Reportaje a José Pablo Feinman. La derecha y sus odios profundos

“La derecha nunca se equivoca con sus odios y este odio es muy profundo”

Por Néstor Leone

jpfeinmann06–08–2010 / José Pablo Feinmann, filósofo y escritor, presenta su libro sobre el peronismo y analiza las continuidades y rupturas del movimiento en 65 años de historia 

Casi 800 páginas tiene este 1º tomo, el que presenta por estos días. Otras 800 tendrá el próximo, de pronta aparición.

Así de voluminoso, así de desmedido, así de inabarcable es el megaensayo sobre el peronismo de José Pablo Feinmann. Escrito en diferentes registros, con géneros que se entrecruzan y mucho derroche de buena pluma, osadía, emoción y compromiso con su objeto de estudio, Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina promete convertirse prontamente en una obra imprescindible sobre el movimiento político que marcó como ningún otro a la Argentina de las últimas décadas.

En esta entrevista, Feinmann analiza los puntos medulares del libro y hace un ida y vuelta permanente con la vida política de estos días.

– ¿Cuáles son las grandes continuidades del peronismo que nos permiten, 65 años después, seguir hablando de lo mismo?

Hay continuidades, pero no hay una gran continuidad. Porque la continuidad del 1º peronismo la quiebra el mismo Perón. Diría, entonces, que el aparato político, su maquinaria electoral, su vocación de poder, y no mucho más.

Eso como primera definición. En ese sentido, el fenómeno que introduce el kirchnerismo es recuperar una parte muy valiosa de la identidad peronista.

Por eso hay tanto odio, hay tanta furia de los sectores más tradicionales de la derecha argentina. Porque el gobierno de Kirchner recupera para el peronismo la insolencia contra el verdadero poder del país, o sea, contra los sectores más concentrados.

– Y como dice en el libro, la derecha nunca se equivoca con sus odios.

Exacto. De ahí que me asombre que algunos tipos que se dicen izquierdistas estén vacilando en un momento dramático como éste, porque es tanto lo que está odiando la derecha a este gobierno que debería aclarar la sesera de algunos. La derecha no se equivoca con sus odios, claro, y este odio es muy profundo.

Hay tipos que vos notás que están realmente obsesionados, que están padeciendo una enfermedad de odio. Están pensando nada más que en eso. Y cuando se está pensando sólo en una cosa no se está pensando en la totalidad.

Pienso en Joaquín Morales Solá, por ejemplo. Ha dejado de ser creíble, incluso para los suyos. Tiene una carga de emocionalidad casi violenta en la crítica que pierde credibilidad, pero también satura.

De ahí que la prensa opositora esté sufriendo un efecto paradojal: satura al lector con una novedad que nunca se produce. Se repite siempre la misma noticia, que consiste en decir que este gobierno es una porquería, que es populista, que es antidemocrático, que hay que tirarlo. Siempre dicen lo mismo. Entonces, el lector dice “cuándo habrá una nueva noticia, porque todos los días leo la misma”. Y ahí se produce ese efecto paradojal de saturación.

– ¿Estamos en ese estadio?

Estamos ahí. Les estoy dando una mano a los diarios más concentrados del poder: muchachos, tienen que ir por otros lados si quieren ser efectivos.

– ¿Cómo explicar ese odio en términos más racionales? ¿Es la larga agonía de la Argentina peronista que se revierte?

Claro. Quizá digan “con todo lo que nos costó desarmar el dispositivo populista del Estado benefactor, ¿ahora nos vienen a hacer esto?” Cuando Tulio Halperin Donghi escribió ese libro (ndr: La larga agonía de la Argentina peronista) lo que hace es contar cómo el Estado peronista e intervencionista ha sido desmantelado.

El sindicalismo tenía cada vez menos injerencia y la clase obrera peronista había sido tan empobrecida que casi desapareció. En consecuencia, lo que Tulio casi festeja es que la agonía de la Argentina peronista se haya verificado finalmente, para gran alegría de todos los antiperonistas.

Pero, oh sorpresa, y esto es lo notable del peronismo y que el kirchnerismo aporta, lo que estaba en agonía de pronto revive y aparece un Estado intervencionista que recupera la plata de las AFJP, interviene en el mercado, que comienza con planes de ayuda para los desheredados, que empieza a juzgar a los desaparecedores de la dictadura…

– Y construye un nuevo relato histórico.

Con un nuevo relato, claro. Y con obras, con las Madres, con las Abuelas. No sé si lo sabe la gente, pero un personaje que la derecha odia tanto, como Hebe de Bonafini, está construyendo barrios, caramba. Barrios está construyendo. En la ex ESMA, por ejemplo, está funcionando el Centro Cultural Haroldo Conti, al que vino el juez (Baltasar) Garzón a dar conferencias.

Es un gran honor para nosotros. Garzón vino a la Argentina porque Cristina Fernández, cuando estuvo en España, se jugó por él. La dimensión de esto no fue considerada en el país, porque los diarios hegemónicos no le dieron importancia. Sólo salió en la tapa de Página/12.

– ¿Dónde reside, entonces, la herejía del kirchnerismo?

La herejía del kirchnerismo reside, esencialmente, en estar recuperando lo más agresivo del primer peronismo contra los sectores de poder.

Algunos vienen con cifras y dicen que la brecha entre ricos y pobres creció más que nunca, pero eso es poco probable y muy poco creíble. También es cierto que cuando se defiende un proceso popular, que sabés que es infinitamente superior a lo que tiene enfrente, y te dicen que la principal figura de ese proceso se compró un hotel de dos millones de dólares, te quedás un poco en pelotas.

– Frente a eso, ¿qué responde?

No sé a qué apelar. Digo que los demás roban el doble, pero si digo eso estoy aceptando que está bien robar algo. Tampoco sé si se lo compró con plata robada o no, pero es mucha guita dos millones de dólares. Además, nunca hay respuestas oficiales. Comprendo que una pareja como Néstor y Cristina tengan que tener mucha guita porque están en un lugar muy difícil y que a Perón y a Evita los acusaban de lo mismo…  Es una chicana fácil, pero efectiva, porque uno se queda sin respuestas.

– ¿Cree que el kirchnerismo está en el límite de lo disruptivo o de lo tolerable que esta sociedad acepta?

Evidentemente, pero el kirchnerismo no sé si se hace esa pregunta, porque avanza. Si te preguntás si estás en el límite de lo disruptivo te quedás en el molde porque nunca sabés cuál es ese límite. Ese límite se estuvo por quebrar con lo de la 125.

Incluso, si (Julio) Cobos no hubiera largado ese voto no positivo, vaya a saber lo que hubiera pasado esa noche, porque estaban todos armados hasta los dientes. Estos tipos están armados, tienen tractores, camiones y tienen armas.

– Quizá una de las virtudes de este proceso haya sido correr la línea de lo posible.

Claro, la ha sabido correr y la sigue corriendo. A dos días de perder la elección del 28 de junio, sé por amigos que Kirchner dijo “vamos por todo”. Y ahí se lanzaron a una iniciativa política espectacular que no para, encabezada por Cristina, personaje del que hay que hablar necesariamente. Que tiene el rescate de los goles, la Ley de Medios o la de Matrimonio Igualitario…

– Con las que los Kirchner amplían sus alianzas.

Las amplía, claro. Y hay otra cosa que no se sabe lo suficiente, todavía. Lo puedo ver cuando recorro el interior, dando conferencias. Me refiero a las ganas de militar que todo esto despertó en muchos jóvenes.

Está volviendo la militancia juvenil, carajo. Esto es muy alentador. Hay una recuperación de la política como elemento territorial. Lo que veo es que se vuelven a ocupar espacios con la militancia. Esto es algo que se hizo en los 70 y que el kirchnerismo había desechado muy profundamente, por hacer política de aparatos o con los medios.

Eso fue un disparate total, que al final salió muy mal. Pero, claro, está el poder mediático, que excede a la Argentina. Es mundial. Filosofía y el barro de la historia, precisamente, tiene por subtítulo “del sujeto cartesiano al poder bélico-comunicacional”. Es decir, la guerra se hace a través de lo comunicacional.

Y en América Latina lo estamos notando. Lo mediático tiene un enorme poder, porque coloniza las conciencias. Sujeta al sujeto, como dice Michael Foulcault. Y al sujetarlo, lo aniquila. Todo eso, con la ideología de los medios, que es totalmente opuesta a la que maneja el Gobierno.

Lo más tramposo es que quieran identificar al Gobierno con el poder. El poder no está en Balcarce 50, que nadie se haga el distraído. El poder está en otro lado. En Balcarce 50 hay un gobierno.

– En estos últimos tiempos, quizá, se haya corrido un poco el velo. No lo necesario, seguramente.

Sí, la gente se está avivando. ¿De qué? Primero, de la gobernabilidad. Creo que se está asustando y dice “caramba, esta gente que yo odio tanto hace 7 años que está llevando el país adelante”.

En vacaciones se agotan los hoteles, hay récord de ventas de automóviles, están los restaurantes llenos… Entonces, esta clase media dice “quién me puede garantizar esto, ¿la buena gente, institucional y republicana, que está enfrente del Gobierno?”. Claro que no.

– ¿Cuánto puede pesar eso en la consideración final y cuánto esa especie de rechazo visceral?

Es difícil saberlo hoy. Pero discursos como el del otro día de Hugo Biolcati, en la Rural, ayudan. “Somos los mejores, somos la tierra”, dicen.

Habría que preguntarse por qué son la tierra, quién se las dio. De la tierra se apoderaron. La tierra no nació en manos de ellos, sino que la obtienen de la aniquilación de los pueblos originarios. Los hombres pasan y la tierra permanece, pero al ser ellos sus dueños, no pasan. Hay una frase maravillosa, en el guión de la película Ay, Juancito, que no es mía, donde el hermano de Evita le dice a Elina Colomer: “¿No seré un oligarca?”. Y ella le contesta: “No, vos nunca vas a ser un oligarca. Las tierras no se compran, se heredan”. Ésa es la esencia de la oligarquía.

– ¿Es posible leer ese discurso en clave civilización-barbarie?

Por supuesto. Hay una revitalización de eso, que está siempre presente. Lo de Sarmiento fue genial. Si se le preguntara a Barack Obama o a cualquier soldado norteamericano sobre lo que hacen en Irak, diría que está defendiendo la democracia, a Occidente, a la civilización. La lucha es presentada siempre entre la razón occidental y la barbarie ajena a esa razón, y es una lucha que continúa desde el descubrimiento de América. La razón histórica es conquistar los territorios bárbaros y hacerlos entrar en la racionalidad occidental. Si no entran, los aniquilan.

– Siempre recuerda la frase de Miguel Cané, aquella que instaba a sus congéneres a “cerrar el círculo y velar sobre él”. ¿Cómo se procesa hoy, teniendo en cuenta ese discurso y el odio de algunos sectores de la sociedad?

Ese discurso fue eso, cerremos el círculo y velemos sobre él. Lo curioso es que Biolcati es un tano. No es Luciano Miguens. Biolcati es un tano y se ve que es un tano bastante ordinario. Pero está ahí, al frente del círculo, que es siempre el mismo. Es el de Cané, es el del patriciado, es el de la oligarquía, es el de los dueños de la tierra. Ellos se sienten naturalmente los dueños de la Argentina. Y los demás somos bárbaros.

– De todos modos, ¿no parece el enemigo perfecto para Kirchner?

Biolcati le hace un gran favor a Kirchner. Un favor que se complementa con la presencia de Duhalde. En la Rural, estaba a un metro o dos de Biolcati. Duhalde es un tipo que se ha ubicado, desde que reapareció, en la extrema derecha.

No el que hizo la transición con Roberto Lavagna, sino éste. Se ha ubicado en la extrema derecha y juega a parar los juicios por los crímenes de lesa humanidad, a defender a los militares, a defender a la Sociedad Rural y, si lo dejaran hablar un poco más, a la dictadura. Lo suyo, extrañamente o no, es un ataque al Estado keynesiano y populista. ¿Con quién lo piensa hacer? Supongo que con personajes como ese señor al que le presentó un libro hace poco.

– ¿Se refiere al Tata Yofre?

No nombro a ciertos personajes, puede hacerlo usted. Que le haya presentado el libro y que el libro sea ése (ndr: El escarmiento) es toda una definición. Duhalde jamás le hubiera dado la mano a Garzón, ni lo hubiese respaldado públicamente, como hizo Cristina.

– El domingo 1º, en Página/12, cerraba su nota diciendo que, en las elecciones de 2011, y al margen de las caras visibles que se presenten como “candidatos”, habrá que elegir entre Kirchner o Duhalde. ¿Es tan así?

Es así. Aquí los refinados gorilas de la derecha que escriben en el diario que sigue los postulados austeros y republicanos del general Bartolomé Mitre ya están pensando que, pese a todo su gorilismo, van a tener que votar por Duhalde en las próximas elecciones. O por quien Duhalde ponga, que es lo mismo. Lo cierto es que el aparato justicialista dominado por Duhalde va a poner a alguien y ese alguien va a nuclear a la oposición. Del otro lado, va a estar el aparato justicialista que domina Kirchner, que va a intentar frenar eso que viene con Duhalde.

– Si triunfa esa otra opción, ¿tendremos otro peronismo, diferente a los otros?

Tendríamos una reconfiguración hacia un peronismo temible, que hunde sus raíces en los peores aspectos del autoritarismo del primer gobierno de Perón sin ninguno de sus beneficios, pero que no creo que tenga hoy el espacio político para concretarse. De darse, esperemos que no recurra a modalidades del 3º Perón. Es que el peronismo de derechas es muy peligroso. Esto no es ninguna broma. 

– Le cito nombres: Carlos Reutemann, Francisco de Narváez, Felipe Solá. Ellos también se reconocen peronistas. Hasta Jorge Bergoglio, quien en su momento adhirió a Guardia de Hierro.

Esa gente no se sabe adónde va a recalar. Porque eso es el peronismo, también. Reutemann o Solá pueden estar acá o allá. Pueden estar con Duhalde o con Kirchner, depende de dónde negocien.

– ¿Dónde ubica a Pino Solanas? Viejas resonancias peronistas, críticas feroces al actual gobierno.

Voy a tratar de ser suave. La trayectoria histórica de Pino la conocemos, La hora de los hornos, Los hijos de Fierro, Actualización política y doctrinaria para la toma del poder, después lo pierdo. No lo recuerdo en 1973, en 1974. No sé dónde estuvo. Ahora, el Pino de hoy es el típico personaje que se pone a la izquierda de todo.

No es Martín Sabbatella, a quien prefiero. Sabbatella tiene un perfil más bajo, no pretende ser la especie de vendaval histórico que pretende ser Pino. Se tiene que dar cuenta de que, en las próximas elecciones, tienen que unirse todos los que estén en contra de la derecha que representan Duhalde y la Sociedad Rural. Por lo menos, tácticamente. Si no se da cuenta de eso, lo mejor que puedo pensar de él es que es un tonto. Y lo peor que puedo pensar de él es que se ha vuelto un jodido.


El hecho maldito

– ¿Qué fue el peronismo en su origen?

El 1º  peronismo surge como un movimiento de protección a los desprotegidos. Perón se da cuenta de que hay un sujeto nuevo en la sociedad argentina, que son los migrantes internos, los que Evita va a llamar los “cabecitas negras”, y a los que la oligarquía, la burguesía e, incluso, los sindicalistas del Partido Comunista llaman “los negros”. Estos negros que han llegado a la Capital y nadie sabe qué hacer con ellos.

Con ellos, Perón hace una gran construcción de poder, porque es el único que advierte que hay un sujeto nuevo en la sociedad argentina. En GOU (Grupo de Oficiales Unidos) se sorprendieron cuando Perón pidió la Secretaría de Trabajo. La tenía más clara que todos. Los otros militares del GOU querían hacer la industria pesada y Perón ya tenía planeado priorizar la industria liviana.

¿Por qué? Porque la industria pesada no necesita mucha mano de obra. La industria pesada no moviliza a una clase obrera nueva. La industria liviana sí. Aparece entonces toda esa hermosura que hubo en el país, Berisso, Munro, Berazategui, barrios obreros, fábricas.

– Esa imagen aparece constantemente en el libro.

Lo conocí en Munro, donde tenía una fábrica con mi hermano. Era hermoso ver a la clase obrera peronista. No estaba pidiendo el poder, estaba pidiendo laburo, ir a la cantina a morfar, a comerse un buen bife, a jugar al billar. Y después irse a su casa.

Perón le dio todo eso. Y le hizo sentir la protección del Estado benefactor, del Estado keynesiano. Es decir, sindicatos, abogados sindicales, estatuto del peón, derechos de la ancianidad, vacaciones pagas, hospitales.

La clase obrera pasa a estar en el paraíso. De pronto tiene todo. Y tiene a una mina como Evita, un personaje entrañable, con gran carisma. Con furia, con mucha furia, y mucha dulzura a la vez.

– ¿Cuándo deja de ser el peronismo el hecho maldito del país?

Con el regreso de Perón. Cuando Perón vuelve, el peronismo pasa a ser el hecho represivo del país burgués. Perón viene a encarnar, efectivamente, una persecución a los sectores comunistas, como los llaman en el Ejército, que estaban, para ellos, enquistados en el peronismo.

Perón vuelve con un regreso negociado y engañando a la Juventud Peronista. Viendo al 3º Perón, el cinismo de Madrid es espectacular. Pero bueno, Perón creía que diciéndole a cada uno lo que quería escuchar, iba a tener a todos con él y que después iba a ordenar ese desorden.

Pero no pudo. Cuando Perón vuelve, en realidad, el discurso que da, al día siguiente de la tragedia de Ezeiza, ya lo traía escrito. Era el que iba a dar en Ezeiza, con un toque dramático mucho más fuerte por lo que había sucedido.

Es increíble que nadie lo haya previsto y es un error tremendo del gobierno de Héctor Cámpora y del ministro del Interior Esteban Righi, a quien yo aprecio mucho. Pero ahí no se lució. Righi, 15 días antes, había dado el hermosísimo discurso a la Policía pero, claro, con ese discurso no iba a contar con la Policía, porque para la Policía ese discurso era subversivo.

Perón dejó de totalizar desde el exterior para ser una particularidad más. Al volver, se historiza. Y el mito, cuando se historiza, muere. 

Aquel joven de la JP

– ¿Cuándo se reconoció por primera vez como peronista?

En mi juventud. Podría decir que cuando hicimos la revista Envido, con Horacio González, Arturo Armada, Roberto Carri, Alcira Argumedo, Jorge Bernetti. Ahí éramos peronistas, jóvenes peronistas de superficie, que nunca avalamos la violencia. Nunca a favor de los fierros. 

– De todos modos, el peronismo le llega más como elaboración intelectual. 

A mí me llega en la juventud, pero un poco grande. El trío Hegel, Marx y Sartre había sido formativo. Después acumulé Theodor Adorno, Louis Althusser, Michael Foulcault y todo el estructuralismo. Recién después de todo eso llego al peronismo. Por eso me hace gracia cuando me preguntan si soy peronista.

– Y fue peronista en búsqueda de la clase obrera.

Siempre en búsqueda de la clase obrera. Después de leer a todos esos autores y después de la lectura profunda que había hecho de El Capital y de los Grundrisses de Marx, salí a preguntar adónde estaba el proletariado británico y me dijeron que, en vez de proletariado británico, había negros peronistas. Ahí me hice peronista.

– Supongo que la época de la revista Envido fue su etapa más intensa como peronista.

Maravillosa. Fue una gran experiencia. Nos peleamos, pero más por cuestiones personales.

– Tenía entendido que la relación con Montoneros, en ese momento, fue un factor de escisión.

Eso fue importante. Montoneros pidió la revista y Miguel Hurst y yo, fundamentalmente, dijimos que no. Nosotros perdimos. Creo que la pidió porque le dijeron que era la revista teórica de la JP. “Ah, la tenemos que tener”, dijeron. Pero de esa Envido salió un solo número, porque Firmenich era demasiado bruto para entender lo que ahí se escribía.

– Su ruptura con el peronismo llega más tarde, en los ochenta.

En 1985, junto a un grupo numeroso.

– Más allá de pensar una y otra vez el peronismo, ya no se siente parte. Ni hay vuelta atrás.

No. Lo que yo siento por el peronismo es la fascinación por un gran relato. En última instancia, he sufrido mucho en este país. He sufrido, lo he maldecido, pero también lo he querido mucho. Mucho. Por eso digo que este libro, que es mi Facundo, es mi enamoramiento de la barbarie, como Sarmiento se enamora de Juan Facundo Quiroga. Sobre qué voy a escribir 1.600 páginas, ¿sobre el radicalismo?

– ¿Con qué Perón se queda?

Con el primero, con el que se quedó con Evita y la llevó al palco del Colón un 9 de Julio. 

“Intelectual K, las pelotas”

– En los 70, previo al golpe, Jorge García Venturini hablaba de “kakistocracia” para hacer referencia al “gobierno de los peores”. En ciertos ámbitos, se volvió a usar, jugando con la inicial de la pareja Kirchner.

Para la derecha, la kakistocracia siempre es una categoría de pensamiento. Claro, siempre que hay enfrente un gobierno populista y el recuerdo del gran “demócrata”, García Venturini vuelve a nosotros.

Ahora, hay algo que para mí es muy claro: este país no se puede gobernar sin el aparato justicialista. Hacer política es tener relaciones con el aparato justicialista. No hay otra manera de hacer política. Lamentablemente. Vos imaginate a la señora mística, de sobrepeso…

– ¿Elisa Carrió?

A estos personajes no los nombro. Supongamos que esta señora, llevada por el odio de las clases medias, llega a la presidencia. No llega a gobernar ni 3 días. Ni 3 días. Porque entre el sindicalismo peronista y el PJ, más la incapacidad propia, no resiste. La gente se está dando cuenta de la debilidad constitutiva que tiene esta llamada oposición. O no sabría gobernar, o no podría gobernar.

– En su momento, muy al inicio de su gobierno, usted sostuvo que lo mejor que podía hacer Kirchner era dejar de ser peronista. El artículo creo se llamaba “El señor K y el peronismo”. ¿Hizo una relectura sobre eso?

No hay relectura. Sigo pensando lo que pensaba en ese momento. Lo que digo es cómo funciona pragmáticamente la política en la Argentina.

A Néstor Kirchner lo conocí en 2003 y traté con él hasta 2005. Intenté hablar mucho con él sobre la necesidad de construir un partido de centroizquierda, que dejara la identidad peronista y que tomara una nueva identidad y que recuperara las luchas de democracia directa de 2001-2002.

Pero Kirchner se dio cuenta de que si no tuviera el aparato justicialista lo volterían.  Entonces, se larga a una lucha que es una lucha sucia, en la cual el más malo es el que va a ganar.

Cassius Clay te diría “yo soy un genio, pero muy sucio boxeando”. Y el mariscal Roberto Perfumo, “cuando viene un delantero con pelota dominada, la pelota pasa pero el delantero no”.

Kirchner, lo que pudo haber dicho, es “para hacer política hay que ser malo”. Y eso, en nuestra política, quiso decir apoderarse del aparato duhaldista. Ahí escribo eso que usted dice y que a él le cayó como el orto. Creo que me tienen estima, pero hace mucho, mucho, que no los veo.

– Entonces, eso de intelectual K…

Intelectual K, las pelotas (risas). Un intelectual K los ve un poquito más seguido. 

El gorilismo, esa constante

– En varios momentos del libro sostiene que el peronismo vive más en el odio, el desdén o la obsesión de los antiperonistas que en la adhesión de los peronistas. Esa puede ser una continuidad importante para analizar el peronismo.

Hay una continuidad muy fuerte. ¿Qué es ser gorila? Horacio González tiene una definición brillante. Dice que gorilismo es pensar a partir de un prejuicio. Si vos te acercás al peronismo pensando a priori que es malo, no lo vas a poder entender.

Tenés que despojarte, ir limpiamente y abrirte, como diría Heidegger. Estar en “estado de abierto” ante ese fenómeno es imprescindible para poder captarlo en su densidad. Eso, un gorila, no lo puede hacer porque está lleno de odio y, por lo tanto, no puede entender.

Los que hoy tanto odian al kirchnerismo, por ejemplo, no lo entienden, porque el odio te impide entender, te impide razonar. Estos tipos que sistemáticamente todos los días lanzan una columna de odio no están ni siquiera razonando.

– ¿La palabra gorila sigue siendo pertinente en este contexto, entonces?

Por supuesto. Hoy está lleno de gorilas, de gente que odia al peronismo antes de pensar qué es el peronismo. Y odia tanto al peronismo que eso le impide pensar qué es el peronismo.

– Como una actitud prepolítica.

Es una actitud prepolítica, clasista y racista. Por eso uso esa expresión de Heidegger. Él la usa respecto del Ser, pero se puede usar para otras cosas. ¿Qué es el “estado de abierto”? Es el despojamiento de todo lo que se interpone entre vos y aquello a lo que querés acceder.

Es un estado de despojamiento total y de entrega al sujeto de conocimiento, al sujeto que querés conocer. Ahí es donde el gorila no puede acercarse ni mínimamente, porque el odio se lo impide. Entonces hablan de la cartera de Cristina.

Acá quiero ser muy claro: la violencia contemporánea en la Argentina, no nace con el asesinato o la muerte de Aramburu. Nace con el bombardeo a la Plaza de Mayo, en junio de 1955. Ahí nace.

– Ese es un punto fuerte de su libro.

Es cierto. El otro punto fuerte es que el estado gorila es responsable de todo lo que ocurre desde 1955 hasta 1973, porque no democratiza el país para impedir que las mayorías y el líder de las mayorías tengan representación. Entonces, es tal el odio gorila de esos militares que no conceden la posibilidad de institucionalizar al peronismo. Por eso digo que todos los gobiernos son ilegales. Incluso, el de Arturo Illia.

– ¿Qué pasó con ese gorilismo y Carlos Menem? Ese odio o rechazo visceral parecía suspendido.

Con Menem, por primera vez, el neoliberalismo llega al poder sin golpe de Estado. El peronismo les extiende la mano y les pone su pasividad a su servicio. Eso lo hace Carlitos Saúl. Hace para él y para los que participan de ella, una muy fructífera unidad entre la tradicional oligarquía terrateniente, los grandes grupos financieros y el Partido Justicialista.

Ahí empieza un período realmente canallesco de nuestra historia, del cual es muy responsable el Partido Justicialista por haber seguido la figura de Menem, por haber avalado las desnacionalizaciones, por haber participado de un gobierno peronista que destruyó todo lo que hizo el primero. El gobierno de Menem es el gobierno anti Perón, anti Evita, es el gobierno que se lanza a aniquilar la soberanía del país.

– ¿Qué hace que lo reconozcamos también como peronista?

Los reconocemos peronista sólo por el aparatismo.


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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