Japón, Alemania y la preocupación por el tema energético

mayo 27, 2012

Aislados del mundo

 Por Horacio Verbitsky

27–05–2012 / La semana pasada el gobierno centrista de Japón anunció la nacionalización de la tercera productora de electricidad del mundo, Tokyo Electric Power (Tepco), que operaba la planta nuclear de Fukushima Dai-ichi.

Con excepciones temporarias durante la última guerra mundial, la industria eléctrica japonesa siempre fue privada y muy competitiva. La alegada motivación para terminar con ese carácter fue el costo descomunal de la importación de hidrocarburos.

El gobierno del primer ministro Yoshihiko Noda decidió aumentar en un 10 % las tarifas y está analizando la puesta en funcionamiento de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo, que resultó dañada por un terremoto hace cinco años.

Al mismo tiempo, la jefa de gobierno de Alemania, Angela Merkel, presidió una reunión cumbre con los gobernadores de los 16 estados para analizar el estancamiento de los planes para el desarrollo de energías alternativas que respalden el apagón nuclear para 2022 dispuesto luego de la catástrofe en el reactor japonés de Fukushima.

Igual que en Japón, las alternativas son altísimas tarifas o subsidio estatal. Una familia tipo recibe una factura mensual equivalente a unos 650 pesos. Los precios de la energía aumentaron tanto, que se señala el comienzo de la desindustrialización del país.

Según el programa de Merkel, a mitad de siglo el 80 % de la energía debería provenir de fuentes renovables, sobre todo eólicas y solares. Pero la mayoría de las granjas eólicas asentadas en el mar no están conectadas a la red nacional y no se han construido los gigantescos mástiles necesarios para transportar la energía.

Al finalizar la década debería haber dos mil turbinas eólicas en el Mar Báltico y el Mar del Norte, meta improbable a partir de las únicas 52 que hoy están en funcionamiento.

Se estima que la inversión necesaria en infraestructura rondaría los 200.000 millones de dólares en la próxima década. El único acuerdo entre Merkel y los gobernadores fue volver a reunirse antes de fin de año.

Ni una línea de todo esto fue publicado en la provinciana prensa argentina, demasiado ocupada en denotar la expropiación del 51 % del paquete accionario de YPF.


Lento pero inseguro

mayo 13, 2012

Lento pero inseguro

 Por Horacio Verbitsky

“Se desplaza en silla de ruedas y tres veces por semana debe someterse a un tratamiento de diálisis. Ha pasado por varias internaciones y desde principios de año sólo concurre a su oficina en forma excepcional. Ex senadora provincial, ex funcionaria en Merlo del intendente Raúl Othacehé, desde la Secretaría de Derechos Humanos protegió a los sucesivos gobernadores de toda denuncia por el accionar policial.” (Previsible, P/12, 18 de diciembre de 2011.)

“No queremos que abandone la lucha, pero debe priorizar su salud.” (Daniel Scioli al anunciar el reemplazo de Sara Derotier de Cobacho por Guido Carlotto (h.), 10 de mayo de 2012.)


Una reflexión sobre distintos “nacionalismos”

mayo 5, 2012

Nacionalismos

 Por Luis Bruschtein

Crisypf

05–05–2011 / En otras épocas, la gestualidad de las grandes decisiones políticas como la renacionalización de YPF tenía más el acento de caudillos revolucionarios, de masas en las calles, de quema de banderas.

En su discurso de ayer, el primero tras la aprobación de la medida en una votación impresionante de la Cámara de Diputados, la cuestión inicial para la Presidenta fue agradecer el rol que tuvo la oposición y, por supuesto, también el de sus partidarios.

Es otra época, otra gestualidad: en ese agradecimiento había un reconocimiento a la política como herramienta que permite dar pasos como el que se dio con YPF.

Con la cuestión de Malvinas y ahora con YPF se ha puesto de moda un discurso sobre la repugnancia que les produce el nacionalismo a algunos políticos, intelectuales y opinadores.

El que formula ese rechazo trata de pararse desde un lugar cosmopolita que ve al reclamo de soberanía sobre las Malvinas y a la expropiación de la mayoría del paquete accionario de YPF como desmanes producidos por la exaltación de una hinchada futbolera.

Para este argentino, cualquier idea de reclamo de un derecho o de recuperación de lo propio por parte de los argentinos está puesta en tela de juicio, como si por ser argentinos esos reclamos serían per se injustos y desmesurados.

Existe una tensión entre la pulsión de aceptar el sometimiento frente a otra en sentido contrario que busca desarrollar la propia identidad y, a partir de allí, contrarrestar esa presión a dejarse someter. Son relaciones de poder que se generan entre los seres humanos.

Los jóvenes necesitan la rebeldía para desprenderse de la tutela de sus padres y encontrar sus propios caminos. Son pujas que se establecen también en las relaciones laborales, en las negociaciones comerciales, entre grupos y entre países. Solamente sabiendo quién es uno es posible integrarse a ese mundo de forcejeos y tensiones.

La dominación cultural, que es una forma de alienación, se produce cuando en esas relaciones de poder uno de los antagonistas consigue bloquear o desfigurar esa mirada sobre lo que somos y lo que queremos ser, una mirada que constituye el intento de consolidar una identidad desde la cual sea posible relacionarse sin alienarse.

En cambio, el sometido quiere mejorar pareciéndose al que lo somete y, por lo tanto, considera una ofensa cuando se cuestiona esa preeminencia.

Cuando los países tratan de consolidar su identidad expresan esas formas de nacionalismo. Pero es un nacionalismo que va a facilitar su incorporación al resto del mundo.

No se trata de un nacionalismo aislacionista, sino todo lo contrario, es un nacionalismo integrador. Si sabemos quiénes somos, sabemos quiénes son nuestros iguales o con quiénes tenemos coincidencias o compartimos historias y necesidades y nos relacionamos más con ellos y desde esa comunión o comunidad podemos también relacionarnos con los demás.

Algunos marxistas contraponían en forma mecánica el nacionalismo con el internacionalismo, cuando en realidad una nación podía ser más internacionalista desde su nacionalismo, como de hecho lo fue Cuba.

La dominación cultural en la Argentina se expresó en dos vertientes o en dos formas de verse a sí mismo. Una de ellas, la más conocida y la más cuestionada, la más obvia forma de aceptar esa alienación por parte de muchos argentinos, fue despreciar lo propio al punto que cualquier cosa que viniera de fuera siempre sería mejor.

Pero la otra vertiente muchas veces es confundida con el verdadero nacionalismo y es aquella que toma aspectos secundarios de la identidad para expresar superioridades excelsas y estúpidas y contraponerlas con las reivindicaciones del verdadero interés nacional.

Esta concepción fue desarrollada sobre todo entre los militares que eran supuestamente nacionalistas, pero ponían ministros de Economía liberales y corrían a palos a los movimientos sociales.

A ellos les gustaba la bandera y la Iglesia, pero no su propia gente. Además de Mosconi, Savio y Perón o Valle y sus camaradas, hubo muy pocos militares verdaderamente nacionalistas, aunque muchos se asumieron como tales.

Después de ellos, la ilusión que alimentaron sectores peronistas y de la izquierda nacional, sobre el advenimiento de un “general nacionalista”, nunca dejó de ser nada más que eso: una ilusión que finalmente encarnó en el disparate carapintada.

Estas dos vertientes del pensamiento alienado detestan al verdadero nacionalismo al que ven representado en su contracara. Para los falsos nacionalistas de cruz y bandera, los verdaderos nacionalistas son zurdos antinacionales.

Para aquellos para los que cualquier cosa de afuera siempre es mejor que lo propio, los verdaderos nacionalistas son iguales a los falsos de cruz y bandera. Y en realidad estas dos vertientes han terminado por ser funcionales al enajenamiento y la rapiña en la historia de nuestro país.

Con sus expresiones antitéticas, el intelectual de pose progre y democrática que hoy se escandaliza por el “festival nacionalista” termina emparentado con los generales de Malvinas (por supuesto que en un sentido más bien general porque esos intelectuales no torturaron a nadie).

El discurso de Cristina Kirchner al promulgar la ley de expropiación podría haber sido triunfalista o populista y sin embargo podría decirse que prefirió reivindicar la política como herramienta más que enfatizar su liderazgo y su decisión.

Y al contrario de prometer maravillas advirtió que la nueva YPF no será botín de los políticos de ningún gobierno y menos de los empresarios proveedores como en otras épocas.

De esa manera tomó nota de los vicios de la vieja YPF estatal fundida por esas prácticas. “Una empresa fundida, pero con sus proveedores más prósperos que nunca”, recordó la Presidenta en su discurso, donde también se refirió a los sindicatos para diferenciar la acción solidaria de la corporativa.

Lo que adelantó, en cambio, fue una YPF “profesional y moderna, con una dirección política”, y la primera señal en ese sentido fue el anuncio de quién será el titular de la nueva empresa estatal, un profesional joven que proviene de la industria, primero en YPF y después en otras petroleras en todo el planeta.

El escenario político no va a cambiar drásticamente por la votación masiva de los diputados el jueves.

La renacionalización de YPF generó esa votación, pero es un tema excepcional. La lógica de oficialismo y oposición se mantendrá, pero con una pequeña diferencia.

Entre ayer y hoy, los grandes medios publicaron títulos “positivos” si se quiere, con relación a la medida, pero demolieron a la oposición.

“No le pusieron freno al kirchnerismo”,se dejaron presionar por el chantaje nacionalista del oficialismo” fueron algunas de las expresiones que se usaron.

Además, en su columna en La Nación, Joaquín Morales Solá aseguró que la mayoría de los diputados radicales quería votar en contra, pero que fueron comprados con promesas de nombramientos.

El radicalismo sintió así en carne propia lo que el oficialismo viene padeciendo desde antes de la ley de medios y acrecentado después de ella.

En su discurso, Cristina Kirchner leyó un artículo de Paul Krugman donde el economista se sorprende por la versión tan deformada que los medios reportan sobre una realidad de la que los países centrales tendrían mucho que estudiar según el Premio Nobel.

Más democrática que los que la cuestionan por “populista” desde los grandes medios, la Presidenta expresó su deseo de que esos grandes medios dejen de imponer su agenda a la oposición política.

El rol de los grandes medios ejerce una fuerza distorsionante sobre la democracia. La principal distorsión es que desde esos grandes medios se autodesignan como la voz de la democracia y lo que expresan en este momento es la voz de la corporación que conforman.

La voz de una corporación no puede ser la voz de la democracia. En esa confusión enredan a políticos, intelectuales y periodistas que en este último caso son más responsables aún. De todos modos, se pueden quedar tranquilos porque el festival nacionalista de cruz, bandera y barra brava no existe más que en su imaginación.

Lo que hay es un reclamo de soberanía, respaldado por toda la oposición, sobre una situación colonial británica en Malvinas y la renacionalización de YPF que tuvo el respaldo de más del 80 % del Congreso.

No hay cura, bandera ni gresca futbolera, sino la defensa del interés nacional en un contexto democrático, lo que tendría que ser una buena noticia y no motivo de lamento.


El piso y el techo… de Eduardo Aliverti

abril 30, 2012

El piso y el techo

 Por Eduardo Aliverti

senado30–04–2012 / Venimos de la semana en que se reveló como cierto lo falso de todas las predicciones apocalípticas, por parte de la militancia periodística ultraopositora.

Sin embargo, hace falta insistir con el tema (porque no son varios: es uno solo). La expropiación de Repsol es un punto de inflexión. El choque con los medios se repotenciará y es por ahí donde pasa –otra vez o como siempre, desde hace alrededor de cuatro años– el centro de la cuestión, al menos en lo que hace al modo de construir sentido político.

La inminencia de todas las plagas del mundo precipitándose sobre estas pampas se convirtió, de la noche a la mañana, en un hecho literalmente desaparecido.

Desde mediados de semana, las portadas de Clarín y La Nación ya no destinaron ni apenas un recuadro a lo que uno de sus columnistas calificó, el domingo anterior, como la crisis internacional más grave sufrida por Argentina desde la guerra con la OTAN y el “campante” default.

Las tremendas amenazas europeas mudaron a un análisis de la Organización Mundial de Comercio por las trabas a las importaciones, lo cual no guarda relación alguna con lo decidido sobre YPF.

Y el resto de los colegas con mayor renombre que vaticinaron calamidades bíblicas hablan abruptamente de que el mundo ladró, pero no mordió.

Las plagas se transformaron en el apartamiento del juez Rafecas de la causa que afectaría a Boudou; una táctica virtualmente infantil, para reinstalar un asunto conflictivo siendo que la fiera planetaria era un caniche toy.

También adquirieron la forma de un Moyano ya no tan amenazante, en un acto muy pobre –de acuerdo con las expectativas generadas cuando era presentado como un comedor de chicos crudos– y que desnudó su soledad.

O la de la compra de Radio 10, C5N y otras emisoras de Hadad por un empresario kirchnerista: una movida en verdad indefendible según el espíritu de la ley de medios, al margen de lo que también diga su letra. En ésas y otras cuitas se tornaron los desastres que habrían de lanzarse sobre el país por haber expropiado Repsol.

¿Cuándo mintieron? ¿Unos días antes o estos días después?

Respuesta obvia. Tan obvia como la recurrencia de citar la afectación de “las instituciones”. Sería propicio reparar, más detenida o frecuentemente que lo habitual, en a qué se refiere la derecha cuando menta eso.

¿Las “instituciones” son definibles en seco?

¿O se trata de que la afectación se rige por la vara de quiénes son los afectados?

¿Pusieron el grito en el cielo cuando privatizaron Gas del Estado gracias a un diputrucho?

¿Lo hicieron ante cada fallo de la Corte Suprema de menemistas que convalidaba la subasta nacional?

Hoy se dan el lujo (?) de hablar de “confiscación” de YPF, cuando votó y votará a favor una suma parlamentaria abrumadora en la que se incluye prácticamente toda la oposición.

¿Cuáles instituciones afectadas son ésas en las que se pone de acuerdo más del 80 % del voto popular? ¿Qué dicen estos tipos?

Según los apuntes y opiniones antedichos, da la impresión de que bastaría con apreciar quiénes están de un lado, y quiénes del otro, para determinar dónde hay que pararse. Uno mismo recurrió, más de una vez, a esa ecuación, que es válida en ciertas circunstancias.

En otras, deducciones de ese tipo son muy simplotas. O incompletas. Tener conciencia de quiénes protagonizan el centro de la reacción antipopular no significa, necesariamente, que habrá de acertarse en el mejor rumbo para las necesidades de las mayorías.

Esa conciencia puede ser pasajera, además. Las reacciones de las masas son volubles. Dependen, en mucho, de que se sea muy claro en la comunicación de cuáles costos se requieren para alcanzar un futuro eventualmente mejor.

Y de que quienes lo comunican sean confiables, gracias a sus antecedentes de acción concreta.

Señalar que la historia nunca va en línea recta, como lo hizo el viernes la Presidenta en uno de los pasajes más significativos de su discurso, es un argumento de enorme peso político y filosófico. Empero, es débil para la lucha cotidiana en el barro.

Al oficialismo no le conviene defenderse tan a rajatabla de las metidas de pata personales obrantes hace tiempo.

Deberían aceptarse con mayor comodidad algunas críticas, porque se dejaría sin argumentos a los contendores baratos.

No reditúa protegerse de todo lo que se le endilga al matrimonio por actitudes de hace veinte años, porque el kirchnerismo no es lo mismo que cada cosa que hicieron los Kirchner en su momento, individualmente considerados.

El “ismo” representa a una corriente novedosa del hacer política, en beneficio de los postergados, que desde 2003 no tuvo mayores quiebres en ninguno de los trazos gruesos de su camino.

Es una “anomalía”, por usar la definición de Ricardo Forster, que alude a una experiencia de tono desconocido desde el recupero democrático.

El apellido, en cambio, es políticamente sometible a contradicciones que tienen y tuvieron, y bien que peores, los que ahora se plantan como si partieran de un honestismo virginal.

La chicana con que arrecia la derecha mediática, a falta de opositores de gran volumen, se asienta en facturar el pasado. En efecto, a los K les juega discursivamente en contra haber apoyado la privatización de YPF en los ’90.

Pero a favor, que es meritorio corregir los errores y mucho más si ya se lleva largo rato de actitud coherente. Asimismo, no deja de causar gracia, antes que asombro, enrostrar los elogios del oficialismo a la multinacional en el período previo a la resolución tomada.

¿A quién se le ocurre que una medida de esta naturaleza debe ser anticipada? ¿Qué pretendían? ¿Que les mandaran un telegrama de preaviso?

Haber expropiado a Repsol está en línea con una secuencia que, a grandes rasgos, confluye en la Asignación Universal por Hijo, la estatización de las AFJP, la ley de medios audiovisuales, la conformación de una Corte Suprema de la que poder sentirse orgullosos, la reinstalación del juzgamiento a los genocidas.

Por esto último pasa la proporción decisiva de cualquier análisis. Por la observación de que lo complejo de un proceso político consiste en establecer su promedio de coherencia, al servicio de cuáles intereses. Lo que sí certifica, o debería asegurar el tener en cuenta quiénes dicen qué, es cómo eso enseña la ruta para equivocarse seguro.

Pasado en limpio, es un asco que venga a dar lecciones morales, y de ubicuidad institucional, esa gente que apoyó el remate del país, concluido en la catástrofe del 2001.

Machacan, incluso, con asimilar la reconquista de YPF a la demagogia del galtierismo malvinero y, más aún, con la euforia parlamentaria que aplaudió el default. Lo primero es sencillamente repugnante, porque compara a una dictadura bestial, de la que fueron cómplices, con un gobierno democrático que procede a derecho.

La demagogia puede ser propiedad indistinta de tiranos o de gestiones avaladas por el voto popular, es cierto; pero asemejar a unos y otros es de mal nacidos. Y lo segundo es técnicamente un ejemplo lamentable, porque al fin y al cabo resultó que el default y la devaluación salvaron a la Argentina de lo que hoy no se sabe si se salvará buena parte de Europa.

De todas formas, los más asquerosos no son ésos. Esos trabajan ideológicamente como toda su vida, y quien no lo entienda vive tan en un frasco como los suscriptores de la existencia del periodismo independiente. Los más asquerosos son los que se vendieron.

Los de la izquierda inconstante de que se vale la derecha permanente. Sirve como ejemplo de que esa derecha está en problemas. Debe recurrir a otrora externos que se cansaron de denostarla, apreciados en el presente como sus nuevos ídolos.

Reiterémoslo: no sirve para el techo, pero sí para detectar de cuál piso no hay que caerse.


Macri, Berlusconi, Giorgio y el Frente del Uomo Qualunque

marzo 25, 2012

El uomo qualunque

 Por Horacio Verbitsky

25–03–2012 / Maurizio Macri no imita al ex primer ministro italiano, propietario de uno de los más populares clubes de fútbol e involucrado en causas penales por vínculos con la mafia.

Macri, se parece a Silvio Berlusconi. Su abuelo, el escritor, político y empresario de familia calabresa Giorgio Macri fue uno de los fundadores del Frente del Uomo Qualunque, que tuvo un gran auge en Italia en las postrimerías de la segunda guerra mundial.

En traducción literal, el Frente del Hombre Común; en versión libre, el partido de Doña Rosa. Se inició como un semanario satírico, dirigido por el dramaturgo napolitano Guglielmo Giannini y se convirtió luego en un partido político financiado por la central empresaria Cofindustria.

Fue muy fuerte entre la liberación y el afianzamiento de la democracia cristiana como fuerza hegemónica, pero Giorgio ya había zarpado hacia la Argentina.

Cuando los tribunales le otorgaron la tenencia de sus tres hijos, Franco, Tonino y María Pía, también les hizo cruzar el Atlántico.

Aquel Frente expresó la insatisfacción de la pequeña burguesía y de sectores empresariales hacia la clase dirigente italiana.

Se oponía a los partidos antifascistas que integraban el Comité de Liberación Nacional, cuya política de depuración denunciaba como guiada por motivos ideológicos y dirigida a ocultar los verdaderos problemas del país, entre los que mencionaba los altos impuestos.

En las elecciones constituyentes de 1946 obtuvo más del 5 % de los votos y 30 bancas.

Su consigna era la antipolítica; sus temas el anticomunismo, el orden y la eficiencia; y su emblema una prensa que exprimía a un pobre tipo para que soltara hasta la última moneda.

Postulaba un Estado mínimo, gestionado por técnicos. Cuando Estados Unidos acordó con el Vaticano que el partido del orden sería la democracia cristiana, el Frente perdió su sostén económico y comenzó a languidecer. De allí surgió la expresión qualunquismo, que tan bien califica a Berlusconi y a Maurizio Macri.


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