Hugo Moyano. Para no bajar su pelea con Cristina, se junta con el Diablo

Con el diablo en el camión

28–06–2012 / El masivo acto de ayer en la Plaza de Mayo consagró la confrontación política de Hugo Moyano contra el gobierno nacionalapoyado por un contradictorio abanico de fuerzas que paradójicamente resisten –por izquierda y derecha– al modelo político económico que el camionero ayudó a construir.


 Por Alberto Dearriba

CrisymoyanoReducir la presión fiscal sobre los salarios y extender las asignaciones familiares es obviamente una bandera aglutinante para los trabajadores, pero la confrontación supera el límite sindical y se adentra en un terreno que no es el fuerte del titular de la CGT: el político.

Moyano tiene la audacia y el coraje que necesita un dirigente gremial. Pero carece de la sutileza y el carisma que requiere un político.  

La vigorosa porfía de poder planteada entre dos personas que nunca se llevaron bien, sólo puede concluir con la victoria de uno: ella está convencida de que la quieren desestabilizar y él, de que lo quieren meter preso.

El titular de la CGT tiene poder para empiojar la gestión gubernamental y generar mal humor social mediante un paro de camiones.

Como lo reconoció anteayer Cristina Fernández, puede paralizar al país. Tiene capacidad para golpear al gobierno, pero construir poder político es otro cantar.

El dirigente camionero cuenta hoy con el apoyo oportunista de sectores conservadores y de la derecha peronista, porque lo consideran un ariete apropiado para golpear a Cristina.

Tiene además la posibilidad de expresarse a sus anchas por las pantallas del mayor oligopolio mediático del país, que siempre lo detestó. Pero es obvio que lo siguen rechazando por lo mejor que tiene: su origen de clase, su peronismo militante y su color de piel.

Con la intención de ensanchar sus apoyos, se acercó a Daniel Scioli. Juntos intentan resistir una renovación del Partido Justicialista empujada desde la Casa Rosada.

A ninguno de los dos les place el avance de La Cámpora, Kolina o el Movimiento Evita, sobre la vetusta estructura partidaria.

Los últimos contactos del camionero con el gobernador bonaerense y la reunión secreta que mantuvo con Mauricio Macri en la casa de Franco Macri, en el coqueto Barrio Parque, despertaron además sospechas en el kirchnerismo sobre una eventual convergencia tripartita.

Pero tanto el alcalde como el gobernador saben también que Moyano es intragable para la extendida clase media que define una elección. Y ambos están en la línea de largada para 2015.

El líder camionero cuenta además con el apoyo circunstancial de sectores de izquierdaque históricamente lo rechazaron por “burócrata” y “reformista”, así como con las simpatías de la Mesa de Enlace, que encontró un aliado inesperado para esmerilar al gobierno pese a que se enfrentaron en las rutas en 2008, por la 125.

A derecha e izquierda se impone la lógica de que “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”. Pero el oportunismo sirve para chucear ocasionalmente al adversario, pero no para construir poder político duradero.

Moyano gana nuevos amigos porque la oposición no tiene un líder capaz de inquietar al gobierno como puede hacerlo él con sus camiones. No pueden capitalizar aún políticamente los problemas que la crisis capitalista le genera a Cristina, pero ven emerger un poder opuesto al gobierno y lo disfrutan

El grave error del camionero es creer que tiene mejor vida política fuera del kirchnerismo, la fuerza que lo ayudó a sostenerse en la cúspide de la CGT y con la cual pudo instituir un modelo económico que le calza como anillo al dedo.

Para no bajar su pelea con Cristina, se junta con el Diablo.

El rejunte no es un hecho nuevo. En la Cámara de Diputados actuaron revueltos durante la segunda mitad del anterior mandato presidencial, sectores populares junto a otros claramente reaccionarios.

En el Monumento de los Españoles ondearon en 2008 los estandartes de la entidad más reaccionaria del país –la Sociedad Rural Argentina– junto a banderas rojas con la imagen de Ernesto Che Guevara.

Pero hay fotos que no suman, sino que restan. Finalmente, son fuerzas que se rechazan mutuamente y difícilmente puedan encolumnar a la mitad de la sociedad que no quiere a Cristina. No los une al amor, sino el espanto.

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