El kircherimo es una forma extraña de populismo

julio 15, 2012

El kirchnerismo es un populismo (extraño)

Por Artepolítica, el 18–06/2012.

Cfkskate

Reproducimos una entrevista a María Esperanza Casullo en Ni a Palos.

– Vos hacés un laburo que es una suerte de populismo comparado sobre las experiencias de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina. En ese marco, ¿cómo definirías al kirchnerismo?

El kirchnerismo es una forma un poco extraña de populismo. Si uno lo compara con otras experiencias continentales, desde ciertos aspectos es el populismo menos populista.

Para empezar, el populismo como yo lo defino tiene que ver con un régimen con un alto factor de movilización, o sea, que está  basado no en un partido o una coalición de partidos sino en un movimiento que articula organizaciones sociales y gente de a pie pero que es constantemente llamada a movilizarse para apoyar y que tiene un discurso anti-elite y anti-sistema.

Y el kirchnerismo tiene  la característica de que en general no es movilizante, por lo menos no como en Venezuela, Ecuador o Bolivia.

Lo ha sido tal vez en momentos aislados como la crisis del 2008, pero en general es más institucionalista en un montón de cuestiones.

No hizo un reforma de la constitución, como sí pasó en Venezuela, Bolivia y Ecuador, no constituyó un movimiento nuevo, hizo algunos intentos con la transversalidad pero siempre, hasta el día de hoy, su columna vertebral es el Partido Justicialista y las organizaciones del peronismo.

Por otra parte, los discursos kirchneristas no tienen el grado de denuncia que sí tienen los de Chávez, por ejemplo.

Son discursos en general –salvo en momentos de mucha puja política como en 2008- muy centrados en el Estado, en los números de las políticas públicas, son  más institucionales en ese sentido. Y además el adversario es muy distinto también, porque en sus discursos la construcción de ese adversario es  bastante impersonal: es la banca, las finanzas internacionales, son los fondos buitre, no hay una denuncia de “la oligarquía argentina”, por ejemplo.

– ¿Pero con Clarín no se jugó esa carta de construir un enemigo con nombre y apellido?

Bueno, justamente, el tema en donde sí Argentina es bien populista es en la denuncia de los medios de comunicación. Por ejemplo, Evo no hizo una ley de medios, sí la hizo Chávez y el tema de medios es también central en Ecuador. En Uruguay y en Brasil, por ejemplo, estuve leyendo unos textos de un politólogo que dice algo muy interesante. 

Dice que los gobiernos de Uruguay y Brasil, que no son populistas claramente, no avanzaron  en el tema mediático no porque no quisieron sino porque no pudieron.

Es interesante porque el tema medios estaba históricamente dentro de la agenda de PT. Democratizar la estructura de medios  está entre las primeras reivindicaciones del PT.

Y sin embargo esa es una de las cosas que el PT  no pudo hacer. Al revés que los Kirchner, que hasta la explosión de la crisis del campo no habían puesto el tema medios en el debate pero que a partir de ahí adquiere mucha centralidad.

– En este contexto histórico, en todos los países de América se dan procesos populares interesantes, pero parece que donde más rasgos populistas se detectan es en los menos desarrollados. 

Sí, salvo en Argentina, que siempre es el caso que desafía las clasificaciones. Pero si uno ve las variables que generan mayor posibilidad de aparición de populismo a finales del siglo pasado tienen que ver con dos cosas: la primera es que cuanto más fuerte fue la crisis del neoliberalismo, mayores condiciones se dieron para la aparición de un liderazgo populista.

Una de las características que se da en Chile, Brasil y Uruguay es que no tuvieron una implosión trágica de las políticas neoliberales como si hubieron en Argentina, Bolivia o Venezuela.

Eso explica en parte que no haya habido experiencias populistas allí.

Y lo segundo tiene que ver con la debilidad del sistema de partidos.

Los países que se consideran con los sistemas de partidos más fuertes –Uruguay, Chile, Costa Rica, en América- no tuvieron, desde los 80 para acá, la aparición de liderazgos populistas.

Es decir, se tienen que dar dos condiciones: la explosión del neoliberalismo y la explosión del sistema de partidos. Y eso, de alguna manera, crea un vacío que hace posible la aparición de estos liderazgos populistas.

– Brasil y Argentina parecen pararse sobre una paradoja: porque la experiencia de transformaciones neoliberales ya ocurrió –y limitan el horizonte de cambios- y a la vez son gobiernos que avanzan sobre el fracaso de esos paradigmas.

-En el caso argentino la gran diferencia con las otras experiencias populistas es la existencia del PJ, que genera un fórmula de gobernabilidad que es distinta. El caso de Chávez o Correa es el de líderes que llegan de arriba al poder, llegan de afuera. Correa era un profesor universitario antes de ser presidente, sube sin partido, sin representantes en el Congreso, tiene que armar de cero. Y Chávez  también.

Venía con el movimiento bolivariano de antes pero no tenía un partido. El caso de Evo es distinto porque no tiene un partido pero sí responde a un conjunto de organizaciones sociales y viene de ahí.

En el caso argentino la estructura de gobernabilidad del PJ opera como soporte y como un moderador del propio kirchnerismo, no tanto en el sentido de las políticas públicas sino en la capacidad de armar un movimiento nuevo, y la capacidad de reconfigurar de manera radical el sistema de partidos.

– ¿Cuál es la relación de kichnerismo con la clase media?

Yo lo pondría al revés, me preguntaría por la relación de la clase media con el kirchnerismo. Es decir, el kirchnerismo es lo que es, y algunas de sus claves hoy son las mismas que en el 2003, y yo creo que a pesar de que cada tanto algunas de sus figuras salen con un ataque de jaurechismo explícito, el kirchnerismo se imagina como un partido de clase media. Los Kirchner no son Evo Morales, su narrativa familiar es de clase media.

– Y tal vez lo que más confirme eso es ese discurso tan anti clase media de ciertos sectores de la militancia kirchnerista. En la medida en que sólo la clase media odia a la clase media.

Totalmente, eso es lo que te fija a la clase media. Solamente la clase media se pregunta qué es y qué hace la clase media. Pero creo que lo interesante es la relación de la clase media con el kirchnerismo. Por ejemplo, en el caso venezolano, la clase media es y fue antichavista.

Pero acá tenés mucha ambivalencia, y la relación es más inestable: uno puede pensar que es posible que alguien que en octubre votó a Cristina esté caceroleando seis meses después, y tal vez en tres meses vuelva a apoyar.

– Además, en Argentina la clase media tiene densidad electoral (es mucha gente) y densidad discursiva. El humor del país es el humor de la clase media.

Es cierto, pero creo que el peso discursivo es el determinante. Vos, por ejemplo, ves los medios dominantes en Chile, y son voceros de los valores de la clase alta chilena, mientras que acá los medios se imaginan a sí mismos como voceros de la clase media.

Lo que durante años yo llamaba “la identidad Clarín”: Norma Aleandro, Alfredo Alcón, no era la cultura alta, no era la ópera. Y respecto al peso electoral diría: no se pueden ganar elecciones sin la clase media, pero con ellos solos no te alcanza.

Y esa es una de las grandes dificultades para la constitución de un sistema de partidos liberal en Argentina, porque con los sectores medios no te alcanza. Es el dilema del Frente Amplio Progresista, por ejemplo.

– Al mismo tiempo, el problema hoy es que “el malón” está en el clase media, es decir, el ruido al que hay que estar atento para que no venga el malón no está en La Matanza, está en Caballito.

Es así, eso lo escribió Manuel Barges en su blog en estos días. Dice que altera más un cacerolazo de 50 tipos en Callao y Santa Fe que un saqueo de miles en Moreno.

Y al mismo tiempo, el problema es que vos no podés gobernar sólo para la clase media porque un gobierno así dura 8 meses.

Pero vuelvo, por la influencia de los grandes medios o por el modo de circulación social de significados o como queramos llamarlo, a la clase media le es mucho más fácil generar solidaridad en las clases populares por sus demandas que al revés.

Es más, la capacidad de los sectores populares de generar solidaridad en la clase media en torno a sus demandas es cercana a cero. En los 90 el verdadero fin de régimen se vivió cuando la que protestó fue la clase media.

– Vos viajás bastante a Estados Unidos y estás atenta a su dinámica política. Nos gustaría hablar sobre Obama y empezar con una pregunta: ¿un kirchnerista argentino en Estados Unidos sería demócrata o republicano?

-Y… soy demócrata en Estados Unidos. Pero al mismo tiempo se da este fenómeno que los populistas allá son republicanos, no demócratas. Es algo interesante. En Latinoamérica hoy el populismo es la izquierda y en Estados Unidos y Europa es la derecha.

Es decir, los fenómenos movilizantes con una retórica anti-elite, anti-capitalista, anti-corporaciones o anti algo, hoy en Estado Unidos son de derecha.

Lo interesante es que la izquierda en los 90 se vuelve una izquierda tecnocrática que imagina que la política es un conjunto de problemas y que cada uno de ellos tiene una solución.

Y el problema es que ese es un discurso que no apela a momentos de crisis.

Obama en su campaña había mostrado una oratoria y una capacidad de movilización que hicieron que muchos pensaran que iba a hacer un gobierno más populista, en un contexto en el que la política es una cuestión absolutamente profesionalizada, desmovilizada y gobernada por la ecuación económica entre capacidad de gastar en una campaña y cantidad de votos que vas a obtener.

Y lo interesante es que Obama sube diciendo “No queremos desperdiciar esta crisis”, y todo el mundo pensó que venían medidas tendientes a cambiar la estructura económica y a castigar los crímenes contra los derechos humanos de la administración anterior, y luego lo que dice es “no vamos a mirar para atrás, vamos a buscar el consenso”. Y eso hace los primeros años de mandato.

– Y no le va bien.

No, hay una pequeña reactivación pero ahora la desocupación volvió a subir.

– ¿Y la reelección está complicada?

Yo creo que va a ganar pero muy ajustadamente, pero lo que sí no va a ser es una “presidencia transformacional” como la llaman los norteamericanos, es decir, Obama no quiso o no pudo llevar a cabo ninguna transformación importante de la manera en que se hacen las cosas en Estados Unidos.

Y paradójicamente, los que aparecen con mayor capacidad de movilización son los republicanos.

– ¿Y ese populismo es popular?

El pobre en Estados Unidos no participa en política, en las mejores elecciones vota en promedio el 40% del padrón y la participación es con un claro sesgo de clase media.

Así y todo, es la derecha la que mayor posibilidad tiene de penetrar con su discurso entre los pobres, con la excepción de Obama, que por su solo origen tiene una capacidad de penetrar en los sectores afroamericanos como nadie.

– Podríamos ponerlo así: los pobres afroamericanos son demócratas y los pobres blancos son republicanos.

Sí, pero con una diferencia: las minorías afroamericana o latina, en proporción, participan de las elecciones en mucho menor número.

Una de las grandes diferencias es que uno puede discutir si estos regímenes populistas en Sudamérica son buenos o malos, pero lo que nadie puede discutir es que son regímenes que tienen enraizamiento en lo popular, que rearticularon algún tipo de relación de las clases populares con la política y con el Estado; mientras que lo que vos ves sobre todo en las izquierdas de Europa y Estados Unidos es la casi total ausencia de esa relación con lo popular.

Al mismo tiempo, estos populismos actuales se dan en el contexto de una fuerte crisis de las izquierdas y del marxismo, es decir, lo que se ve es que estos gobiernos encarnan la posibilidad de construirse como antisistémicos en un contexto en el cual no existe un paradigma sobre cómo ser antisistémico, lo son como pueden, peleándose con los actores económicos que aparecen en el momento.

Eso es lo que en Europa y en Estados Unidos no pasa, las izquierdas allá tienen una lectura política en la que los procesos sociales no tienen culpables ni responsables.

Anuncios

Hugo Moyano. Para no bajar su pelea con Cristina, se junta con el Diablo

junio 28, 2012

Con el diablo en el camión

28–06–2012 / El masivo acto de ayer en la Plaza de Mayo consagró la confrontación política de Hugo Moyano contra el gobierno nacionalapoyado por un contradictorio abanico de fuerzas que paradójicamente resisten –por izquierda y derecha– al modelo político económico que el camionero ayudó a construir.


 Por Alberto Dearriba

CrisymoyanoReducir la presión fiscal sobre los salarios y extender las asignaciones familiares es obviamente una bandera aglutinante para los trabajadores, pero la confrontación supera el límite sindical y se adentra en un terreno que no es el fuerte del titular de la CGT: el político.

Moyano tiene la audacia y el coraje que necesita un dirigente gremial. Pero carece de la sutileza y el carisma que requiere un político.  

La vigorosa porfía de poder planteada entre dos personas que nunca se llevaron bien, sólo puede concluir con la victoria de uno: ella está convencida de que la quieren desestabilizar y él, de que lo quieren meter preso.

El titular de la CGT tiene poder para empiojar la gestión gubernamental y generar mal humor social mediante un paro de camiones.

Como lo reconoció anteayer Cristina Fernández, puede paralizar al país. Tiene capacidad para golpear al gobierno, pero construir poder político es otro cantar.

El dirigente camionero cuenta hoy con el apoyo oportunista de sectores conservadores y de la derecha peronista, porque lo consideran un ariete apropiado para golpear a Cristina.

Tiene además la posibilidad de expresarse a sus anchas por las pantallas del mayor oligopolio mediático del país, que siempre lo detestó. Pero es obvio que lo siguen rechazando por lo mejor que tiene: su origen de clase, su peronismo militante y su color de piel.

Con la intención de ensanchar sus apoyos, se acercó a Daniel Scioli. Juntos intentan resistir una renovación del Partido Justicialista empujada desde la Casa Rosada.

A ninguno de los dos les place el avance de La Cámpora, Kolina o el Movimiento Evita, sobre la vetusta estructura partidaria.

Los últimos contactos del camionero con el gobernador bonaerense y la reunión secreta que mantuvo con Mauricio Macri en la casa de Franco Macri, en el coqueto Barrio Parque, despertaron además sospechas en el kirchnerismo sobre una eventual convergencia tripartita.

Pero tanto el alcalde como el gobernador saben también que Moyano es intragable para la extendida clase media que define una elección. Y ambos están en la línea de largada para 2015.

El líder camionero cuenta además con el apoyo circunstancial de sectores de izquierdaque históricamente lo rechazaron por “burócrata” y “reformista”, así como con las simpatías de la Mesa de Enlace, que encontró un aliado inesperado para esmerilar al gobierno pese a que se enfrentaron en las rutas en 2008, por la 125.

A derecha e izquierda se impone la lógica de que “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”. Pero el oportunismo sirve para chucear ocasionalmente al adversario, pero no para construir poder político duradero.

Moyano gana nuevos amigos porque la oposición no tiene un líder capaz de inquietar al gobierno como puede hacerlo él con sus camiones. No pueden capitalizar aún políticamente los problemas que la crisis capitalista le genera a Cristina, pero ven emerger un poder opuesto al gobierno y lo disfrutan

El grave error del camionero es creer que tiene mejor vida política fuera del kirchnerismo, la fuerza que lo ayudó a sostenerse en la cúspide de la CGT y con la cual pudo instituir un modelo económico que le calza como anillo al dedo.

Para no bajar su pelea con Cristina, se junta con el Diablo.

El rejunte no es un hecho nuevo. En la Cámara de Diputados actuaron revueltos durante la segunda mitad del anterior mandato presidencial, sectores populares junto a otros claramente reaccionarios.

En el Monumento de los Españoles ondearon en 2008 los estandartes de la entidad más reaccionaria del país –la Sociedad Rural Argentina– junto a banderas rojas con la imagen de Ernesto Che Guevara.

Pero hay fotos que no suman, sino que restan. Finalmente, son fuerzas que se rechazan mutuamente y difícilmente puedan encolumnar a la mitad de la sociedad que no quiere a Cristina. No los une al amor, sino el espanto.


Japón, Alemania y la preocupación por el tema energético

mayo 27, 2012

Aislados del mundo

 Por Horacio Verbitsky

27–05–2012 / La semana pasada el gobierno centrista de Japón anunció la nacionalización de la tercera productora de electricidad del mundo, Tokyo Electric Power (Tepco), que operaba la planta nuclear de Fukushima Dai-ichi.

Con excepciones temporarias durante la última guerra mundial, la industria eléctrica japonesa siempre fue privada y muy competitiva. La alegada motivación para terminar con ese carácter fue el costo descomunal de la importación de hidrocarburos.

El gobierno del primer ministro Yoshihiko Noda decidió aumentar en un 10 % las tarifas y está analizando la puesta en funcionamiento de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo, que resultó dañada por un terremoto hace cinco años.

Al mismo tiempo, la jefa de gobierno de Alemania, Angela Merkel, presidió una reunión cumbre con los gobernadores de los 16 estados para analizar el estancamiento de los planes para el desarrollo de energías alternativas que respalden el apagón nuclear para 2022 dispuesto luego de la catástrofe en el reactor japonés de Fukushima.

Igual que en Japón, las alternativas son altísimas tarifas o subsidio estatal. Una familia tipo recibe una factura mensual equivalente a unos 650 pesos. Los precios de la energía aumentaron tanto, que se señala el comienzo de la desindustrialización del país.

Según el programa de Merkel, a mitad de siglo el 80 % de la energía debería provenir de fuentes renovables, sobre todo eólicas y solares. Pero la mayoría de las granjas eólicas asentadas en el mar no están conectadas a la red nacional y no se han construido los gigantescos mástiles necesarios para transportar la energía.

Al finalizar la década debería haber dos mil turbinas eólicas en el Mar Báltico y el Mar del Norte, meta improbable a partir de las únicas 52 que hoy están en funcionamiento.

Se estima que la inversión necesaria en infraestructura rondaría los 200.000 millones de dólares en la próxima década. El único acuerdo entre Merkel y los gobernadores fue volver a reunirse antes de fin de año.

Ni una línea de todo esto fue publicado en la provinciana prensa argentina, demasiado ocupada en denotar la expropiación del 51 % del paquete accionario de YPF.


Lento pero inseguro

mayo 13, 2012

Lento pero inseguro

 Por Horacio Verbitsky

“Se desplaza en silla de ruedas y tres veces por semana debe someterse a un tratamiento de diálisis. Ha pasado por varias internaciones y desde principios de año sólo concurre a su oficina en forma excepcional. Ex senadora provincial, ex funcionaria en Merlo del intendente Raúl Othacehé, desde la Secretaría de Derechos Humanos protegió a los sucesivos gobernadores de toda denuncia por el accionar policial.” (Previsible, P/12, 18 de diciembre de 2011.)

“No queremos que abandone la lucha, pero debe priorizar su salud.” (Daniel Scioli al anunciar el reemplazo de Sara Derotier de Cobacho por Guido Carlotto (h.), 10 de mayo de 2012.)


Una reflexión sobre distintos “nacionalismos”

mayo 5, 2012

Nacionalismos

 Por Luis Bruschtein

Crisypf

05–05–2011 / En otras épocas, la gestualidad de las grandes decisiones políticas como la renacionalización de YPF tenía más el acento de caudillos revolucionarios, de masas en las calles, de quema de banderas.

En su discurso de ayer, el primero tras la aprobación de la medida en una votación impresionante de la Cámara de Diputados, la cuestión inicial para la Presidenta fue agradecer el rol que tuvo la oposición y, por supuesto, también el de sus partidarios.

Es otra época, otra gestualidad: en ese agradecimiento había un reconocimiento a la política como herramienta que permite dar pasos como el que se dio con YPF.

Con la cuestión de Malvinas y ahora con YPF se ha puesto de moda un discurso sobre la repugnancia que les produce el nacionalismo a algunos políticos, intelectuales y opinadores.

El que formula ese rechazo trata de pararse desde un lugar cosmopolita que ve al reclamo de soberanía sobre las Malvinas y a la expropiación de la mayoría del paquete accionario de YPF como desmanes producidos por la exaltación de una hinchada futbolera.

Para este argentino, cualquier idea de reclamo de un derecho o de recuperación de lo propio por parte de los argentinos está puesta en tela de juicio, como si por ser argentinos esos reclamos serían per se injustos y desmesurados.

Existe una tensión entre la pulsión de aceptar el sometimiento frente a otra en sentido contrario que busca desarrollar la propia identidad y, a partir de allí, contrarrestar esa presión a dejarse someter. Son relaciones de poder que se generan entre los seres humanos.

Los jóvenes necesitan la rebeldía para desprenderse de la tutela de sus padres y encontrar sus propios caminos. Son pujas que se establecen también en las relaciones laborales, en las negociaciones comerciales, entre grupos y entre países. Solamente sabiendo quién es uno es posible integrarse a ese mundo de forcejeos y tensiones.

La dominación cultural, que es una forma de alienación, se produce cuando en esas relaciones de poder uno de los antagonistas consigue bloquear o desfigurar esa mirada sobre lo que somos y lo que queremos ser, una mirada que constituye el intento de consolidar una identidad desde la cual sea posible relacionarse sin alienarse.

En cambio, el sometido quiere mejorar pareciéndose al que lo somete y, por lo tanto, considera una ofensa cuando se cuestiona esa preeminencia.

Cuando los países tratan de consolidar su identidad expresan esas formas de nacionalismo. Pero es un nacionalismo que va a facilitar su incorporación al resto del mundo.

No se trata de un nacionalismo aislacionista, sino todo lo contrario, es un nacionalismo integrador. Si sabemos quiénes somos, sabemos quiénes son nuestros iguales o con quiénes tenemos coincidencias o compartimos historias y necesidades y nos relacionamos más con ellos y desde esa comunión o comunidad podemos también relacionarnos con los demás.

Algunos marxistas contraponían en forma mecánica el nacionalismo con el internacionalismo, cuando en realidad una nación podía ser más internacionalista desde su nacionalismo, como de hecho lo fue Cuba.

La dominación cultural en la Argentina se expresó en dos vertientes o en dos formas de verse a sí mismo. Una de ellas, la más conocida y la más cuestionada, la más obvia forma de aceptar esa alienación por parte de muchos argentinos, fue despreciar lo propio al punto que cualquier cosa que viniera de fuera siempre sería mejor.

Pero la otra vertiente muchas veces es confundida con el verdadero nacionalismo y es aquella que toma aspectos secundarios de la identidad para expresar superioridades excelsas y estúpidas y contraponerlas con las reivindicaciones del verdadero interés nacional.

Esta concepción fue desarrollada sobre todo entre los militares que eran supuestamente nacionalistas, pero ponían ministros de Economía liberales y corrían a palos a los movimientos sociales.

A ellos les gustaba la bandera y la Iglesia, pero no su propia gente. Además de Mosconi, Savio y Perón o Valle y sus camaradas, hubo muy pocos militares verdaderamente nacionalistas, aunque muchos se asumieron como tales.

Después de ellos, la ilusión que alimentaron sectores peronistas y de la izquierda nacional, sobre el advenimiento de un “general nacionalista”, nunca dejó de ser nada más que eso: una ilusión que finalmente encarnó en el disparate carapintada.

Estas dos vertientes del pensamiento alienado detestan al verdadero nacionalismo al que ven representado en su contracara. Para los falsos nacionalistas de cruz y bandera, los verdaderos nacionalistas son zurdos antinacionales.

Para aquellos para los que cualquier cosa de afuera siempre es mejor que lo propio, los verdaderos nacionalistas son iguales a los falsos de cruz y bandera. Y en realidad estas dos vertientes han terminado por ser funcionales al enajenamiento y la rapiña en la historia de nuestro país.

Con sus expresiones antitéticas, el intelectual de pose progre y democrática que hoy se escandaliza por el “festival nacionalista” termina emparentado con los generales de Malvinas (por supuesto que en un sentido más bien general porque esos intelectuales no torturaron a nadie).

El discurso de Cristina Kirchner al promulgar la ley de expropiación podría haber sido triunfalista o populista y sin embargo podría decirse que prefirió reivindicar la política como herramienta más que enfatizar su liderazgo y su decisión.

Y al contrario de prometer maravillas advirtió que la nueva YPF no será botín de los políticos de ningún gobierno y menos de los empresarios proveedores como en otras épocas.

De esa manera tomó nota de los vicios de la vieja YPF estatal fundida por esas prácticas. “Una empresa fundida, pero con sus proveedores más prósperos que nunca”, recordó la Presidenta en su discurso, donde también se refirió a los sindicatos para diferenciar la acción solidaria de la corporativa.

Lo que adelantó, en cambio, fue una YPF “profesional y moderna, con una dirección política”, y la primera señal en ese sentido fue el anuncio de quién será el titular de la nueva empresa estatal, un profesional joven que proviene de la industria, primero en YPF y después en otras petroleras en todo el planeta.

El escenario político no va a cambiar drásticamente por la votación masiva de los diputados el jueves.

La renacionalización de YPF generó esa votación, pero es un tema excepcional. La lógica de oficialismo y oposición se mantendrá, pero con una pequeña diferencia.

Entre ayer y hoy, los grandes medios publicaron títulos “positivos” si se quiere, con relación a la medida, pero demolieron a la oposición.

“No le pusieron freno al kirchnerismo”,se dejaron presionar por el chantaje nacionalista del oficialismo” fueron algunas de las expresiones que se usaron.

Además, en su columna en La Nación, Joaquín Morales Solá aseguró que la mayoría de los diputados radicales quería votar en contra, pero que fueron comprados con promesas de nombramientos.

El radicalismo sintió así en carne propia lo que el oficialismo viene padeciendo desde antes de la ley de medios y acrecentado después de ella.

En su discurso, Cristina Kirchner leyó un artículo de Paul Krugman donde el economista se sorprende por la versión tan deformada que los medios reportan sobre una realidad de la que los países centrales tendrían mucho que estudiar según el Premio Nobel.

Más democrática que los que la cuestionan por “populista” desde los grandes medios, la Presidenta expresó su deseo de que esos grandes medios dejen de imponer su agenda a la oposición política.

El rol de los grandes medios ejerce una fuerza distorsionante sobre la democracia. La principal distorsión es que desde esos grandes medios se autodesignan como la voz de la democracia y lo que expresan en este momento es la voz de la corporación que conforman.

La voz de una corporación no puede ser la voz de la democracia. En esa confusión enredan a políticos, intelectuales y periodistas que en este último caso son más responsables aún. De todos modos, se pueden quedar tranquilos porque el festival nacionalista de cruz, bandera y barra brava no existe más que en su imaginación.

Lo que hay es un reclamo de soberanía, respaldado por toda la oposición, sobre una situación colonial británica en Malvinas y la renacionalización de YPF que tuvo el respaldo de más del 80 % del Congreso.

No hay cura, bandera ni gresca futbolera, sino la defensa del interés nacional en un contexto democrático, lo que tendría que ser una buena noticia y no motivo de lamento.


El piso y el techo… de Eduardo Aliverti

abril 30, 2012

El piso y el techo

 Por Eduardo Aliverti

senado30–04–2012 / Venimos de la semana en que se reveló como cierto lo falso de todas las predicciones apocalípticas, por parte de la militancia periodística ultraopositora.

Sin embargo, hace falta insistir con el tema (porque no son varios: es uno solo). La expropiación de Repsol es un punto de inflexión. El choque con los medios se repotenciará y es por ahí donde pasa –otra vez o como siempre, desde hace alrededor de cuatro años– el centro de la cuestión, al menos en lo que hace al modo de construir sentido político.

La inminencia de todas las plagas del mundo precipitándose sobre estas pampas se convirtió, de la noche a la mañana, en un hecho literalmente desaparecido.

Desde mediados de semana, las portadas de Clarín y La Nación ya no destinaron ni apenas un recuadro a lo que uno de sus columnistas calificó, el domingo anterior, como la crisis internacional más grave sufrida por Argentina desde la guerra con la OTAN y el “campante” default.

Las tremendas amenazas europeas mudaron a un análisis de la Organización Mundial de Comercio por las trabas a las importaciones, lo cual no guarda relación alguna con lo decidido sobre YPF.

Y el resto de los colegas con mayor renombre que vaticinaron calamidades bíblicas hablan abruptamente de que el mundo ladró, pero no mordió.

Las plagas se transformaron en el apartamiento del juez Rafecas de la causa que afectaría a Boudou; una táctica virtualmente infantil, para reinstalar un asunto conflictivo siendo que la fiera planetaria era un caniche toy.

También adquirieron la forma de un Moyano ya no tan amenazante, en un acto muy pobre –de acuerdo con las expectativas generadas cuando era presentado como un comedor de chicos crudos– y que desnudó su soledad.

O la de la compra de Radio 10, C5N y otras emisoras de Hadad por un empresario kirchnerista: una movida en verdad indefendible según el espíritu de la ley de medios, al margen de lo que también diga su letra. En ésas y otras cuitas se tornaron los desastres que habrían de lanzarse sobre el país por haber expropiado Repsol.

¿Cuándo mintieron? ¿Unos días antes o estos días después?

Respuesta obvia. Tan obvia como la recurrencia de citar la afectación de “las instituciones”. Sería propicio reparar, más detenida o frecuentemente que lo habitual, en a qué se refiere la derecha cuando menta eso.

¿Las “instituciones” son definibles en seco?

¿O se trata de que la afectación se rige por la vara de quiénes son los afectados?

¿Pusieron el grito en el cielo cuando privatizaron Gas del Estado gracias a un diputrucho?

¿Lo hicieron ante cada fallo de la Corte Suprema de menemistas que convalidaba la subasta nacional?

Hoy se dan el lujo (?) de hablar de “confiscación” de YPF, cuando votó y votará a favor una suma parlamentaria abrumadora en la que se incluye prácticamente toda la oposición.

¿Cuáles instituciones afectadas son ésas en las que se pone de acuerdo más del 80 % del voto popular? ¿Qué dicen estos tipos?

Según los apuntes y opiniones antedichos, da la impresión de que bastaría con apreciar quiénes están de un lado, y quiénes del otro, para determinar dónde hay que pararse. Uno mismo recurrió, más de una vez, a esa ecuación, que es válida en ciertas circunstancias.

En otras, deducciones de ese tipo son muy simplotas. O incompletas. Tener conciencia de quiénes protagonizan el centro de la reacción antipopular no significa, necesariamente, que habrá de acertarse en el mejor rumbo para las necesidades de las mayorías.

Esa conciencia puede ser pasajera, además. Las reacciones de las masas son volubles. Dependen, en mucho, de que se sea muy claro en la comunicación de cuáles costos se requieren para alcanzar un futuro eventualmente mejor.

Y de que quienes lo comunican sean confiables, gracias a sus antecedentes de acción concreta.

Señalar que la historia nunca va en línea recta, como lo hizo el viernes la Presidenta en uno de los pasajes más significativos de su discurso, es un argumento de enorme peso político y filosófico. Empero, es débil para la lucha cotidiana en el barro.

Al oficialismo no le conviene defenderse tan a rajatabla de las metidas de pata personales obrantes hace tiempo.

Deberían aceptarse con mayor comodidad algunas críticas, porque se dejaría sin argumentos a los contendores baratos.

No reditúa protegerse de todo lo que se le endilga al matrimonio por actitudes de hace veinte años, porque el kirchnerismo no es lo mismo que cada cosa que hicieron los Kirchner en su momento, individualmente considerados.

El “ismo” representa a una corriente novedosa del hacer política, en beneficio de los postergados, que desde 2003 no tuvo mayores quiebres en ninguno de los trazos gruesos de su camino.

Es una “anomalía”, por usar la definición de Ricardo Forster, que alude a una experiencia de tono desconocido desde el recupero democrático.

El apellido, en cambio, es políticamente sometible a contradicciones que tienen y tuvieron, y bien que peores, los que ahora se plantan como si partieran de un honestismo virginal.

La chicana con que arrecia la derecha mediática, a falta de opositores de gran volumen, se asienta en facturar el pasado. En efecto, a los K les juega discursivamente en contra haber apoyado la privatización de YPF en los ’90.

Pero a favor, que es meritorio corregir los errores y mucho más si ya se lleva largo rato de actitud coherente. Asimismo, no deja de causar gracia, antes que asombro, enrostrar los elogios del oficialismo a la multinacional en el período previo a la resolución tomada.

¿A quién se le ocurre que una medida de esta naturaleza debe ser anticipada? ¿Qué pretendían? ¿Que les mandaran un telegrama de preaviso?

Haber expropiado a Repsol está en línea con una secuencia que, a grandes rasgos, confluye en la Asignación Universal por Hijo, la estatización de las AFJP, la ley de medios audiovisuales, la conformación de una Corte Suprema de la que poder sentirse orgullosos, la reinstalación del juzgamiento a los genocidas.

Por esto último pasa la proporción decisiva de cualquier análisis. Por la observación de que lo complejo de un proceso político consiste en establecer su promedio de coherencia, al servicio de cuáles intereses. Lo que sí certifica, o debería asegurar el tener en cuenta quiénes dicen qué, es cómo eso enseña la ruta para equivocarse seguro.

Pasado en limpio, es un asco que venga a dar lecciones morales, y de ubicuidad institucional, esa gente que apoyó el remate del país, concluido en la catástrofe del 2001.

Machacan, incluso, con asimilar la reconquista de YPF a la demagogia del galtierismo malvinero y, más aún, con la euforia parlamentaria que aplaudió el default. Lo primero es sencillamente repugnante, porque compara a una dictadura bestial, de la que fueron cómplices, con un gobierno democrático que procede a derecho.

La demagogia puede ser propiedad indistinta de tiranos o de gestiones avaladas por el voto popular, es cierto; pero asemejar a unos y otros es de mal nacidos. Y lo segundo es técnicamente un ejemplo lamentable, porque al fin y al cabo resultó que el default y la devaluación salvaron a la Argentina de lo que hoy no se sabe si se salvará buena parte de Europa.

De todas formas, los más asquerosos no son ésos. Esos trabajan ideológicamente como toda su vida, y quien no lo entienda vive tan en un frasco como los suscriptores de la existencia del periodismo independiente. Los más asquerosos son los que se vendieron.

Los de la izquierda inconstante de que se vale la derecha permanente. Sirve como ejemplo de que esa derecha está en problemas. Debe recurrir a otrora externos que se cansaron de denostarla, apreciados en el presente como sus nuevos ídolos.

Reiterémoslo: no sirve para el techo, pero sí para detectar de cuál piso no hay que caerse.


Quiere Estados Unidos eliminar los medicamentos genéricos ?

abril 30, 2012

EE.UU. quiere eliminar los genéricos

Por  Carlos Pino

29–04–2012 / En el documento de propuesta “Las patentes y la salud”, presentado por la oficina de marcas y patentes de los Estados Unidos (Uspto, siglas en inglés), se despliega una serie de argumentos relacionados a la forma en que los países en desarrollo (PED) debieran tratar el acceso a los medicamentos para sus propios “mercados” y la manera en que los Estados Unidos intentan extender la protección de las patentes, impidiendo la producción de medicamentos nacionales, utilizando como “carnada” la promesa de producción de medicinas para las enfermedades llamadas “desatendidas u olvidadas”.

El documento presentado en diciembre de 2011 será puesto a consideración de los países miembro de Ompi en la próxima reunión del Comité Permanente sobre el Derecho de Patente a llevarse a cabo en Ginebra durante el mes de mayo.

La oficina de Estados Unidos, operadora y vocera de los laboratorios estadounidenses, se autoproclama como líder del fomento en el acceso a los medicamentos, hecho reimpulsado por el presidente Barak Obama, con la “Iniciativa para la Salud Mundial” (GHI, siglas en inglés).

Para los Estados Unidos, algunas de las cuestiones que enfrentan los países en desarrollo y los menos avanzados (PMA) son las enfermedades desatendidas, la tuberculosis, el paludismo y el VHI/Sida, así como la disponibilidad de medicamentos para tratar esas y otras enfermedades.

Ellos bien lo saben bien pues, teniendo la tecnología para solucionar estos males, no la transfieren y mantienen en secreto los procedimientos de fabricación que intentan ahora trocar por la extensión de la protección de patentes de aquellos medicamentos que son de su propio interés, eliminando los genéricos fabricados en mercados de países en desarrollo: en nuestro continente, por ejemplo, Brasil, Argentina, Venezuela, los mayores consumidores de Suramérica.

Según la Uspto no se puede dar solución a estos problemas por medio de las flexibilidades relacionadas a los derechos de propiedad intelectual (licencias obligatorias, agotamiento de derechos o importaciones paralelas), y no puede resolverse con el uso masivo de las licencias obligatorias.

Ellos bien lo sabían cuando introdujeron estos mecanismos de flexibilidad en el Acuerdo sobre Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic) en el año 1994, las “flexibilidades” debieron incluirse para que ese acuerdo fuera aprobado por consenso de todos los Estados, y luego vino la ronda de Doha, demasiado para los laboratorios estadounidenses.

La Uspto pareciera, sin embargo, estar preocupada por el contagio de las licencias obligatorias adoptadas por algunos pocos gobiernos Zimbabwe (Mayo, 2002), Malasia (Nov. 2003), Mozambique (Abril, 2004), Zambia (Sep. 2004), Indonesia (Oct. 2004), Eritrea (Junio, 2005), Ghana (Oct. 2005), Tailandia (Nov. 2006 y Enero, 2007), Brasil (Mayo, 2007) y Ecuador (Abril, 2010), y quieren eliminarlas.

Estados Unidos intenta instalar su agenda denunciada recientemente por la Asociación Latinoamericana de Industria Farmacéuticas (Alifar), afirmando que la mayor parte de los medicamentos esenciales no están patentados o han caducado su protección y pasado a dominio público, existiendo solamente un 4% de productos protegidos por patentes en el listado de medicamentos esenciales. A pesar de ello, avanza en su razonamiento del porqué la disponibilidad es limitada en los PED y PMA.

La Uspto obviamente omite la condición de “mercancía” que le otorga a los medicamentos y la estructura monopólica/oligopólica del mercado construido por los laboratorios medicinales norteamericanos en todo el mundo a través del sistema internacional de propiedad intelectualConvenio de París, Adpics, TLC regionales o bilaterales y las normativas locales adaptadas a ellos–, como las causas principales de la falta de acceso de las medicinas de los países menos avanzados y en desarrollo.


A %d blogueros les gusta esto: