Carta abierta a Beatriz Sarlo

CARTA ABIERTA A BEATRIZ SARLO 

(Donatella Castellani)

Estimada Beatriz,

Yo me reconozco como uno de esos terrones de tierra, por suerte fértil, de los que hablás en tu nota de La Nación del 24 de noviembre “Intelectuales, la tierra fértil del kirchnerismo”. Y como tal me sentí aludida y te contesto, sin pretender representar quizás a toda la extensa pampa ubérrima que al parecer contribuyo a formar.

Ante todo me sorprende un poco tu preocupación al constatar que muchos intelectuales argentinos apoyan fuertemente el plan de gobierno que empezó en 2003 con Néstor Kirchner y continúa hoy con Cristina Fernández.

Y me sorprende porque no hace mucho vos afirmabas que “los Kirchner están de salida”. Sin embargo ya sabías de este apoyo “intelectual”y hasta habías polemizado con alguien de Carta Abierta.

¿Qué te hizo mudar tu valoración de un mismo hecho?

Porque ahora te zozobra la visbilización de una realidad que ya no es ocultable y se la atribuís a que

“grupos minoritarios pero ideológicamente activos, dispuestos a invertir su energía no sólo en las preocupaciones más inmediatas, fueron decisivos en los cambios que finalmente llegaron a la llamada “opinión pública”.

Si con eso querés decir que los cientos de miles de personas que fueron a la plaza a decir “gracias Néstor” lo hicieron movidos por la prédica de un grupo de acdémicos… bueno, Beatriz, te agradecemos la confianza en nuestro poder de convicción, pero, sin falsa modestia, no creemos merecerla.

Si pensás que los “fáciles” textos de Carta Abierta tuvieron más llegada que los editoriales de Clarín y que el repiqueteo televisivo del que tan a menudo participás, entonces yo debo reconocer que estaba completamente equivocada cuando les rogaba a los redactores de las sucesivas Cartas que tuvieran en cuenta a un destinatario un poquitito más amplio que un pequeño núcleo de iniciados.

No por el contenido, se entiende, sino por el idiolecto empleado. Registro discursivo el de esas Cartas por el que la mayor parte de los graduados universitarios que intentaban leerlas me confensaban luego que no habían tenido la paciencia de llegar hasta el final.

Resulta ahora que fueron esos textos los que movilizaron a las masas y no la aplicación de una política que las beneficiaba.

Con esto no quiero decir por cierto que el papel de los intelectuales no es úti ni importante. Nadie se vaya a ofender. Pero de allí a creenos que somos la explicación más importante de la adhesión o el rechazo popular a un gobierno…

Vos, estimada Beatriz, basás ahora tu argumentación en el hecho de que en la historia argentina, decís, ningún gobierno elegido pudo prescindir de los intelectuales.

Salvo el de Perón, claro, “donde la fuerza plebiscitaria era de tal calibre que vencía por fuera de todas las reglas”.

Y en tu enumeración de ejemplos te olvidás de Menem, a quien no recuerdo que apoyaran muchos intelectales. Aunque quizás al riojano le bastaba su propia formación académica basada en la lectura exhaustiva de Sócrates. Pero ése es un dato menor. Lo realmente grave y molesto de tu nota son otras cosas.

La primera es que, al igual que gran parte de las voces enfurecidas que se oyen en los medios, presentás algunas de las mejores medidas de este gobierno casi como astutos subterfugios para, en este caso, “ganar la batalla cultural”.

A eso reducís la Ley de Medios, la importancia dada a la investigación y a la Universidad, el aumento considerable del presupuesto educativo (no solo el universitario). Como Tenembaum, que considera que el compromiso de este gobierno con la memoria, la verdad y la justicia es una apropiación ilícita de los derechos humanos.

Como Ricardo Alfonsín, que dice que la obra pública solo sirve para lograr la adhesión de gobernadores. Tal vez les parecería de mejor gusto volver a las políticas de los gobiernos anteriores que hicieron todo lo contrario, para estar seguros de que no hay intención de coptar la voluntad de nadie.

La segunda es que, en una intolerable reducción simplificadora, decís que los argumentos por los que los intelectuales apoyan al gobierno son solo tres: “el regreso de la política; el carácter popular de la gestión social de la pobreza; el restablecimiento de una noción de soberanía nacional.”

Y, por otra parte los acusás de esconder los aspectos oscuros de la realidad, a saber: “la corrupción institucional, … las presiones sobre la Justicia, … los delitos económicos, … el gerenciamiento clientelístico de la miseria, … el acuerdo con los representantes más típicos del caudillismo provincial o municipal y el sindicalismo mafioso”.

Y, al respecto, proponés discutir una “jerarquía de valores” .

Pero para hacer una discusión seria, ante todo habría que definir con alguna mayor precisión los términos de la oposición que planteás. Cosa que es demasiado larga para agotarla aquí.

Pero se podría al menos apuntar que “el regreso de la política” significa, por ejemplo, discutir qué objetivos sociales se plantean las medidas del gobierno, cómo no permitir que el mercado hegemonice desreguladamente las decisiones económicas, porqué es mejor reemplazar los ajustes por medidas anticíclicas en defensa del trabajo y la producción nacional, debatir qué sociedad queremos los argentinos, con qué derechos para las minorías, qué actitud tomar ante la protesta social, cómo valoramos el papel y los dercehos de los trabajadores, qué entendemos realmente por “libertad de expresión” y, seguramente, una lista mucho más larga de cosas.

No sé bien qué es “la gestión social de la pobreza”, pero sé que lo que apoyamos y queremos profundizar es una mayor distribución de la riqueza basada en la recuperación y mejoramiento del empleo, la ayuda a los sectores que aún no han podido incorporarse al sistema y una tributación más equitativa para los que están en mejor situación para tributar.

En cuanto a la “soberanía nacional” no consiste en agitar la banderita sino en liberar nuestras decisiones de la tutela de los centros internacionales de poder económico, en priorizar nuestra pertenencia a Latinoamérica y en el apoyo y cooperación con los gobiernos progresistas de la región.

Y, en el polo opuesto, no nos vamos a engañar: la corrupción, el clientelismo, las mafias , el caudillismo espúreo todavía existen en la Argentina. No son por cierto rasgos privativos del gobierno de los Kirchner. Aunque eso no los hace menos malos ni más tolerables. Cada caso puntual debe ser denunciado y combatido.

Como los últimos y vergonzosos episodios de Formosa. No sirve de nada agitarlos en abstracto como ominosos espantajos que involucran a a todos y a nadie en particular. De la “presión a la Justicia” no voy a hablar por lo ridícula que resulta esa acusación a un gobierno que nombró una Corte independiente y que en los últimos tiempos está literalmente acosado por una lluvia de medidas cautelares contra leyes votadas en el Congreso.

A estos males ya reconocidos se les puede añadir otros que vos no nombrás: la persistencia de bolsones de pobreza, el trabajo en negro, la aún muy deficiente situación de los jubilados. El tema es que a muchos nos parece que el mejor camino posible para ir reduciendo y erradicando estas lacras es proseguir y avanzar con la orientación política de este gobierno.

Pero nos gustaría escuchar otras propuestas, la tuya por ejemplo, que también sos una intelectual, seguramente mucho más de primera línea que yo, que no sé a qué segunda o décima línea pertenezco, ni me importa.

Eso sí: ni yo soy una “recién llegada” de los que “no habían mostrado ni la mener inclinación por la política” antes de la llegada de los Kirchner, ni lo son muchísimoss actores y artistas que hoy apoyan a este gobierno y que en el pasado fueron perseguidos, echados, obligados a exiliarse por su compromiso.

Mis más atentos saludos

Donatella Castellani
Ex Decana de la Facultad de Ciencias Sociales UNICEN
Ex Profesora Titular Ordinaria de Lingüística y Anális del Discurso y de Semiótica de la Imagen
Investigadora Categoría I

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