Carta de Norberto Galasso para Altamira (PO). A donde vas Altamira ?

¿A dónde vas, Jorge Altamira?

05–01–2011 / Nunca nos hemos tratado, pero nos conocemos y tenemos un punto teórico común: es necesario crear la sociedad solidaria, igualitaria, donde brote y se consolide el Hombre Nuevo.

Eso creo yo y ahí pongo mis modestos esfuerzos: en la liberación nacional y social de una América Latina unida. Vos decís que también luchás por ese objetivo. Entonces, me creo con el derecho a preguntarte: ¿Adónde vas, Altamira? ¿Adónde? ¿A qué conduce tu política?

Disculpame, pero yo no creo que en lo profundo de vos mismo puedas suponer que la interrupción del kirchnerismo en el gobierno va a llevar al P.O. a la Casa Rosada, ni tampoco que le va a provocar un gran crecimiento político.

No. No creo que estés tan al margen del desarrollo de la lucha de clases ni que, en nombre del marxismo, saques conclusiones que sólo es posible admitir en un adolescente generoso y utópicode esos que, en pequeño número, te siguen – y que cree que se puede asaltar el cielo así como así, mañana mismo, con la revolución perfecta, completita, sin contradicción, ni imperfección alguna.

No. A los pibes los entiendoa “tus pibes” – y eso me duele, porque así seguramente pensaba el pibe Ferreyra. Porque a los 18 o los 22 años es posible querer salir de las desgracias, del desaliento, de la injusticia, luchando contra todos al mismo tiempo y de una vez, a todo o nada. Lo lamento por los pibes porque ellos ponen el cuerpo y la derecha no anda con vueltas.

Pero, a vos no te lo puedo entender. Vos viste lo que pasó con el corte de vías el otro día: 20 muchachos rebeldes, en nombre de 60 compañeros tercerizados, provocaron la bronca de miles de usuarios del ferrocarril en Plaza Constitución y esa bronca fue usada por grupos duhaldistas y macristas, por las barras bravas de Barrionuevo, por los comandos de Ritondo, por las bandas de Duhalde.

No es como dice tu compañero Ramal que “sería delirante suponer que el P.O. cortaba en Avellaneda y también el P.O. actuaba” en Plaza Constitución.

Si algo hay delirante es precisamente lo de Ramal, porque nadie seriamente ha dicho eso. Lo ocurrido es que, en los hechos, esos muchachitos idealistas que cortaron las vías quedaron aliados, en un mismo operativo de pinzas que vos no previste pero se dio en los hechos, con las bandas de derecha.

Entonces, cuando dicen “el P.O. aliado al duhaldismo” no te enojés: en la teoría no es así; en los hechos, sí. Es decir, en la política concreta, el macrista Ritondo es aliado tuyo y también Cecilia Pando y Posse y Redrado y Puerta y Barrionuevo y Toma.

Vos y tus compañeros atacan al gobierno porque lo que no ha hecho, por lo que falta; ellos lo quieren voltear por lo que ha hecho y lo que ha hecho es suficiente para que no lo soporten. Pero en conjunto vos y ellos creen que es conveniente interrumpir el avance del kirchnerismo, es decir, la reelección de Cristina.

Claro, ellos, la derecha, están en lo suyo, no soportan la Ley de Medios, no soportan el recupero de los aportes jubilatorios por el Estado, ni la Unasur, ni tampoco la asignación universal por hijo, ni ponerle coto al FMI.

Ellos están molestos por el protagonismo popular, por “los oscuramente pigmentados” (como decía el conservador Reinaldo Pastor) y entonces dicen ahora, haciéndole ‘el bocho’ a los vecinos más reaccionarios: “Somos xenófobos y ¿qué?: los bolivianos y paraguayos nos ocupan las escuelas y los hospitales”. Pero vos no podés coincidir con eso. Ya sé que no coincidís en la teoría, pero en los hechos, sí.

En la teoría vos sabés de la gesta altoperuana contra los realistas y seguramente sabés del “Moto Méndez” y “el indio Camargo” y Juana Azurduy” y tenés afecto por bolivianos y paraguayos (¡Cómo no tenerlo por Solano López, compañero de lucha contra el mitrismo oligárquico financiado por el Imperio Británico!) pero, sin embargo, vos tocás en la misma orquesta de los xenófobos.

Es en la misma orquesta, mi viejo, aunque no estés orquestado en conspiraciones de café. En los hechos, sí.

Por eso te repito: ¿Adónde vas, Altamira? Porque vos debieras saber, lo sabés, supongo, que en política es fundamental conocer al enemigo principal (manual elemental de todo socialista en serio).

Y no podés confundir al gobiernocon todas las asignaturas pendientes que vos quieras – con la alianza Duhalde, Macri, Pando y todos los que ya conocemos. No. Eso no te lo voy a entender nunca, ni a justificar.

Por otra parte, vos te formaste en una concepción de la política que otorgaba importancia fundamental, al conocimiento de la correlación de fuerzas. Hay que preguntarse, en cada momento de la lucha, cuál es la correlación de fuerzas. Esto lo aprendiste, como yo, hace muchos años, en los manualitos del socialismo, es el ABC, el primero inferior, como se decía en nuestros tiempos.

Y entonces, ¿cuáles son las opciones en juego? No me explico cómo no entendés las fuerzas en juego y la opción consiguiente: la vuelta al 2001 o a 1942, según algunos, es decir, el retroceso profundo con respecto a los avances del kirchnerismo, con todas las imitaciones en que probablemente vos y yo coincidamos o la prosecución y profundización de lo que se está haciendo desde el gobierno.

¡Y no podés decirme a mí que aprendiste en los textos clásicos que estas son luchas interburguesas y que es lo mismo Cristina en el gobierno que la Pando o Duhalde!

No, vos sabés que no podés decirme eso, porque eso te invalidaría para actuar concretamente en las luchas políticas que se están dando hoy y aquí.

Vos viviste muchas cosas, Altamira, como las viví yo.

¿O perdiste la memoria? Y las que no viviste, te informaste por una abundante literatura política.

¿Qué hizo la izquierda abstracta, toda la izquierda, desde anarquistas, socialistas, comunistas hasta trotskistas, en el 30?

Todos contra Yrigoyen. Y vino Uriburu y después él mismo se encargó de torturar y fusilar, incluso a algunos de estos izquierdistas teóricos que habían sido funcionales a esa derecha fascista.

¿Era lo mismo Uriburu que Yrigoyen?

Evidentemente, no. ¿Había que hacerse yrigoyenista, en ese principio de la decadencia del radicalismo? Tampoco. ¿Correspondía colocarse al margen de esa lucha porque eran luchas interburguesas? Menos aún.

La única política correcta era la que enseñan los clásicos: al lado del yrigoyenismo, con independencia, junto a la clase media que hacía su experiencia de poder y evidenciaba sus limitaciones.

Porque no fue por las limitaciones sino por los aciertos que torturaron y asesinaron radicales en 1931 y había que estar ahí, contra la dictadura y al mismo tiempo junto a “la resistencia radical” denunciando al alvearismo entreguista.

Claro que después el radicalismo terminó en De la Rúa y todo lo que conocemos, pero eso no significa que hubiese que atacarlo en su mejor momento, cuando tenían a la mayoría popular apoyándolo. Vos lo sabés bien, porque eso se llama “dialéctica” que en lenguaje de barrio quiere decir: no hay que dejar de enamorar a una mina de 20 años pensando que dentro de 60 años estará arrugada y desdentada. O de otra manera: la degradación del menemismo no justifica a quienes estuvieron con Braden y contra Perón, en el 45.

No puedo creer que no me entiendas, porque entonces sería vano este escrito, inútil totalmente. Y no me digas tampoco… “en esa época, nosotros éramos muy chiquitos y nos hacíamos pipí en la cama”, porque te contestaré como Jauretche, lo peor es que siguen meando en la cama también ahora.

Porque también en el 45 y en el 55 sucedió lo mismo, salvo la posición de “Frente Obrero” y sus seguidores de la Izquierda Nacional, que salvaron el honor del socialismo revolucionario junto a los trabajadores peronistas.

De lo que ocurrió después que cayó Perón, ¿te acordás?, sin duda. ¿Qué vino? ¿El socialismo, acaso? Sí, quizás el de “Norteamérico” Ghioldi justificando los fusilamientos del ’56 porque “la letra con sangre entra”.

No eran lo mismo Perón y el almirante Rojas, lo sabe cualquier laburante sin haber leído jamás a don Carlos ni a Vladimiro Ilich. Lo sabe porque está en la realidad de la lucha de clases, aunque no sepa qué es la lucha de clases que la mayor parte de la izquierda predica en los fermentarios y talleres de formación con las ventanas cerradas a lo que ocurre en la calle.

¿Puede ser que no me entiendas?

Y no te confundas, te lo digo otra vez. Yo no te digo que te hagas kirchnerista. Te digo solamente que no se es izquierda cuando se califica a todos los demás de ser lo mismo, burgueses, echando fuegos de artificio que ilusiona a los adolescentes.

Se es izquierda en la acción política concreta y aquí, en América Latina, con años de dependencia y expoliación, cuando aparecen gobiernos con vocación popularquizás vos digas burgueses disfrazados de populismoyo no pido que abandones tu organización y te incorpores, a ellos, sino que te pongas al lado. No al lado de la derecha y en contra de ese gobierno. Te lo dijo Lenin, Altamira:

“golpear juntos, marchar separados”.

“Junto” con las mayorías populares, aunque las direcciones políticas no sean todo lo que vos quisieras. Y “separados”, es decir, manteniendo la independencia ideológica, política y organizativa, pero jamás serle funcional a la derecha. No, mi viejo.

Porque entonces vas entrando en un juego en que puede caer sobre vos la responsabilidad de lo que ocurra a militantes que son víctimas de enfrentamientos como los que hemos visto, heridos o muertos para que en definitiva no se haga la revolución, sino para que la derecha llegue al poder y persiga a los pocos que te queden.

Hace pocos días lo dijo Rafael Correa, con respecto a su intento de darle una salida popular al Ecuador, protestando porque una “izquierda”, a la que llamó “boba”, se complace en atacarlo haciéndole el juego a la derecha.

Lo mismo dice Hugo Chávez respecto a furibundos ex guerrilleros que se le oponen haciéndole el juego a los dueños de la televisión y los grandes grupos económicos de Venezuela.

¿No bastan acaso las fotos del lanzamiento de la candidatura de Duhalde, con el macrista Ritondo y la procesista Pando, obras maestras del terror?

Son ellos los que acechan, los que quieren volver, los que quieren otros 30 mil desaparecidos, entre los cuales caerán también muchos de los tuyos. Y no podés hacerle el juego.

No podés crear condiciones para que los diarios digan “el P.O. en Avellaneda y el duhaldismo y el macrismo en la Plaza Constitución, operaron contra el gobierno y provocaron incidentes“. No, mi viejo, no podés. Sería un error gravísimo y en política, ya lo sabés, un grave error es peor que un crimen.

Porque en estos países los movimientos nacionales y populares jugaron un papel importante, aunque hayan sido inorgánicos, tumultuosos, “oro y barro”, “abismos y cumbres“, como decía Jauretche, pero en el balance final expresaron avances populares, tanto Yrigoyen como Perón.

A veces, los periodistas dicen que en la Argentina no hay izquierda real ¡Y claro!, si grupos semejantes al tuyo confundieron a Biolcati con Mao Tsé Tung y a Llambías con Trotsky y se colocaron alrededor de “la mesa de enlace agropecuario” enfrentando al gobierno junto a las señoras “bien” del Barrio Norte y los grandes sojeros.

En esa ocasión, vos estuviste mejor que ellos, pero no bien. No apoyaste a los ganaderos, pero dijiste que eran luchas interbuguresas. Entonces, decime, ¿toda la historia argentina son luchas interburguesas que no deben importarle a los trabajadores?

Yrigoyen derrocado por los conservadores, Perón enfrentando a Braden y luego derrocado y desterrado, Moreno envenenado y San Martín enfrentado a Rivadavia y Sarmiento festejando el degüello del Chacho Peñaloza.

Una historia de luchas, sangre y muerte. Y si eso no es lucha de clases, ¿las clases dónde están? ¿Todos son lo mismo, burgueses y todos los enfrentamientos, bombardeos, fusilamientos, etc., son luchas interburguesas?

Si pensamos eso, mejor será que nos dediquemos a la pintura abstracta o a aprender a tocar el violín que con eso no jodemos a nadie.

Y esperemos que algún día, allá lejos, cuando aparezca otro cordobazo, pero con una vanguardia iluminada, ortodoxamente formada en nuestras academias de socialismo revolucionario, volvamos quizás a la política, pero podría ocurrir entonces que los trabajadores ya hayan forjado sus dirigentes, algunos socialdemócratas, otras burocratizados, otros “fierreros“, qué se yo, pero que no reconozcan a quienes durante toda la historia argentina no incidieron para nada y sacaron el 1% de los votos por sostener que millones de argentinos imbéciles se peleaban por diferencias “burguesas” y no por el socialismo.

Sabemos, desde la Izquierda Nacional, que no es fácil ese “golpear juntos” y marchar separados. Inclusive hago autocrítica cuando Ramos se presentó con candidatura propia el 11 de marzo del ’73 porque sostenía que era lo mismo Cámpora que los radicales y los candidatos del gobierno militar. Fue un grave error. Y ni qué hablar del apoyo a Menem.

Por eso muchos izquierdistas nacionales se colocan a distancia de la historia de Ramos. Pero esta corriente ha sostenido, en general, la única posición correcta de acompañar a todos los movimientos nacionales de América Latina, desde una perspectiva independiente y colocarse claramente frente al enemigo común que, como se sabe, es el imperialismo y los traidores nativos.

Desde esa perspectiva coincidimos en la valoración del peronismo con Cooke, Hernández Arregui, Puiggrós, Walsh y tantos otros, pero insistiendo que era más correcto jugar por afuera y no intentar forjar la izquierda desde adentro. Pero lo que no dudábamos, en la relación con ellos, fue que los trabajadores estaban haciendo su experiencia y debía acompañárselos y enfrentar al enemigo principal.

Ahora la polémica sigue con motivo de las posiciones del P.O. Y te lo repito: ni oposición implacable al movimiento nacional, como la tuya, ni seguidismo. Pero la tuya puede ser más peligrosa. Porque la derecha sabe hoy que pierde en primera vuelta y va a provocar conflictos durante todo el 2011. Y ustedes no pueden estar ahí. ¡Ni cerquita! ¿Entendés?

Haceme caso, Altamira, pensálo. A la noche. En el silencio de la medianoche, pensá en los pibes que podés arriesgar y hacerlos jugar de modo funcional a la derecha. No se trata de hacerle asco a poner el cuerpo, pero sólo cuando políticamente tiene sentido el peligro que se corre.

Mártires porque sí, no benefician a nadie sino que enlutan y suman desgracias a las que ya hemos sufrido. Pensá en la derecha que acecha, pensá qué pasaría si se hunde este gobierno. Vos y yo ya estamos más cerca del arpa que de la guitarra y entonces, seguí el consejo de Julián Centeya: en “el finirla, está la salvada”. Ahí uno se puede redimir de viejos pecados.

Todavía estás a tiempo y entonces, te lo digo de nuevo, no se trata de hacerte kirchnerista, sino de colocarte críticamente pero acompañando al pueblo en su experiencia. Nacional, popular.

Y te lo digo en nombre de los Estados Unidos Socialistas de América Latina sobre los que profetizó Trotsky en 1940, por aquello que, como sabés, lo llevó a apoyar las nacionalizaciones petroleras de Lázaro Cárdenas y que en el fondo, era su teoría de la revolución permanente y aquello otro del frente único antiimperialista que junto con Lenin presentaron en 1922 a los congresos de la III Internacional.

Frente único antiimperialista con obreros, muchos obreros y también con estudiantes de la pequeña burguesía y otros oprimidos, pero en estrecha vinculación con el nivel de conciencia política de la mayoría, en ese momento histórico ¿Verdad que te acordás?

Te lo digo yo, que soy, como decía Scalabrini y salvando las distancias, “uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”.

No sea cosa que esta conversación la tengamos que continuar en el 2012, los dos en cana o en el exilio.

Y preparáte entonces, porque, en ese caso, te lo voy a reprochar todos los días, implacablemente, como esa gota de la canilla que persiste y molesta empecinadamente en la madrugada, te lo voy a repetir una y mil veces, haciéndote corresponsable de la desgracia argentina, si aquellos que vos sabés volvieran, aprovechando los errores de una izquierda que todavía no se enteró que El Che puteaba desde Guatemala contra “esos mierdas de aviadores” que bombardearon a su propio pueblo aquel trágico 16 de junio de 1955.

Sólo puedo agregarte que hay momentos en la vida de los hombres que lo mejor que pueden ofrecer a su pueblo es una profunda autocrítica y un replanteo de posiciones erróneas. Ahí se juega su profunda adhesión al mundo nuevo que predican y por el cual dicen que están luchando. Pensálo.

Un saludo.

Buenos Aires, 5 de enero de 2011

Norberto Galasso

MATERIAL EDITADO Y DIFUNDIDO EN LA REGIÓN COMAHUE POR LA Agrupación SEÑALES POPULARES, que agradece la más amplia difusión que se pueda darle en fotocopias, impreso en volantes, por internet, en los medios de prensa y por todo otro medio y lugar que se crea conveniente.

Y si hay quien quiera opinar, puede hacerlo comunicándose a la siguiente dirección de correo electrónico

ccesdfilialneuquen@yahoo.com.arwww.discepolo.org.ar

Altamira parece que leyó y le responde en QUÉ BAJO QUE CAÍSTE, GALASSO


Las negritas y cursivas y algunos enlaces no pertenecen al texto original. Son un modo de destacar y facilitar mi propia lectura de porciones que considero de mayor relevancia.


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Una respuesta a Carta de Norberto Galasso para Altamira (PO). A donde vas Altamira ?

  1. diego dice:

    ALTAMIRA Y GALASSO,

    MENTIRAS Y COINCIDENCIAS

    Nada tendríamos que objetar al hecho de que un kirchnerista vergonzante y un ultraizquierdista gorila discutan hasta el cansancio. Pero sucede que detrás del aparente debate subyace una trampa político-teórica tendida por ambos a las nuevas generaciones de luchadores políticos y sociales, y un ataque a la Izquierda Nacional

    Gustavo Cangiano

    La campaña electoral por la presidencia de la república ya está en marcha. El gobierno encomendó a uno de sus escribas, Norberto Galasso, que saliera a atacar al Partido Obrero “desde la izquierda”. Resultado de esta directiva es el texto “¿A dónde vas, Jorge Altamira?”, que los operadores oficialistas han difundido profusamente por el “ciberespacio”. Ni lerdo ni perezoso, Altamira tardó menos de 48 horas en responderle, con un escrito titulado “Qué bajo que caíste, Galasso”.

    La confrontación, entonces, se ha iniciado. De un lado, una persona que defiende al kirchnerismo, no invocando su identidad kirchnerista, como correspondería, sino en nombre de una presunta identidad socialista que compartiría, “en teoría”, con su contrincante. “Tenemos un punto teórico común –escribe Galasso–: es necesario crear la sociedad solidaria, igualitaria, donde brote y se consolide el Hombre Nuevo”. De otro lado, el máximo dirigente de una corriente ultraizquierdista que se caracteriza por oponerse al kirchnerismo con el mismo bagaje argumentativo con el que se ha opuesto y se opondrá a todos los gobiernos habidos y por haber, en cualquier tiempo y lugar e independientemente de su naturaleza social, siempre cacareando que todos ellos expresan “fracciones burguesas”.

    Nada tendríamos que objetar al hecho de que un kirchnerista vergonzante y un ultraizquierdista gorila discutan hasta el cansancio. Pero sucede que detrás del aparente debate subyace una trampa político-teórica tendida por ambos a las nuevas generaciones de luchadores políticos y sociales. La trampa consiste en lo siguiente: al debatir entre sí, Galasso y Altamira se reconocen, recíprocamente, como representantes de cada una de las dos únicas alternativas que se le presentarían actualmente a la izquierda: o montarse (“críticamente”) sobre el kirchnerismo en nombre de una “izquierda nacional”, o, por el contrario, oponerse al kirchnerismo desde una posición de “izquierda revolucionaria”.

    Galasso prefiere la primera opción, y a quien no la comparta le advierte que terminará con Altamira. Este, por su parte, invita a adoptar la segunda de las alternativas mencionadas. De lo contrario –sostiene– sólo cabe transitar el camino de Galasso.

    Pero sucede que ni Galasso representa a la Izquierda Nacional, ni Altamira representa a la izquierda revolucionaria. Más aún: sucede que el socialismo en una semicolonia sólo puede ser revolucionario asumiendo posiciones de Izquierda Nacional, y que la Izquierda Nacional es inimaginable sin ser, simultáneamente, socialista y revolucionaria.

    DISCREPANCIAS SUPERFICIALES Y COINCIDENCIAS DE FONDO

    Las discrepancias entre Galasso y Altamira reposan sobre las siguientes suposiciones compartidas:

    a) Altamira reconoce a Galasso como vocero de la Izquierda Nacional y éste, a modo de contraprestación, le reconoce al Partido Obrero el lugar de la única oposición de izquierda posible frente al kirchnerismo;

    b) lo anterior implica que ambos distorsionan, de manera deliberada, las posiciones político-teóricas del socialismo de la Izquierda Nacional, el cual ni confunde al “enemigo principal” con el “enemigo secundario”, ni apoya a un “enemigo secundario” con el pretexto de que existe un “enemigo principal”.

    c) Altamira y Galasso coinciden en calificar al gobierno de Cristina Fernández como un “gobierno nacional y popular”, lo cual le conferiría una naturaleza social similar a la del peronismo histórico.

    Corresponderá entonces examinar las suposiciones mencionadas a fin de mostrar su carácter falaz.

    ¿REPRESENTA GALASSO A LA IZQUIERDA NACIONAL?

    Galasso reprocha a Altamira su oposición frontal al gobierno de Cristina Fernández. Sermonea al jefe del PO recordando la recomendación de Lenin a los partidos socialistas y revolucionarios que actúan en un contexto signado por la existencia de un movimiento de masas nacionalista y antiimperialista: “Marchar separados y golpear juntos”, era la consigna leninista. Escribe Galasso: “Junto con las mayorías populares, aunque las direcciones políticas no sean todo lo que vos quisieras. Y ‘separados’, es decir, manteniendo la independencia ideológica, política y organizativa”.

    Como veremos, resulta difícil decidir si lo que prevalece en Galasso es su manifiesta ignorancia respecto del abecé del socialismo o si es lisa y llanamente la mala fe inherente a quien trabaja por encargo: la consigna “marchar separados y golpear juntos” sólo es aplicable a circunstancias determinadas, que nada tienen que ver con las actuales en la Argentina, signada por la inexistencia de un Frente Nacional (o Frente Único Antiimperialista).

    En todo caso, Galasso debería demostrar que esas condiciones sí están dadas. Veremos que no lo hace. Por otra parte, ¡el propio Galasso, a la hora de actuar políticamente, se aparta olímpicamente de la aplicación de esa consigna! Pero reparemos ahora en esta afirmación de Galasso: “Sabemos, desde la Izquierda Nacional, que no es fácil ese ‘golpear juntos’ y marchar separados. Inclusive hago autocrítica cuando Ramos se presentó con candidatura propia el 11 de marzo del ’73 porque sostenía que era lo mismo Cámpora que los radicales y los candidatos del gobierno militar. Fue un grave error”.

    Primera observación: ¿qué “autocrítica” debe hacerse Galasso por la posición del FIP que presidía Abelardo Ramos en 1973, si él no formaba parte de esa fuerza política? “Autocrítica” significa la crítica de uno mismo, no la crítica de los demás. En marzo de 1973 Galasso –siempre desde su lugar confortable de francotirador literario–, andaba coqueteando con Montoneros. Prueba de ello es su lamentable folleto “¿Qué es el socialismo nacional?”. Si ahora quiere “autocriticarse”, que lo haga por haber contribuido a inflar las ilusiones del “peronismo de izquierda”, que terminaron en una inmensa tragedia, tal como la Izquierda Nacional, Ramos y el FIP lo advirtieron reiteradamente.

    Porque con la misma lógica que emplea Galasso para responsabilizar a Altamira por la muerte de Mariano Ferreyra, se podría responsabilizar a Galasso por la muerte de miles de jóvenes que creyeron el cuento que él les hacía: que el peronismo era sinónimo de “socialismo nacional” y que había que disputar “desde adentro” la conducción a Perón.

    Segunda observación: ¿de dónde sacó Galasso que para Ramos y el FIP “eran lo mismo” Cámpora, los radicales y los candidatos de la dictadura militar? ¿Por qué el “historiador” Galasso no nos muestra una declaración del FIP, ¡sólo una declaración!, que dé fundamento a su ridícula afirmación? Galasso miente. Y miente descaradamente y a sabiendas, confiando en que sus interlocutores jóvenes ignorarán los hechos que refiere y que los más maduros no tendrán interés político en desmentirlo. Roído por su odio personal a Ramos (algunas de cuyas razones menciona Alberto Regali en su libro de reciente aparición “Abelardo Ramos. De los astrónomos salvajes a la Nación Latinoamericana. La Izquierda Nacional en la Argentina”) y por su servilismo hacia el gobierno, se permite tergiversar impunemente la política de la Izquierda Nacional militante y auténtica, a la que él jamás perteneció.

    Pero vayamos al meollo argumentativo de Galasso: la consigna “marchar separados y golpear juntos”. Esa consigna, según repite este “autocrítico” de la Izquierda Nacional, expresa “la única posición correcta de acompañar a todos los movimientos nacionales de América Latina, desde una perspectiva independiente y colocarse claramente frente al enemigo común que, como se sabe, es el imperialismo y los traidores nativos”.

    Está claro, según surge del párrafo precedente, que la recomendación leninista de “marchar separados y golpear juntos” exige como condición previa la existencia de un “movimiento nacional”.

    Hay quienes argumentan que el actual gobierno es preferible a uno encabezado por algún personaje de la oposición partidocrática, y que es necesario influir en él desde la izquierda, pero incluso si así fuera, debería aceptarse que hay una gran diferencia entre intentar influir desde la izquierda a hacerle seguidismo oportunista.

    Más aún, ¿encarna el gobierno de Cristina Fernández un “movimiento nacional”? ¿O es un gobierno más dentro de un régimen partidocrático-demoliberal impuesto como resultado del triunfo contrarrevolucionario de 1976 contra, precisamente, el “movimiento nacional”?

    A tales preguntas, decisivas, Galasso sólo responde con evasivas. Finalmente llega a la siguiente conclusión: el kirchnerismo es “un gobierno con vocación nacional”. ¿Cuáles serían los indicadores de tal “vocación”? Escribe Galasso: “la Ley del Estado (¿?), la Unasur, la asignación universal por hijo, ponerle coto al FMI”. No parece demasiado para un “movimiento nacional”, ¿verdad?

    Ateniéndonos a los hechos, se podría retrucar que los resortes decisivos de la economía siguen en manos del capital trasnacional, que el modelo agroexportador basado en la soja acentúa la condición semicolonial del país, que la desigualdad social se profundiza a despecho de los planes asistencialistas que pretenden mitigar la pobreza, que en política exterior seguimos atados al imperialismo y al sionismo, que el modelo cultural vigente tiene más que ver con el “homo-economicus” del capitalismo que con el “hombre nuevo” galassiano-guevarista.

    Todo esto es cierto, reconocerá el escriba kirchnerista. Pero esas son… ¡las “asignaturas pendientes”! Ingenioso retruécano éste de las “asignaturas pendientes”. Les permite a los kirchneristas apoyar a su gobierno no sólo por lo que el gobierno ha hecho, sino por lo que no ha hecho pero seguramente hará si se lo sigue apoyando.

    Por supuesto, no hay en el texto de Galasso ni siquiera una referencia incidental a los componentes de clase que conferirían al kirchnerismo el carácter de “movimiento nacional”. Hechos tan evidentes como la desmalvinización y destrucción de las Fuerzas Armadas, así como los ataques a la Iglesia desde una perspectiva “derechohumanista”, o el enchalecamiento político-ideológico de la clase obrera, ni siquiera son abordados. Sin embargo, sería un error creer que el discurso de Galasso se desmorona únicamente porque no consigue demostrar la existencia de un “movimiento nacional” ante el cual correspondería “marchar separados y golpear juntos”. Además, el propio comportamiento político de Galasso se aparta de la recomendación leninista que hace suya. Veamos.

    La consigna “marchar separados y golpear juntos” reúne con la conjunción dos aspectos diferentes. El segundo de ellos –“golpear juntos”– podemos suponer que Galasso lo aplica a la perfección: presta su nombre y su falsa identidad de “izquierdista nacional” para que el kirchnerismo saque provecho de ella. Es decir, Galasso “golpea junto” al kirchnerismo; tan “junto” golpea, que hasta parece un kirchnerista más.

    Pero, ¿qué decir del “marchar separados”? ¿Galasso marcha “separado” o en realidad también marcha “junto”? Según dice, “separado” significa “manteniendo la independencia ideológica, política y organizativa”.

    Por eso lo exhorta a Altamira: “yo no te pido que abandones tu organización y te incorpores (al kirchnerismo), sino que te pongas al lado”.

    Ahora bien: ¿es eso lo que hace Galasso?, ¿interviene políticamente Galasso integrando una organización política independiente del kirchnerismo? Más concretamente: ¿cuál es la estructura militante desde la cual Galasso llama a apoyar con independencia ideológica, política y organizativa al “movimiento nacional” kirchnerista?

    La respuesta la conocemos todos: esa estructura no existe. Galasso no ha hecho nada por crearla, ni lo hace hoy, ni lo hará mañana. A lo largo de los años, cada vez que la Izquierda Nacional militante le ofreció a Galasso un puesto de lucha, éste lo rechazó con desdén. ¿Por qué? Porque Galasso no es ni un militante, ni un socialista, ni un revolucionario. Es un “escritor independiente”, o un “francotirador”, como le espeta Altamira, o un “pequeño burgués con ideas socialistas”, como llamaba Trotsky a los Galasso de todas las épocas.

    ¿Y cómo caracterizar a un hombre que no sólo inventa un “movimiento nacional” donde no lo hay, sino que recomienda una línea de conducta que ni siquiera él mismo adopta y que, por añadidura, se apropia de una identidad político-ideológica que no le pertenece? ¿Hay algún calificativo más adecuado que el de estafador político?

    EL PARTIDO OBRERO AYUDO AL DERROCAMIENTO DE ISABEL PERON

    Jorge Altamira no ignora que Galasso ni forma ni formó parte de ninguna de las organizaciones políticas de la Izquierda Nacional. No integró ni el PSIN, ni el FIP, ni el PIN, ni el MPL, ni integra tampoco Socialismo Latinoamericano. Sin embargo, hace como que no está enterado. Tras criticar a Galasso por su vergonzoso encubrimiento de la burocracia de Pedraza en el asesinato de Mariano Ferreira, escribe con estudiada indignación: “¿Pero que carajo le importa esto a la izquierda nacional?”. Cabe La siguiente pregunta: ¿contribuye la mezcolanza irresponsable que hace Altamira entre Galasso y la Izquierda Nacional a la clarificación política de las nuevas generaciones militantes? ¿O se trata de un procedimiento análogo al que emplea el imperialismo cuando mete en la misma bolsa del “comunismo”, por ejemplo, al stalinismo y a la izquierda antistalinista?

    Al igual que Galasso, Altamira actúa de mala fe. Lo que en realidad le importa, en el fondo, no es Galasso, quien al fin y al cabo no es más que un irrelevante profesor de historia con ideas elementales sobre el socialismo. Lo que a Altamira le inquieta es la posibilidad de que una alternativa socialista revolucionaria de Izquierda Nacional recobre el vigor que tenía en los años setenta, antes de que la contrarrevolución triunfante la golpeara con dureza. Por esa razón le dedica a la Izquierda Nacional –no a Galasso– el párrafo siguiente, que no tiene desperdicio por la insidiosa suma de falsedades que contiene.

    Escribe Altamira: “Lo mismo (que los bolcheviques con Kerensky) hicimos nosotros con Isabel. Durante dos años, combatimos al gobierno peronista que creó las Tres A, produjo el navarrazo en Córdoba, liquidó a la izquierda peronista y asaltó la UOM y la ciudad de Villa Constitución (…). A partir de julio de 1975, con el nombramiento de Videla, produjimos un cambio de orientación, y levantamos la consigna ‘abajo el golpe’, mientras que los que antes advertían contra el golpe ahora lo desechaban debido a la asunción de un ‘general democrático’ (…). La ‘izquierda nacional’ dio todo su apoyo político al gobierno de Isabel y con ello a la política de capitulación frente a los golpistas (…). La ‘izquierda nacional’ y Ramos llegaron a pedirle una definición ‘nacional’ a la dictadura en 1978 y caracterizaron más tarde como ‘militares patrióticos al estilo de Perón’ a Seineldín y Rico –éste milita hoy en las filas K. La ‘izquierda nacional’ que también apoyó el entreguismo de Frondizi y que sólo se opuso de palabra a la Libertadora, no tiene autoridad para darle lecciones al Partido Obrero”.

    Puede que Galasso no tenga autoridad para darle lecciones al Partido Obrero. Pero, ¿no la tiene la Izquierda Nacional? Veamos.

    Según Altamira, la Izquierda Nacional (a la que Altamira, como es común a todos los izquierdistas cipayos, sólo nombra entrecomillándola, cosa que no hace con la “Libertadora”) incurrió en un error tan difícil de cometer como difícil sería estar en dos sitios diferentes al mismo tiempo. Dice Altamira: “Dio su apoyo político a Isabel” y, simultáneamente, “capituló frente a los golpistas”. Al igual que Galasso, que con total desparpajo atribuye al FIP no haber diferenciado a Cámpora de los radicales y la dictadura, Altamira le atribuye la responsabilidad de haber apoyado a Isabel y a quienes la derrocaron. Lo primero es cierto, aunque no en los términos que sugiere Altamira, y lo segundo es absolutamente falso. Quien desee conocer las posiciones de la Izquierda Nacional en los setenta, así como ante la irrupción de los militares malvinistas que acompañaron a Seineldín y a Rico, harán bien en recurrir a otra fuente que Altamira, quien por cierto es poco serio. Nosotros vamos a concentrarnos en las posiciones asumidas por el Partido Obrero.

    En junio de 1975, Política Obrera sostenía que estaba planteada “la cuestión del poder”. El eufemismo significa que en opinión de Altamira estaba a la orden del día la toma del poder por parte de la clase obrera. Una caracterización de la situación semejante a la del ala terrorista de la pequeña burguesía ultraizquierdista, expresada fundamentalmente por el PRT-ERP.

    De allí que su consigna fuera: “Abajo el gobierno, no al recambio burgués”. Sin embargo, muy pronto PO debió admitir que si “la cuestión del poder” estaba planteada, no era por la inminente irrupción de los soviets, sino porque las Fuerzas Armadas se aprestaban a tomarlo. Entonces, en noviembre de 1975, la consigna es otra: “Fuera Isabel y este gobierno antiobrero, abajo el golpe, elecciones generales”. Como puede observarse, el objetivo de derrocar al gobierno peronista se mantiene, aunque ahora se acepta “el recambio burgués” mediante elecciones generales. Un mes más tarde, en diciembre de 1975, PO insiste con su postura a favor del derrocamiento del gobierno peronista: “la consigna de acabar con este gobierno y convocar a elecciones generales es una consigna de derrota del gobierno, de derrota de la burocracia sindical”. Y agregaba: “este no es nuestro gobierno; hay que echarlo”.

    Estamos en diciembre de 1975. El golpe ya está en marcha. La pregunta que hoy, a más de 30 años de distancia podemos formularnos, es la siguiente: ¿no constituyen los llamados de PO una dulce música para los oídos de los golpistas?

    Para el imperialismo y la oligarquía se trataba de derrocar al gobierno de Isabel, que expresaba los últimos estertores del Frente Nacional que había llegado al gobierno dos años antes. Durante esos dos años, reconoce Altamira que PO se dedicó a “combatir al gobierno peronista”, al cual define por la Triple A y el “navarrazo”, tal como intencionada y sesgadamente hace la “política de la Memoria” instituida por el imperialismo desde 1983. ¡En lugar de aplicar la línea de “marchar separados y golpear juntos”, aconsejada por Lenin y Trotsky para casos semejantes, PO enfrentó al gobierno, contribuyó a debilitarlo “desde la izquierda” pero en beneficio de la derecha y, finalmente, pidió a los gritos su derrocamiento. Ciertamente, el PO necesita que le den lecciones sobre cómo actuar a fin de no fungir como “ala izquierda” de las contrarrevoluciones antiobreras y antinacionales.

    Digamos, de pasada, que en aquella ocasión Galasso no proponía “marchar separados y golpear juntos”, sino que reprochaba a la Izquierda Nacional su defensa del gobierno peronista.

    EL PARTIDO OBRERO Y EL PERONISMO

    “Abelardo Ramos no terminó al lado de Menem por casualidad”, le recuerda triunfante Altamira a Galasso. Ciertamente, nada en la vida ocurre por casualidad. Pero semejante afirmación, por sí sola, vale tanto como decir “la Revolución bolchevique no derivó en el Gulag stalinista por casualidad”. Cualesquiera hayan sido las causas que condujeron a Ramos a terminar sus días al lado de Menem, está claro que antes de hacerlo resolvió romper con la Izquierda Nacional. Ramos sabía que existía una incompatibilidad absoluta entre el socialismo revolucionario de la Izquierda Nacional que él había contribuido a desarrollar durante casi medio siglo y la adhesión al menemismo. En cambio, ninguna incompatibilidad existe entre la participación del Partido Obrero en el derrocamiento del gobierno de Isabel, que abrió el curso a una profunda contrarrevolución cuyos efectos aún se sienten, y la caracterización que ese partido hace del fenómeno peronista.

    ¿Fue el peronismo de 1945/55 la expresión argentina del Frente Nacional o Frente Único Antiimperialista que se forma en los países semicoloniales para resistir la dominación imperialista? No para PO, que caracteriza de la siguiente manera al peronismo naciente: “El 24 de febrero de 1946 no inaugura una fase antiimperialista y de movilización, sino de totalitarización de los sindicatos. Ya enseguida saca una frondosa legislación de arbitraje del Estado, de prohibición de huelgas en servicios públicos, etc. Las huelgas fueron reprimidas. Al frente de los sindicatos colocó una corrupta burocracia sindical, aún más corrompida, que muchas veces debió decapitar por el fenomenal odio de los trabajadores. En 1948, la huelga de la FOTIA fue violentamente reprimida y en 1950 los ferroviarios fueron movilizados militarmente. El partido laborista fue suprimido y se formó el partido único, luego llamado peronista”.

    Si tal fue la naturaleza del peronismo histórico, ¿por qué entonces las clases dominantes lo derrocaron en 1955? Altamira tiene la respuesta: “El peronismo comienza a revelarse como una frágil cáscara de contención de las masas y el imperialismo decide desplazarlo con el golpe de la Libertadora en 1955”

    Pero, al menos la jornada fundacional del peronismo, el 17 de octubre de 1945, ¿no contó con la presencia obrera y popular? “Nada de movilización, nada de aprovechar el empuje de las masas para golpear a la oligarquía y al imperialismo”, responde Altamira.

    Y agrega: el 17 de octubre “fue una concentración relativamente pequeña (40 mil personas, la mitad de la plaza). Perón fue liberado sobre la base de un acuerdo político: primero, eliminar toda movilización autónoma de las masas (…). El ejército se coloca como árbitro de dos fracciones burguesas, que se comprometían a respetar el juego electoral e impedir movilizaciones autónomas de las masas”.

    Altamira, por lo visto, tiene respuestas para todo. Será por eso que el propio León Trotsky, durante su estadía en México, no se dignó a responderles a los Altamira mexicanos que le reprochaban su apoyo al presidente Cárdenas, que como Perón era militar, nacionalista y “totalitarizó” los sindicatos. Simplemente rompió con ellos y les dijo: “si ustedes son trotskistas, yo no soy trotskista”.

    Con semejante caracterización del peronismo, no extraña que PO haya sido funcional en el instante crítico de 1975/6 a las fuerzas contrarrevolucionarias. Para Altamira, “el peronismo ha sido un crítico corporativo y hasta fascista de la democracia formal”. De allí que “la pata principal del régimen político de 1973 no va a estar en el parlamento, sino en los aparatos sindicales y del entorno, que tienen por función imponer la ‘paz social’. Así, el parlamento se transformará en cámara de registro de imposiciones exteriores: la expulsión de los gobernadores de Buenos aires y Córdoba se hará por imposición de bandas burocráticas y fascistas, que luego son refrendadas por el parlamento”.

    Está claro que la caracterización del peronismo de 1945 y de 1973 como una forma de “totalitarismo” y de “fascismo” lo ubica como el enemigo principal al que combatir. ¿O acaso no es el fascismo un enemigo de la clase obrera más peligroso aún que el liberalismo?

    NI OPORTUNISMO DE DERECHA NI OPORTUNISMO DE IZQUIERDA

    A lo largo de la historia de la izquierda argentina, siempre ha existido una tendencia que resultó incapaz de advertir que de la condición semicolonial del país emergen, dadas ciertas condiciones coyunturales, agregados político-sociales que conforman lo que se ha dado en llamar “frentes nacionales” o “frentes antiimperialistas”.

    La clase obrera y las franjas plebeyas de la clase media, más sectores nacionalistas del Ejército y de la Iglesia, así como fracciones de la intelectualidad pequeñoburguesa y de la pequeña industria, conforman esos frentes. Confundir con el fascismo esos movimientos políticos objetivamente dirigidos a poner en cuestión la dominación imperialista y la explotación social, ha sido el error de esa parte de la izquierda en la que militan Altamira y el PO.

    Su error ha sido bautizado como “oportunismo hacia el imperialismo”, puesto que su oposición al Frente Nacional es funcional a los intereses de la rosca oligárquico-imperialista que defiende el statu quo semicolonial. Pero hay otra clase de error, y es el llamado “oportunismo hacia la burguesía nacional” en que incurren las organizaciones de izquierda que se integran al Frente Nacional renunciando a su propia identidad socialista. Es el error que cometió la llamada “izquierda peronista” (Cooke, Hernández Arregui, Puiggrós, etc.) en los años setenta. Galasso ofrece una variante tragicómica de esta clase de oportunismo.

    Diríase que quienes incurren en “oportunismo hacia el imperialismo” toman de la recomendación leninista la parte que dice “marchar separados”, pero no “golpean junto” sino que golpean en contra. Los “oportunistas hacia la burguesía nacional”, en cambio, “golpean juntos”, pero también “marchan juntos”, y eso los conduce, más allá de lo que puedan decir, a renunciar a la perspectiva del “hombre nuevo”. Frente a una y otra clase de oportunismo, se levanta el socialismo de la Izquierda Nacional. Es lo que les disgusta a los Galasso y a los Altamira. (12/1/2011)

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