotos debieron remitirse al vacío porteño porque bloquearon los accesos a la Capital. Si de eso se colige que fue, por lo tanto, una huelga de aparatos gremiales, no cambia la certeza de que el paro ya está ubicado en un tiempo “remoto”.

La segunda punta, complementaria o en realidad primordial, es que el tejido se interconecta entre el paro y Griesa.

Esto es: ¿de qué hablamos cuando hablamos de contradicción principal? ¿Del mínimo no imponible? ¿O de cuál es la herramienta política, verdaderamente existente, de la cual se dispone para encarar avances progresistas?

El fallo de Griesa le pone límite a la pretensión de que basta con gastárselas en el populismo de la libertad, como acertó a definir Pablo Semán en una columna de P/12.

Argentina es agredida desde el exterior porque se rebeló. No lo hizo de modo intempestivo. Les dijo a sus acreedores de la fiesta noventista: te pago, pero te saco este porcentaje que es grande. Muy grande. Aceptó el 93 % de los acreedores, y el 7 que quedó afuera son los buitres éstos que prefirieron litigar.

Aparece Griesa, con esa cara de republicanista impertérrito que hace las delicias de cuanto garca quiera imaginarse.

Y le dice a la Argentina que tiene que pagarles a los litigantes, que no entraron en el canje, lo mismo o más de lo que le paga al 93 % que aceptó y viene cobrando. Y chau. Viene el terremoto.

Entraremos al default “técnico” que, según explica la derecha, consiste –entre otros cataclismos– en que las empresas argentinas tendrán que endeudarse a tasas de interés astronómicas si aspiran a créditos externos.

Algo debe haberse perdido en el camino, porque ¿no era que desde el kirchnerismo está obstruido el crédito externo?

¿Y no era que la clave es la seguridad jurídica?

Porque ahora resulta que los bonistas que sí entraron al canje, cobrando lo que Argentina les propuso bajo leyes internacionales, y específicamente estadounidenses, se enteran de que esa seguridad jurídica no existe. Lo sentenció el viejito del sistema que tanto admiran.

Como de costumbre, el único que blanqueó su pensamiento fue La Nación. En nota editorial. La seguridad jurídica es la que nos corresponde, expresó el diario contra un resto que, sobre ese aspecto, no dijo una palabra que no fuese meramente condenatoria de la “irresponsabilidad” combativa del gobierno argentino.

En el noveno y último capítulo de su magnífico libro, Economía a contramano, Alfredo Zaiat cita una definición del novelista vasco Pío Baroja, de principios del siglo pasado, sobre la existencia de distintas clases de españoles. Y la adapta por su utilidad para retratar el vínculo con la economía de:

  • Los que no saben
  • Los que no quieren saber
  • Los que odian saber
  • Los que sufren por no saber
  • Los que aparentan que saben
  • Los que triunfan sin saber
  • Los que viven gracias a que los demás no saben

Estos últimos, señala Zaiat,

“se califican a sí mismos ‘economistas profesionales’, conocidos por ser débiles a los intereses del poder económico, por ser hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica, y por circular por medios de comunicación con el objetivo de alimentar la ansiedad y el miedo de la sociedad con los temas económicos. En un mundo económico dominado por las ideas y las políticas de la ortodoxia, transitar a contramano del universo conservador es una opción para que sepan quienes no saben; entusiasme a quienes no quieren saber; disuada a quienes odian saber; brinde un paliativo a quienes sufren por no saber; desenmascare a quienes aparentan saber; desplace a quienes triunfan sin saber. Y, especialmente, moleste, incomode, a quienes viven gracias a que los demás no saben”.

Cabría la certeza de que quienes viven gracias a que los demás no saben –que son los mismos de siempre: los de la dictadura, los de los ’90, los falsos liberalotes; sobre todo economistas, pero también comunicadores– se mantienen incólumes.

Tienen o les dan espacio. Aterrorizan con lo que nos espera si seguimos así. Y nunca se acuerdan de cómo nos fue cuando se aceptaron sus diagnósticos y sus recetas.

No crecieron en número. Pero tampoco disminuyeron. Ni varió, parecería, la cantidad de gente que (hace que) les cree o que se deja asustar. Generalizando: los que entrarían en la categoría de quienes odian saber.

A efectos prácticos de esta columna dejemos, para sociólogos, psicólogos y adyacentes, la profundización de qué habría detrás de quienes persisten en creer, o asustarse con, tipos que pronosticaron hace diez años la inminencia de un dólar a diez pesos, el aislamiento mundial de la Argentina, las inversiones que no llegarían jamás.

Es seguro, en cambio, que sí creció la gente capaz de sentir que sabe un poco más. Un poco bastante, digamos.

Por fuera, casi, de cualquier caracterización ideológica, hace apenas un año este Gobierno fue refrendado por cerca de 12 millones de votos, y unos 8 de diferencia sobre el segundo.

Puede abrevarse en la teoría del doctrinario Bartolomé Mitre, según la cual esos votos son de una dictadura que embrutece a los pobres hasta el punto de que comen mierda a puro gusto. En caso de no ser así, deberá concertarse en lo siguiente.

Si después de una pila de años bajo el mismo modelo, “la gente” mostró acuerdo pasivo o activo con lo que este modelo representa para su vida cotidiana, debe ser por un “algo” que se escapó –y continúa escapándose– de la lógica y prédica de los aterrorizadores.

Muy probable y masivamente, ese algo no son ni pretensiones revolucionarias, ni religiosidad seguidora de un relato épico, ni hipnosis provocada por una linda conductora de masas con enorme capacidad oratoria.

Debe ser que se está mejor, que se universalizó la ayuda social o se adelantó y mucho en ese sentido, que la clase media consume a lo bestia, que los derechos de las minorías avanzaron como nunca; y que es imposible no cotejar ese corpus con el país incendiado de hace diez años.

Si no es eso, hay que abonar al pensamiento del simio ya citado.

No hay término medio. Y aun cuando lo hubiera, mantiene su vigor que hay mucha más gente que perdió el miedo a las amenazas del clima creado todos los santos días.

Un clima inescindible de lo que simbólicamente representa el 7D, casi al margen de lo que vaya a suceder en términos prácticos: de piso, la apertura del debate en torno al papel de los grandes medios significa –y ya no hay retorno– un progreso gigantesco en la conciencia social.

Están tirando, y continuarán haciéndolo, con lo que venga. Algunos factores, como un juez neoyorquino, les caen de regalo. Y otros, como la alianza entre derecha sindical peronista, resentidos por haber quedado afuera de listas electorales, traumados ceteístas y grupos de izquierda bullanguera que sirven para trabar el tránsito, son motorizados por la prensa independiente.

Habrá que estar dispuestos a perder la capacidad de asombro. Pero, por lo pronto, el fallo del obispo financiero que ejerce de magistrado en Yanquilandia podría implicarles un tiro por la culata. Hacia izquierda, hay la chiquilinada de pedir que se aproveche para auditar la totalidad de la deuda externa; y hacer caer todos los compromisos de pago, incluyendo los que suponen la quita más grande la historia.

No cuesta nada pensar que estamos en Cuba en 1959. Hacia derecha, hay la obviedad de que el único camino es sentarse a negociar, pagar todo lo que sea necesario y a costa de lo que fuere, ser obedientes, volver a integrarnos al mundo que les conviene a los que viven gracias a que los demás no saben, retornar a la cajita feliz.

En el medio, hay el gris de no haber más destino que el que se construye. A simple vista, uno no es capaz de apreciar que Cristina pueda convertirse en la cabecilla de la Comuna de París rediviva. Pero menos que menos, que se vaya a la derecha porque le mandan la quinta flota.

Y con eso bastaría para que, en vez de gris, sea blanco o negro.


El debate público en crisis. Deterioro de contenidos, sin grandes textos y la preeminencia de los textos

agosto 4, 2012

La decadencia del debate público

El deterioro de los contenidos, la ausencia de grandes textos y la preeminencia de los hechos.

Por Luis Tonelli

Cfkdebate03–08–2012 / Finalmente, todo es lenguaje y no podemos pensar en algo sin que lo procesemos a través de nuestro lenguaje.

Hasta las más elementales y animales emociones tienen su nombre, y si no las podemos nombrar, sencillamente no sabemos qué nos pasa.

Toda esta introducción plagada de lugares ya comunes, sólo para manifestar que si el lenguaje es el verdadero medio en el que nos movemos como humanos, deberíamos entonces estar un tanto preocupados por la decadencia evidente de nuestro lenguaje político.

Ciertamente, el lenguaje político se puede corromper convirtiéndose, en vez de en un instrumento de diálogo, en uno que incite a la violencia.

Pero también se corrompe cuando se vuelve nimio, liviano, cuando se ocupa de nominar insignificancias, cuando vuela bajo. Y el contraste es más fuerte si en el mundo entero se fragua un cambio que todavía no sabemos en qué puede terminar.

Y cuando pasan en el país y en la región cosas importantes, decisivas, para lo que la Argentina puede llegar a ser en las próximas décadas.

De esta decadencia de nuestro lenguaje político somos responsables todos. Por un lado, el kirchnerismo ha entendido que dar el debate público es una muestra de debilidad.

En su lógica, si pongo algo a debate es admitir que puede ser de otro modo, y esto es colocar una sombra de duda sobre la propia acción de gobierno pregonada como “infalible”.

Una línea discursiva peligrosa que la Presidenta viene desarrollando identifica su acción de gobierno -por investidura democrática y por enfrentar a los “poderes fácticos”- como la encarnación misma del Bien Común.

Cuando el Bien Común en sociedades complejas está siempre sujeto a interpelación deliberativa, y a lo sumo es el producto de la negociación y el consenso.

Por su parte, la oposición no ha cejado en insistir en un catastrofismo imaginario que afortunadamente nunca ha tenido lugar, y que los ha dejado siempre como esos milenaristas medievales que anunciaban el inevitable apocalipsis para el año 1000 y el 1º de enero del 1001 ya se habían quedado sin trabajo.

O sea, la sola realidad ha resultado en un espaldarazo a la acción de gobierno, con sólo desmentir esos pronósticos fatales que no sólo eran infundados, sino también aparecían como profundamente “egoístas y viles” (ya que no hay cosa más perversa que desear el naufragio de un barco en el que uno también va de pasajero).

Pero de un tiempo a esta parte, los comunicadores creen haber finalmente entendido la forma de volver interesantes los mensajes y operaciones que pasaban desapercibidos por la vasta audiencia.

Algún fisiólogo social quizás podría deducir que la activación política, en decadencia durante toda la década del noventa, encontró un equivalente funcional patológico en el duelo de cantitos de hinchadas de fútbol (que muchas veces ha pasado, lamentablemente, de los dichos a los hechos) y en los programas de chimentos de las celebrities locales. 

Lo que llevó a algunos genios vernáculos a considerar, entonces, que ellas eran las inevitables formas actuales en las que el lenguaje político tenía que expresarse.

No descarto que sea un problema personal generado por el paso del tiempo que esclerosa la capacidad para adaptarse a lo Nuevo, pero creo que es fácil constatar que ciertas formas de comunicar implican cuanto menos un deterioro de contenido y sustancia argumentativa. Algo que hace décadas atrás Giovanni Sartori bautizó como videopolítica.

Tampoco deja de ser notable que la recuperación de la movilización política juvenil se dé “ágrafamente”, sin dejar ningún documento, declaración o manifiesto, tal como era tradición en la política argentina.

Estamos asistiendo a una paradójica prehistoria oral-posmoderna de la militancia política, en donde la mayor elocuencia discursiva se da en los cánticos voceados con la mano en alto y movida acompasadamente, al estilo cumbiero de los sábados por la tele -eso sí, subidos instantáneamente en YouTube.

Cosa que, como expresión popular, es totalmente legítima y poderosa, pero convengamos en que resulta un tanto escueta como texto político que define el Qué Hacer.

Lo mismo vale para el formato “infama política” o “intrusos de la política” adoptado por los Unos y los Otros, que se expresa en la “base documental” del escrache y posterior pseudodebate entre vedettes.

Instrumento letal, un misil ad hominem para destruir la autoridad moral de quien critica lo que antes la “evidencia incontrastable” demuestra que apoyó o al menos admitió pasivamente (una foto del susodicho/a basta para demostrar su cercanía con el mal).

Ciertamente, el kirchnerismo tiene algo enorme a su favor, respecto de la oposición, que se sintetiza en el eslogan “nosotros hacemos”, que incluso puede ser utilizado como respuesta a cualquier cosa negativa que se le endilgue.

Argumento fuerte si los hay, cuando se trasuntan crecimientos chinos, gobernabilidades mayestáticas, y recuperaciones ejemplares en la ética de los derechos humanos.

La cuestión se vuelve un tanto más complicada cuando aparecen situaciones en las que no queda tan claro que el Gobierno se encuentre realizando las cosas del modo más eficiente, tales como la inflación y su medición, los efectos del control de cambios, el avance sobre la pobreza más estructural, la creación de trabajo en blanco y calificado, la política impositiva, el esquema de subsidios o las inversiones estructurales para sostener a futuro el crecimiento que se supo conseguir.

Así, por ejemplo, pasó sin pena ni gloria para el debate público el primer ministro chino Wen Jiabao, que podría haber detonado una discusión profunda sobre nuestra relación con China y sus consecuencias a futuro que, por otra parte, sean del cariz que sean, sólo pueden ser decisivas.

Hay quienes sostienen que, dado el destino ineludible de superpotencia mundial de China, se vuelve imperioso para nuestro país apurar hasta una suerte de Tratado de Ottawa (bah, mejor llamarlo por el nombre al que ha pasado a la historia, el pacto Roca-Runciman, al que enfrentó con éxito el incipiente nacionalismo argentino). Otros afirman que es más fácil tratar con los negociadores más duros de Estados Unidos que con los más afables chinos.

O bien, la noticia del ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur (logrado al haberse aprovechado un tanto oportunistamente la exclusión temporaria de Paraguay, cuyo Senado había negado su conformidad).

La inclusión de la Venezuela de Chávez como miembro pleno del Mercosur es una tremenda derrota de la diplomacia estadounidense para la región a la par que es impensable que ésta ocurra sin el apoyo intenso de Brasil.

Cosa que ha dejado pasmados a los nostálgicos noventistas vernáculos que todavía sueñan con un ALCA del que participen activamente las naciones del Cono Sur, todas felices y alineadas con Washington.

El gran país del Norte (de Sudamérica) jamás ha dejado de tener excelentes relaciones con Hugo Chávez y ciertamente, durante la presidencia de Lula, ha afianzado los lazos con el gobierno iraní de Mahmoud Ahmadinejad.

Ha tomado así decisiones que sólo asumen en una estrategia dominante y afirmativa quienes son o se creen un “big player” internacional, cosa que la atención que le prestan al Brasil las demás grandes potencias mundiales confirman (basta la atención personalizada que Barack Obama le dispensó durante este año a Dilma, tanto en la Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, como en el G-20 de Los Cabos, habiendo tenido hasta una cumbre preparatoria bilateral entre ambos presidentes).

Tal fue el entusiasmo de la presidenta brasileña que saludó el ingreso de Venezuela como la consagración del Mercosur, así ampliado, como la quinta economía mundial (por arriba de Alemania) si se suman todos los PBI de los países que lo integran. Pero lo cierto es que el Mercosur hoy no es una arena común de decisiones ni económica ni política.

Que los países de la región han crecido independientemente de él. Y que, en todo caso, si Brasil quiere que esa área se convierta en un verdadero mercado común y unidad política tiene que ser muchísimo más generoso como gran potencia que es: apoyar el financiamiento de la infraestructura regional y ceder poder institucional a favor de los países más débiles, como tantas veces lo ha prometido


El kircherimo es una forma extraña de populismo

julio 15, 2012

El kirchnerismo es un populismo (extraño)

Por Artepolítica, el 18–06/2012.

Cfkskate

Reproducimos una entrevista a María Esperanza Casullo en Ni a Palos.

– Vos hacés un laburo que es una suerte de populismo comparado sobre las experiencias de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina. En ese marco, ¿cómo definirías al kirchnerismo?

El kirchnerismo es una forma un poco extraña de populismo. Si uno lo compara con otras experiencias continentales, desde ciertos aspectos es el populismo menos populista.

Para empezar, el populismo como yo lo defino tiene que ver con un régimen con un alto factor de movilización, o sea, que está  basado no en un partido o una coalición de partidos sino en un movimiento que articula organizaciones sociales y gente de a pie pero que es constantemente llamada a movilizarse para apoyar y que tiene un discurso anti-elite y anti-sistema.

Y el kirchnerismo tiene  la característica de que en general no es movilizante, por lo menos no como en Venezuela, Ecuador o Bolivia.

Lo ha sido tal vez en momentos aislados como la crisis del 2008, pero en general es más institucionalista en un montón de cuestiones.

No hizo un reforma de la constitución, como sí pasó en Venezuela, Bolivia y Ecuador, no constituyó un movimiento nuevo, hizo algunos intentos con la transversalidad pero siempre, hasta el día de hoy, su columna vertebral es el Partido Justicialista y las organizaciones del peronismo.

Por otra parte, los discursos kirchneristas no tienen el grado de denuncia que sí tienen los de Chávez, por ejemplo.

Son discursos en general –salvo en momentos de mucha puja política como en 2008- muy centrados en el Estado, en los números de las políticas públicas, son  más institucionales en ese sentido. Y además el adversario es muy distinto también, porque en sus discursos la construcción de ese adversario es  bastante impersonal: es la banca, las finanzas internacionales, son los fondos buitre, no hay una denuncia de “la oligarquía argentina”, por ejemplo.

– ¿Pero con Clarín no se jugó esa carta de construir un enemigo con nombre y apellido?

Bueno, justamente, el tema en donde sí Argentina es bien populista es en la denuncia de los medios de comunicación. Por ejemplo, Evo no hizo una ley de medios, sí la hizo Chávez y el tema de medios es también central en Ecuador. En Uruguay y en Brasil, por ejemplo, estuve leyendo unos textos de un politólogo que dice algo muy interesante. 

Dice que los gobiernos de Uruguay y Brasil, que no son populistas claramente, no avanzaron  en el tema mediático no porque no quisieron sino porque no pudieron.

Es interesante porque el tema medios estaba históricamente dentro de la agenda de PT. Democratizar la estructura de medios  está entre las primeras reivindicaciones del PT.

Y sin embargo esa es una de las cosas que el PT  no pudo hacer. Al revés que los Kirchner, que hasta la explosión de la crisis del campo no habían puesto el tema medios en el debate pero que a partir de ahí adquiere mucha centralidad.

– En este contexto histórico, en todos los países de América se dan procesos populares interesantes, pero parece que donde más rasgos populistas se detectan es en los menos desarrollados. 

Sí, salvo en Argentina, que siempre es el caso que desafía las clasificaciones. Pero si uno ve las variables que generan mayor posibilidad de aparición de populismo a finales del siglo pasado tienen que ver con dos cosas: la primera es que cuanto más fuerte fue la crisis del neoliberalismo, mayores condiciones se dieron para la aparición de un liderazgo populista.

Una de las características que se da en Chile, Brasil y Uruguay es que no tuvieron una implosión trágica de las políticas neoliberales como si hubieron en Argentina, Bolivia o Venezuela.

Eso explica en parte que no haya habido experiencias populistas allí.

Y lo segundo tiene que ver con la debilidad del sistema de partidos.

Los países que se consideran con los sistemas de partidos más fuertes –Uruguay, Chile, Costa Rica, en América- no tuvieron, desde los 80 para acá, la aparición de liderazgos populistas.

Es decir, se tienen que dar dos condiciones: la explosión del neoliberalismo y la explosión del sistema de partidos. Y eso, de alguna manera, crea un vacío que hace posible la aparición de estos liderazgos populistas.

– Brasil y Argentina parecen pararse sobre una paradoja: porque la experiencia de transformaciones neoliberales ya ocurrió –y limitan el horizonte de cambios- y a la vez son gobiernos que avanzan sobre el fracaso de esos paradigmas.

-En el caso argentino la gran diferencia con las otras experiencias populistas es la existencia del PJ, que genera un fórmula de gobernabilidad que es distinta. El caso de Chávez o Correa es el de líderes que llegan de arriba al poder, llegan de afuera. Correa era un profesor universitario antes de ser presidente, sube sin partido, sin representantes en el Congreso, tiene que armar de cero. Y Chávez  también.

Venía con el movimiento bolivariano de antes pero no tenía un partido. El caso de Evo es distinto porque no tiene un partido pero sí responde a un conjunto de organizaciones sociales y viene de ahí.

En el caso argentino la estructura de gobernabilidad del PJ opera como soporte y como un moderador del propio kirchnerismo, no tanto en el sentido de las políticas públicas sino en la capacidad de armar un movimiento nuevo, y la capacidad de reconfigurar de manera radical el sistema de partidos.

– ¿Cuál es la relación de kichnerismo con la clase media?

Yo lo pondría al revés, me preguntaría por la relación de la clase media con el kirchnerismo. Es decir, el kirchnerismo es lo que es, y algunas de sus claves hoy son las mismas que en el 2003, y yo creo que a pesar de que cada tanto algunas de sus figuras salen con un ataque de jaurechismo explícito, el kirchnerismo se imagina como un partido de clase media. Los Kirchner no son Evo Morales, su narrativa familiar es de clase media.

– Y tal vez lo que más confirme eso es ese discurso tan anti clase media de ciertos sectores de la militancia kirchnerista. En la medida en que sólo la clase media odia a la clase media.

Totalmente, eso es lo que te fija a la clase media. Solamente la clase media se pregunta qué es y qué hace la clase media. Pero creo que lo interesante es la relación de la clase media con el kirchnerismo. Por ejemplo, en el caso venezolano, la clase media es y fue antichavista.

Pero acá tenés mucha ambivalencia, y la relación es más inestable: uno puede pensar que es posible que alguien que en octubre votó a Cristina esté caceroleando seis meses después, y tal vez en tres meses vuelva a apoyar.

– Además, en Argentina la clase media tiene densidad electoral (es mucha gente) y densidad discursiva. El humor del país es el humor de la clase media.

Es cierto, pero creo que el peso discursivo es el determinante. Vos, por ejemplo, ves los medios dominantes en Chile, y son voceros de los valores de la clase alta chilena, mientras que acá los medios se imaginan a sí mismos como voceros de la clase media.

Lo que durante años yo llamaba “la identidad Clarín”: Norma Aleandro, Alfredo Alcón, no era la cultura alta, no era la ópera. Y respecto al peso electoral diría: no se pueden ganar elecciones sin la clase media, pero con ellos solos no te alcanza.

Y esa es una de las grandes dificultades para la constitución de un sistema de partidos liberal en Argentina, porque con los sectores medios no te alcanza. Es el dilema del Frente Amplio Progresista, por ejemplo.

– Al mismo tiempo, el problema hoy es que “el malón” está en el clase media, es decir, el ruido al que hay que estar atento para que no venga el malón no está en La Matanza, está en Caballito.

Es así, eso lo escribió Manuel Barges en su blog en estos días. Dice que altera más un cacerolazo de 50 tipos en Callao y Santa Fe que un saqueo de miles en Moreno.

Y al mismo tiempo, el problema es que vos no podés gobernar sólo para la clase media porque un gobierno así dura 8 meses.

Pero vuelvo, por la influencia de los grandes medios o por el modo de circulación social de significados o como queramos llamarlo, a la clase media le es mucho más fácil generar solidaridad en las clases populares por sus demandas que al revés.

Es más, la capacidad de los sectores populares de generar solidaridad en la clase media en torno a sus demandas es cercana a cero. En los 90 el verdadero fin de régimen se vivió cuando la que protestó fue la clase media.

– Vos viajás bastante a Estados Unidos y estás atenta a su dinámica política. Nos gustaría hablar sobre Obama y empezar con una pregunta: ¿un kirchnerista argentino en Estados Unidos sería demócrata o republicano?

-Y… soy demócrata en Estados Unidos. Pero al mismo tiempo se da este fenómeno que los populistas allá son republicanos, no demócratas. Es algo interesante. En Latinoamérica hoy el populismo es la izquierda y en Estados Unidos y Europa es la derecha.

Es decir, los fenómenos movilizantes con una retórica anti-elite, anti-capitalista, anti-corporaciones o anti algo, hoy en Estado Unidos son de derecha.

Lo interesante es que la izquierda en los 90 se vuelve una izquierda tecnocrática que imagina que la política es un conjunto de problemas y que cada uno de ellos tiene una solución.

Y el problema es que ese es un discurso que no apela a momentos de crisis.

Obama en su campaña había mostrado una oratoria y una capacidad de movilización que hicieron que muchos pensaran que iba a hacer un gobierno más populista, en un contexto en el que la política es una cuestión absolutamente profesionalizada, desmovilizada y gobernada por la ecuación económica entre capacidad de gastar en una campaña y cantidad de votos que vas a obtener.

Y lo interesante es que Obama sube diciendo “No queremos desperdiciar esta crisis”, y todo el mundo pensó que venían medidas tendientes a cambiar la estructura económica y a castigar los crímenes contra los derechos humanos de la administración anterior, y luego lo que dice es “no vamos a mirar para atrás, vamos a buscar el consenso”. Y eso hace los primeros años de mandato.

– Y no le va bien.

No, hay una pequeña reactivación pero ahora la desocupación volvió a subir.

– ¿Y la reelección está complicada?

Yo creo que va a ganar pero muy ajustadamente, pero lo que sí no va a ser es una “presidencia transformacional” como la llaman los norteamericanos, es decir, Obama no quiso o no pudo llevar a cabo ninguna transformación importante de la manera en que se hacen las cosas en Estados Unidos.

Y paradójicamente, los que aparecen con mayor capacidad de movilización son los republicanos.

– ¿Y ese populismo es popular?

El pobre en Estados Unidos no participa en política, en las mejores elecciones vota en promedio el 40% del padrón y la participación es con un claro sesgo de clase media.

Así y todo, es la derecha la que mayor posibilidad tiene de penetrar con su discurso entre los pobres, con la excepción de Obama, que por su solo origen tiene una capacidad de penetrar en los sectores afroamericanos como nadie.

– Podríamos ponerlo así: los pobres afroamericanos son demócratas y los pobres blancos son republicanos.

Sí, pero con una diferencia: las minorías afroamericana o latina, en proporción, participan de las elecciones en mucho menor número.

Una de las grandes diferencias es que uno puede discutir si estos regímenes populistas en Sudamérica son buenos o malos, pero lo que nadie puede discutir es que son regímenes que tienen enraizamiento en lo popular, que rearticularon algún tipo de relación de las clases populares con la política y con el Estado; mientras que lo que vos ves sobre todo en las izquierdas de Europa y Estados Unidos es la casi total ausencia de esa relación con lo popular.

Al mismo tiempo, estos populismos actuales se dan en el contexto de una fuerte crisis de las izquierdas y del marxismo, es decir, lo que se ve es que estos gobiernos encarnan la posibilidad de construirse como antisistémicos en un contexto en el cual no existe un paradigma sobre cómo ser antisistémico, lo son como pueden, peleándose con los actores económicos que aparecen en el momento.

Eso es lo que en Europa y en Estados Unidos no pasa, las izquierdas allá tienen una lectura política en la que los procesos sociales no tienen culpables ni responsables.


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