Sintonía fina ?

enero 28, 2012

LA PRESIDENTA Y SU PRIMER DISCURSO DEL AÑO
Sintonía fina

Por Edgardo Mocca

Crisdevuelta27–01–2012 / El ejercicio provisional de la máxima autoridad ejecutiva del país por parte del vicepresidente dejó de ser una herramienta del espectáculo político puesto al servicio de la construcción de una candidatura electoral alternativa, para volver a constituirse en una rutina institucional, tal como se desprende de la Constitución. 

No hay muchas referencias a ese hecho -normal pero políticamente significativo- en el balance mediático dominante de estas tres semanas de licencia de la presidente Cristina Kirchner.

Es natural que así sea, porque el señalamiento de este cambio hubiera bastado para poner en el foco la principal transgresión institucional que experimentamos en los últimos años, ante el pudoroso silencio de tantos republicanos escandalizados por el supuesto debilitamiento de la calidad de nuestra democracia. Entre Julio Cobos y Amado Boudou media un salto en el fortalecimiento de nuestra institucionalidad.

La plena continuidad política durante la ausencia de Cristina Kirchner quedó marcada a fuego por el primer discurso presidencial después de su reasunción.

Su mensaje desgranó, en el habitual estilo coloquial y polémico, los dos grandes temas que atravesaron la agenda política durante su ausencia: la tensión diplomática con Gran Bretaña por las Islas Malvinas y la denuncia contra las grandes empresas petroleras por abuso de posiciones dominantes en el mercado.

Reivindicación soberana anticolonialista y defensa de la economía nacional de sesgo antimonopólico constituyeron la línea central de su discurso. Las operaciones mediáticas a propósito de su operación, comentadas en tono irónico y colorido, completaron el contenido de la intervención.

El tiempo transcurrido desde el comienzo del nuevo mandato es insuficiente para esbozar las tendencias del escenario político, pero pueden arriesgarse algunas líneas principales.

La Presidenta ratificó la formulación de la “sintonía fina” como definitoria de la nueva etapa, no sin agregar un nivel mayor de explicitación de su significado.

“No es ajuste, es que se terminó la avivada”, dijo.

Una forma posible de interpretar la frase podría ser la de calificar y darle mayor eficiencia al nuevo protagonismo estatal en la economía desplegado desde 2003.

Lejos de la demanda de “reducción del gasto público”, como reza el sonsonete de los economistas del establishment, de lo que se trata, según parece, es de afinar el control sobre la dirección de cada peso que invierte el Estado para impulsar la producción e incentivar la demanda agregada.

Es completamente comprensible que los adversarios decodifiquen ese enfoque como la obsesión de conseguir y ahorrar dólares en tiempos de amenazas externas como producto de la crisis del capitalismo mundial, lo que es totalmente cierto.

Solamente hace falta discernir si se trata de un regreso a la ortodoxia del ajuste o se orienta a racionalizar los recursos estatales manteniendo los pilares del rumbo de estos años, la defensa y expansión del empleo, la promoción del consumo de las clases populares y una mejor distribución de la riqueza.

Sintonía fina significaría, de acuerdo a esta lectura, el reconocimiento del cambio de condiciones en la economía y la sociedad argentina en los diez años transcurridos desde el derrumbe generalizado de diciembre de 2001.

Quienes hoy se rasgan las vestiduras por los efectos regresivos de los subsidios al transporte, por ejemplo, se niegan a inscribir la decisión de imponerlos en la historia concreta de nuestra sociedad.

No quieren hablar de cuáles habrían sido los riesgos, para la economía y para la paz social en el país, que hubieran emergido de un aumento drástico y generalizado de las tarifas del transporte público en los tiempos en que había un 25 % de desocupación y la devaluación había derrumbado el poder adquisitivo de los salarios.

Claro que el argumento de que los subsidios podrían haber sido eliminados gradualmente en los últimos años resulta seductor; pero implica una mirada de la economía abstraída del contexto político: ignora las condiciones en las que se desarrolló el primer gobierno de Cristina Kirchner, signado por la rebelión de las patronales agrarias, el sabotaje de los grupos mediáticos oligopólicos y un proceso de centrifugación de sus propios recursos parlamentarios y políticos.

Una medida siempre delicada y traumática como el retiro de los subsidios no puede decidirse al margen de la realidad de las relaciones de fuerza políticas.

Sintonía fina es reclamo por la soberanía en las Malvinas sin estridencias ni brotes xenofóbicos y deslindando rigurosamente al planteo de la aventura militar oportunista e irresponsable de los generales de la dictadura.

Es también la diferenciación entre el apoyo al capital basado en la promoción del crecimiento y la reindustrialización y la utilización empresaria de ese apoyo en la exclusiva dirección al aumento de sus tasas de ganancia.

Es dejar de subsidiar el consumo energético y de transporte de sectores pudientes de la sociedad sin perjudicar a los sectores populares beneficiarios de esa ayuda. Y hay también una sintonía fina en la relación con las organizaciones corporativas de los diferentes sectores de la producción.

Entre los empresarios, y más allá de los sectores ideológicamente comprometidos con el retiro de la mano estatal del mercado -que suele ser una forma de compromiso ideológico con la ganancia fácil y la especulación financiera-, el Gobierno ha avanzado en una relación más fluida, que se expresa en la nueva orientación de la conducción de la UIA.

Sin embargo, aún en ese sector cercano al Gobierno existe la creencia de que las eventuales dificultades que puedan emerger del ciclo crítico del capitalismo mundial deben caer, principalmente, en el salario y en las condiciones de empleo de los trabajadores.

Eso no puede escandalizar a nadie. Como tampoco debería sorprender que en la dirigencia sindical exista la ambición de proteger y ensanchar sus conquistas sociales alcanzando una cuota más importante de influencia y poder político.

De lo que trata la sintonía fina es de administrar inteligentemente esas pretensiones naturales sobre la base de un proyecto general de país, sin que esto presuponga -tal como suele aclarar la Presidenta- una posición de neutralidad entre los más poderosos y los más vulnerables.

Bajo el rótulo de la sintonía fina, bien podrían incluirse algunos temas frecuentemente atravesados por miradas polares e intransigentes.

Tal el caso de la discusión sobre las condiciones de explotación minera en el país que suele hacerse desde las trincheras opuestas de un productivismo capitalista sin límites y de un proteccionismo ambiental radical que no se hace cargo de las necesidades económicas de algunas provincias a las que en otros tiempos los gurúes del Banco Mundial pusieron el mote de “inviables”.

No es solamente un problema nacional: las relaciones entre el neodesarrollismo de los gobiernos populares de la región y los anticapitalismos basados en la idea del “buen vivir” están atravesadas por fuertes tensiones que no existían en las épocas del pensamiento único neoliberal.

Aquí tampoco sintonía fina equivale a una “neutralidad” que malogre la calidad de vida popular en esta generación y en las venideras.

Con un cierto artificio, también se podría incorporar en la agenda de la sintonía fina, la cuestión de las relaciones entre gobierno y oposición. Aquí también el cuadro ha cambiado.

No existe el grupo A, los halcones más decididos han sido duramente golpeados en las urnas y en varios círculos partidarios empieza a ser puesta en cuestión la estrategia de la sumisión política incondicional a los poderes fácticos y a su centro coordinador mediático.

El debate cunde en el radicalismo, en el que las voces más conspicuamente conservadoras claman por enfrentar a fondo al “populismo” -justo en el partido de Yrigoyen-, mientras otros sectores reivindican el carácter nacional-popular de la tradición partidaria.

Hasta desde la máxima conducción de la Coalición Cívica, su secretario general Adrián Pérez sostiene que la oposición no puede actuar eficazmente en el Congreso sin un diálogo fluido con el oficialismo.

Acaso haya llegado el momento de la sintonía fina en el abordaje de esa realidad, que podría tomar la forma de una estrategia dirigida a diferenciar a los incondicionales de la derecha mediático-política de aquellos que, aunque más no sea por sensatez y pragmatismo, luzcan dispuestos a inaugurar una nueva etapa en la que la discusión política no roce sistemáticamente las fronteras de la deslegitimación y la desestabilización.


Debates. El “Argentinazo” del 2001

enero 10, 2012

El “Argentinazo” y sus consecuencias visto por destacados militantes políticos y de derechos humanos

por Fernando Chamorro – Periodista

09–01–2012 / Destacados militantes políticos y de derechos humanos hablan sobre el Argentinazo y sus consecuencias a 10 años de su conmemoración. Reflexiones de Nora Cortiñas cofundadora de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora.

Vicente Zito Lema poeta, periodista y militante de los derechos humanos, en el exilio conformó junto a Julio Cortázar y David Viñas la Comisión Argentina por los Derechos Humanos CADHU.

Luis D’Elía es uno de los principales dirigentes del Movimiento Piquetero, lidera la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat perteneciente a la CTA (Central de los Trabajadores Argentinos).

Rubén Saboulard es coordinador del Movimiento Asambleas del Pueblo.

Pancho Montiel es dirigente del Movimiento Estibadores Portuarios de Pie.

Roberto Perdía es ex-dirigente de la Organización Montoneros y actual líder de la Organización Libres del Pueblo (OLP).


El 19 de diciembre de 2001, bajo el lemaque se vayan todos”, los argentinos se echaron a las calles para protestar contra las asfixiantes políticas que habían sumido en un abismo a la inmensa mayoría del pueblo.

Días antes habían sufrido la confiscación de sus ahorros con el llamado “corralito”, que afectó sobre todo a la clase media y desató una ola de indignación ciudadana que sacudió a la clase política.

5 presidentes fueron tumbados en 13 días a costa de 39 personas asesinadas (9 menores de edad) por las fuerzas de seguridad del estado.

La sociedad argentina empezaba a mirarse desnuda de los espejismos en los que había vivido los últimos años.

Los datos del INDEC reflejaban que el 40% de la población vivía bajo la línea del umbral de la pobreza. Y, mientras en el exterior se consideraba al país como el granero del mundo, en algunas provincias del norte argentino morían niños por desnutrición.

Se había colmado el vaso y estalló. Para algunos movimientos sociales y políticos el estallido social no fue algo espontáneo, sino “el producto de una larga acumulación de fuerzas de poder en el seno del pueblo”, según Roberto Perdía ex-dirigente de la organización Montoneros.

Mientras que para el líder piquetero Luis D’ Elía supuso

“el parto de 30 años de lucha contra el Plan Cóndor, la lucha de Madres de Plaza de Mayo, la pelea de los trabajadores metalúrgicos, la lucha contra las privatizaciones, la marcha federal a mediados de los 90 contra la globalización neo-conservadora, el Matanzaso… es decir, muchas luchas que van preparando la cabeza y el corazón del pueblo y que emergen ese día y dicen basta de neoliberalismo conservador”.

Sin embargo, Vicente Zito Lima, reconocido militante por los derechos humanos, reconoce que fue otra oportunidad perdida.

Estuvo bien el estallido porque la situación era insoportable, pero se pudo haber crecido de una forma más potente para haber cambiado el mundo y no estuvimos preparados para hacerlo. No es que no había cuadros, pero eso nos supera, es muy espontáneo, con lo positivo y negativo que tienen los estallidos. No es que sea todo malo, está fantástico pero también eso puso límites en los frutos del estallido”.


La dictadura militar y la liquidación de la organización popular

Para explicar los límites de esa organización que pudo desencadenar en un mayor protagonismo de las clases populares hay que remontarse a la dictadura.

“La dictadura dejó miles de muertos, no importa si fueron 30 mil o 15 mil, fueron miles. Fueron muertos los mejores, después de los muertos hubo un exilio interior y exterior (gente que se fue a vivir al campo, a la provincia), gente que dejó de militar porque la gente decía, no te metas en política porque te van a matar, no sólo a vos sino a toda tu familia”, argumenta Rubén Saboulard, coordinador del Movimiento Asambleas del Pueblo.

“Se perdieron muchos cuadros en todas las ramas de la acción social desde el campo de los derechos humanos, a la cultura, al arte, a los sindicatos, a toda la levadura de la construcción de un nuevo mundo”, concuerda Vicente, compañero de Rodolfo Walsh y Paco Urondo en su etapa más activa de periodista, y añade que

“había costado preparar tantos cientos y miles de cuadros que se perdieron. Incluso gente que no tenía nada que ver fue víctima, pero también es cierto que buena parte de los cuadros para esa revolución con la que soñamos históricamente murieron, los desaparecieron, y otros miles fuimos al exilio. Y cuando volvimos las circunstancias no eran las mismas. Todos esos luchadores, por más que surgiera nueva gente, no pueden surgir de un día para otro, se necesitaron años y años de formación”, añade.


La gente no solo moría de hambre, moría también de tristeza

Después de esa dictaduraque obligó a la gente a convivir con lo peor de sí misma”, como dice Zito Lema, los gobiernos constitucionales continuaron con la ejecución sistemática del saqueo y la adecuación de la estructura del país a la dominación de las potencias extranjeras.

La extranjerización de la economía, las privatizaciones generalizadas, la desregulación del mercado de trabajo fueron las políticas emblemáticas con las que Menem complementó la tarea iniciada por la dictadura.

Cuando se modifican y cambian las relaciones de producción a través del neoliberalismo, Argentina deja de ser un país vendedor y se convierte en comprador”, señala Pancho Montiel, dirigente del Movimiento Estibadores Portuarios de Pie, y prosigue:

Consecuentemente se rompe la industria nacional y se produce como una diáspora, una ruptura, una derrota total de la clase trabajadora. Con el gremio portuario se comete un genocidio si se toma en cuenta el concepto político internacional que es la liquidación de un grupo nacional”.

Comenta que cuando empezaron a reorganizarse para reclamar sus derechos en el 2005, habían muerto más de 4.800 portuarios que al momento de la privatización tenían entre 40 y 50 años.

“La gente se murió de tristeza porque no sabía hacer otra cosa”, lamenta.

A raíz de esa destrucción del tejido industrial se desplaza la escena de organización de la clase trabajadora. La clase ya no se organiza en el trabajo, sino que pasa a ser el territorio el ámbito de organización.

Y aparece un nuevo sujeto social que son los piqueteros (los movimientos de trabajadores desocupados).

Un movimiento que según el propio D’ Elía

tuvo un papel muy fuerte durante la década de los 90 empujando la disputa en todos los lugares de la Argentina, siendo el sujeto más dinámico de la clase obrera. Una clase obrera que, a diferencia de otros países de Latinoamérica, tuvo unos estándares de vida muy altos”.

A lo largo de la década de 1990 se sucedieron diversas luchas piqueteras y puebladas que fueron acumulando más experiencia en la lucha popular hasta llegar al mandato de De La Rúa que decreta el estado de sitio para frenar la revuelta popular del 2001.

Lejos de aplacarse, la situación se vuelve más insostenible hasta que huye de la Casa Rosada en helicóptero.

El caos institucional hace desfilar a otros presidentes hasta que Duhaldeconsigue mediante un régimen de devaluación cambiar algunos ejes, resucitar un poco el modelo económico, desarrollar el mercado interno y a partir de ahí desatar una nueva situación que culmina con el triunfo de Kirchner”, explica Perdía.


Los frutos de la Revuelta Popular

Sin embargo, la revuelta popular fue un punto de inflexión que dio lugar a la creación y el desarrollo de importantes fenómenos sociales como las asambleas populares.

“Fue una experiencia histórica porque la gente empezó a tomar su propia representación”, dice Vicente, y agrega que

siempre como que se delega la lucha en los combatientes, en los héroes, en los mártires, en los mitos, y eso no es lo mejor. Lo mejor es cuando la gente participa activamente y en las asambleas volvió ese viejo sueño de la participación. Mucha gente participó de las asambleas, cierto que muchos cumplieron un período y se fueron pero fueron útiles porque de la mayor cantidad surge la calidad y quedaron cuadros”.

Rubén Saboulard que coordina una de las pocas asambleas que quedan en pie recuerda “los días en que la clase media fue de izquierdas” y valora las asambleas como

un organismo de poder aún con la clase media porque nadie tenía la hegemonía dentro. Había peronistas, anarquistas, comunistas, trotskistas, cristianos. Y en el 2003 cuando el Kirchnerismo empezó a gobernar, la organización se fue sedimentando y se quedó la gente que se fue adhiriendo a un programa que elaboramos en común”.

No sólo las asambleas coparon el espacio público de debate y reflexión para la construcción de alternativas frente al modelo expoliador.

La recuperación de las fábricas por parte de los obreros fue un hecho inédito y ahora viene gente de todo el mundo a estudiar este fenómeno”, dice Zito Lema, que ahora dirige la Universidad de los Trabajadores en el IMPA, una de las fábricas recuperadas más grandes.


Los políticos tenían que vestirse de mendigos para salir a la calle antes que ganara Kirchner

Diciembre de 2001 marcó también un nivel de conciencia y de lucha del cual nacieron una gran cantidad de organizaciones sociales que siguieron empujando para exigir una mayor justicia social.

Las fuerzas políticas tradicionales que mejor leyeron lo que había pasado el 19 y 20 de diciembre fueron los Kirchner, aclara Perdía, y agrega que

hicieron de esas reivindicaciones una buena parte de su discurso y produjeron hechos importantes en esa dirección como la reivindicación de los derechos humanos vinculada al pasado, políticas más latinoamericanistas, algunas políticas asistencialistas más fuertes… pero todo eso en el marco de la continuidad de lo que sería el viejo modelo agro-exportador”.

En definitiva, este gobierno vino a restablecer un sistema institucional que garantizara la continuidad y reproducción del sistema capitalista.

En el 2002 los políticostenían que vestirse de mendigos para salir a la calle”, comenta con ironía Saboulard, y reitera que después de 10 años el Kirchnerismo reconstruyó la legitimidad del poder capitalista, la gobernabilidad, el orden.

La base social fundamental con la que reconstruyó ese orden fue la clase media y lo hizo a costa de facilitarle créditos, acceso a los autos, etc.

“El kirchnerismo no dijo, voy a hacer justicia social, y dijo, voy a entregar autos y colectivos. La base social la reconstruyó con concesiones económicas. Es decir, la sociedad no es socia del kirchnerismo: es cliente”, recalca.


El Kirchnerismo construyó con la billetera, no con el corazón

Ese clientelismo del que habla el coordinador del Movimiento Asambleas del Pueblo puede reflejarse también en la incorporación de muchas organizaciones en el entramado oficialista.

Para Rubén,

las organizaciones que están con el gobierno reciben recursos ilimitados y hay una cantidad enorme de organizaciones ficticias, pymes totales. El Kirchnerismo no construyó con el corazón, construyó con la billetera, y durará lo mismo que le dure la billetera”.

El líder de las Organizaciones Libres del Pueblo, Roberto Perdía, asegura que

el avance del Kirchnerismo llevó en muchos casos a la cooptación de muchos grupos de izquierdas, peronistas o no, que se han incorporado al Gobierno”.

Valora las intenciones que puedan tener “estos compañeros, pero creo que están sirviendo a convalidar este sistema”.

Sin embargo, el líder político Luís D’Elía no está de acuerdo con esa posición y afirma que

“trabajar articuladamente con el gobierno no quiere decir perder la autonomía”.

Afirma que tuvo que renunciar como sub-secretario de Tierras de la Nación por decir que estaba en contra de la actual política del gobierno con Irán.

“Pagué el costo y tampoco me pasé al bando de la oligarquía”.

Argumenta que

para pensar en el socialismo del siglo XXI primero hay que volver a tener cultura capitalista. Esto reconstruye el capitalismo y nos permite empezar a soñar con estadios superadores. Creo que este gobierno ha sido el de mayor acumulación y avance del pueblo argentino en 70 años, después de Perón”.

No obstante, Nora Cortiñas afirma que

mucha gente de los organismos de derechos humanos están haciendo mucho partidismo político porque el oficialismo ha cooptado a muchos de sus militantes. También algunas madres y Abuelas de plaza de Mayo han caído en eso. Incluso algunas Madres de la Línea Fundadora han olvidado que tenemos que ser independientes para volcarnos sin un partidismo a la defensa de los derechos humanos que no nos favorece”.


Una lectura arqueológica de los derechos humanos

En cuanto a la defensa de los derechos humanos, existe una unanimidad en reconocer la labor del gobierno en condenar a los represores del pasado. La co-fundadora de Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora) asegura que nada les fue regalado.

Fueron logros que vienen de la movilización popular de más de 30 años. Este gobierno escuchó nuestros reclamos y hemos tenido avances en la justicia y no en la verdad”.

Señala que

todavía falta abrir los archivos de la dictadura cívico militar y su terrorismo de estado. Y con esos archivos no solamente saber qué pasó con nuestros hijos e hijas, sino también tener un muestreo de muchos responsables que están hoy en día con cargos públicos. Porque pasan nuevos hechos de violencia donde tienen que ver estos personajes que estamos seguros que los vamos a encontrar en esos archivos”.

Según Vicente Zito Lema existe una lectura arqueológica de los derechos humanos y señala que

“el actual gobierno ha tenido una gigantesca valentía para condenar a los represores del pasado pero simultáneamente no encara con la misma fortaleza las represiones, los secuestros, las desapariciones, que no son en la misma cantidad del ayer pero que existen y que también son terribles. Son gente que sale a la calle a pedir trabajo, a pedir comida, un pedazo de tierra, y los castigan y los matan”.

Saboulard cuestiona las políticas de los derechos humanos al afirmar que

más de dos mil personas han muerto por el gatillo fácil en lo que va del gobierno Kirchnerista. En general eran pibes de los barrios pobres muertos por la policía y apenas hay 10 policías presos”.

“¿Cuáles derechos humanos? ¿Los derechos humanos de hace 40 años? Me parece bien pero eso no me da a mí la seguridad que si yo salgo mañana a la calle la policía me trata como un ciudadano porque a fin de cuentas es la misma cana. El gobierno dijo que iba a democratizar las fuerzas armadas. ¿Dónde están los interventores civiles en el servicio penitenciario, en las policías? ¿Dónde está el descuartizamiento de las estructuras represivas del ejército?”, se pregunta.


La criminalización de la protesta social, la ley antiterrorista

Otra de las críticas que se hace de los gobiernos constitucionales en general y de éste en particular es la criminalización de la protesta social.

Pancho Montiel, que estuvo preso durante 11 meses por su lucha en favor de la jubilación de los trabajadores portuarios, afirma que el gobierno sale a perseguir a los luchadores sociales

con el código penal de Menem en la mano. Acá hay 5 mil procesados y el gobierno no está defendiendo nada los derechos humanos. Si te van a respetar los derechos humanos porque vos estás en tu casa, abajo de la cama y no te importa un carajo lo que le pasa a los demás, nadie te va a perseguir, ni la dictadura te perseguía”, recalca.

Saboulard también sostiene que la organización que coordina fue la más perseguida y que más presos tuvo (más de una veintena y al menos 12 juicios) en la Capital Federal.

Reconoce la solidaridad de las organizaciones sociales de izquierda más pequeñas ya que

“los organismos de derechos humanos más vinculados al estado no defienden a los pobres, solo defienden a los que tienen prestigio”.

Esta preocupación de las organizaciones sociales y políticas se acentúa más con la ley antiterrorista que acaba de ser aprobada hace pocos días.

Supone la duplicación de las penas para todos los delitos que puedan ser considerados en función del terrorismo.

A pesar de no estar de acuerdo con su aprobación, D’ Elía resalta que “también acosa a los que trafican con dólares”, algo que ve positivo.

En cualquier caso cree que el gobierno no pondrá en práctica esta ley.

La aprobó para no estar fuera del G 20, que es donde se discute todos los commodities, que son importantes ingresos del estado argentino”, remata.

Sin embargo, Vicente Zito Lema comenta:

Yo, que tengo una memoria histórica ya sea por una cuestión de edad, sé que cuando salen estas leyes son preanuncios de situaciones malas”.

Dice que pagaría por equivocarse pero la historia, la experiencia personal y militante le indica que

cada vez que salía alguna ley de estas te daban palos, te perseguían, te metían en la cárcel porque son leyes de una amplitud monstruosa y podés ir preso por cualquier cosa. Toda la lucha social cae bajo la ley antiterrorista, en mi tiempo se llamaba ley anti-subversiva. Son leyes muy genéricas y quedan a la interpretación de los jueces y aquí los jueces dependen totalmente del poder político. Y si lo ves desde el poder, cortar una calle sería un acto terrorista”.


La lucha continúa

Si Argentina fue el laboratorio de los planes estructurales de los organismos financieros internacionales como el FMI, también desarrolló dentro de la sociedad todo un proceso de lucha y resistencia frente a ese modelo económico impuesto.

“Desde el 2001 hasta aquí se han construido nuevas cosas. Cada vez se están uniendo más las experiencias de nuestra generación, la de la revolución frustrada, con las nuevas generaciones”, reconoce Vicente, que lleva más de 50 años de militancia.

Además recuerda que desde que volvió del exilio se acercó a la política muchísima gente joven

con titubeos, con contradicciones, algunos demasiado rápido, otros demasiado lento, otros con dudas, otros desconfiados, es decir, con todos los límites pero que surgieron en una cantidad que nunca había visto antes desde el inicio de la constitucionalidad”.

Rubén Saboulard también destaca la revuelta popular como el resurgimiento de una generación nueva

“que, como todo lo nuevo, surge inexperto, sin un gran dominio de la historia que tuvimos. Por lo tanto surge como reformista, no surge como generación revolucionaria. Con todo, hay una cantidad enorme de organizaciones que supone un fenómeno interesante. Pero hay algo que está por fuera de eso, que es la izquierda. Esa izquierda choca ahora contra el gobierno y los centristas chocarán mañana al observar las políticas del ajuste.

Cuando venga la crisis internacional, el gobierno tiene dos caminos posibles: enfrentarse al pueblo para cumplir los dictados del capitalismo internacional o junto al pueblo resistir y aplicar medidas reformistas. El segundo camino no lo va a recorrer jamás y nosotros, la izquierda, tendremos que luchar con más fuerza”, concluye.


Nudos gordianos…

diciembre 18, 2011

Los avances y el Consejo

 Por Mario Wainfeld

El libro El diálogo social y las relaciones laborales en la Argentina 2003-2010, escrito por el politólogo Sebastián Etchemendy, propone una recomendable recorrida por los avances en ese lapso.

Apela al análisis comparativo, tan infrecuente en estas pampas. Recorre con minucia la construcción (eventualmente, reconstrucción) de una institucionalidad laboral que estaba desmantelada y privada de sentido.

Una reseña, parafraseada por este cronista, marca la existencia de convenciones colectivas anuales sostenidas y con mejoras, la creación de la paritaria nacional docente, la restauración del Consejo del Salario, la negociación colectiva en el sector público.

Una triple comparación deduce el cronista. En América del Sur, la Argentina es el país con niveles más altos de participación, negociación colectiva, afiliación sindical, aumento de la cantidad de acuerdos entre 2002 y 2009. Sólo queda atrás de Brasil y México en lo que hace a la existencia de un Consejo Económico y Social.

Los avances internos, medidos contra el año 2003 o contra cualquier momento de la restauración democrática, trepan a marcas llamativas, a menudo subestimadas en lecturas hostiles al Gobierno o aún afines.

Sin embargo, cuela el cronista, los indicadores socioeconómicos de la Argentina siguen detrás cuando corren contra sus propias marcas previas a la dictadura.

- – -

En la inminencia de un período signado por la volatilidad económico-financiera del Primer Mundo, sería fatal renunciar a lo construido o retroceder. Todo indica que lo deseable, en cambio, es reforzar el marco legal con alguna instancia tripartita que explore mecanismos para afrontar los coletazos locales de la crisis.

El Consejo Económico Social es una herramienta de muy difícil articulación. El oficialismo la tiene en carpeta desde 2007 pero nunca encontró el momento para implementarlo. Incidieron seguramente limitaciones propias pero, sobre todo, los corcoveos de las corporaciones patronales a partir del conflicto “del campo”.

Tal vez la realidad local no deje espacio para una estructura compleja y eficaz. Pero sí sería interesante algún mecanismo de articulación tripartita para afrontar los nuevos desafíos, bajar la nominalidad de la economía y pactar condiciones de esfuerzo compartido (claro que no idéntico) para la coyuntura.

El sesgo pro operario del kirchnerismo es condición forzosa para la viabilidad de un proyecto así. También el establecer mesas de negociación en las que participen las representaciones de trabajadores, empresarios y Estado. Al día de hoy suena casi imposible. Un oficialismo que supo desatar nudos gordianos tiene el reto de buscarle la vuelta, convocando a la racionalidad de los actores.


Cuidacoches extorsivos cerca de estadios y otras zonas de estacionamiento libre

diciembre 11, 2011

“Cuidacoches” en Capital, denuncias varias

Trapitos1

La situación no es nueva. Por el número de comentarios (más de 600, la mayor cifra en la historia de Testigo Urbano para un post), se puede entender que es uno de los temas que más preocupan y molestan a los porteños.

Se trata de los “cuidacoches”, “trapitos”, y demás formas de cobro por estacionar en sitios que son de uso público.

En los últimos días, se recibieron distintas quejas por esta situación. Jana Oprandi envió el siguiente relato:

“Cuando hay partido en la cancha de Huracán, hay unos ‘cuidacoches’ que te cobran entre 20 y 30 pesos por estacionar en la vía pública, donde el estacionamiento es gratuito. Esta denuncia ya fue realizada en una Fiscalía del Gobierno porteño, la Policía fue a inspeccionar e informó que no se está cometiendo delito, entonces la denuncia no se sigue. Cualquiera que quiera estacionar cerca de la cancha, cuando hay partido, se ve obligado a pagar, porque de lo contrario no sabés lo que le pueden hacer a tu auto”, expresó.

Por comentarios previos, se puede saber que esta situación se vive en los alrededores de la gran mayoría de los estadios de fútbol de los clubes de Primera.

En tanto, el usuario Pablo Pelegri denunció dos situaciones en la zona de Palermo.

En la puerta del Jardín Japonés, en toda la cuadra, al estacionar, aparecen unos muchachos que, con ropa de cuidacoches y franelita en mano, te obligan a pagarles $5 por estacionar. A cambio, te dan un numerito como de una ‘rifa de colegio’”, afirmó.

La otra situación, según relata, se vive en la dársena de estacionamiento del Club de Amigos de la Ciudad de Buenos Aires.

Hay un cartel que dice que se puede estacionar libremente. Pero el ‘Señor’ que está cuidando los autos allí echa a quienes no vamos al Club de Amigos, diciendo que es exclusivo para ellos. Si uno se queda, primero dice que denunciará a la Policía ese auto y que se lo llevará la grúa, ya que, según él, el cartel ya no tiene vigencia. Si uno insiste en quedarse, entonces este hombre amenaza con romper el auto. Me sucedió el 11 de julio pasado”.


Los “cuidacoches” extorsivos en Palermo

diciembre 11, 2011

Quejas por los “cuidacoches” en Palermo

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Gustavo, usuario de Testigo Urbano, envió su denuncia por la presencia de los llamados “cuidacoches”, esta vez en la zona de La Rural y el Zoológico, en el barrio porteño de Palermo.

Las fotos prueban que en la zona continúa (trabajando) esta mafia de los cuidacoches. Y que ante este abuso la Policía no hace nada”, expresó el usuario, cuyo apellido se mantiene en reserva. Las imágenes fueron tomadas el fin de semana pasado, cuando el usuario fue hasta la zona para filmar para un trabajo de la universidad.

Cuidacoches2

Al estacionar cerca de La Rural, una persona nos dice que nos cuida el coche por 5 pesos”, afirmó Gustavo, quien dice que pagó por el servicio, pero la mitad de lo que le pedían. “Al rato, luego de filmar, descubro parado en la esquina a un oficial de Policía, haciéndole la boleta a los que estaban mal estacionados”, relató.

El que pide es un hombre, pero en realidad son una banda integrada por 6 o 7 personas, y amenazan con romperte el coche si uno se niega a pagar. De más está decir que no tienen ninguna habilitación o documento que los respalde”, afirmó a Testigo Urbano. “¿Nadie hace nada? ¿Los que deberían protegernos miran hacia otro lado?”, es la pregunta que se hace Gustavo y muchos otros vecinos que se ven envueltos a diario en esta situación.


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